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CAPÍTULO 72

Penulis: Ría Luxuria
last update Tanggal publikasi: 2022-04-16 12:00:11

Robin entró al restaurante y divisó a Ángela en un momento, le indicó a la anfitriona que lo estaban esperando y esta, al ver a un hombre tan atractivo y con un aura tan dominante, casi empezó a babearse. Poco le faltó para que le creciera una cola y empezara a moverla de la emoción cuando se ofreció a escoltarlo hasta la mesa de la morena.

Ángela ignoró por completo los ojos examinadores de la empleada, se puso en pie cuando el rubio se colocó al lado de ella y, con un gesto de obvia familiaridad, extendió su mejilla para recibir un saludo de beso por parte de Robin, que la imitó, de inmediato.

―Gracias, señorita ―le dijo a la anfitriona, su voz grave y varonil hizo que se le erizara la piel, ella solo sonrió y regresó a su puesto, sintiendo un hormigueo agradable.

La morena soltó una risita, era imposible no notar las reacciones de las personas alrededor.

―Allá donde va, causas estragos, ¿no? ―le dijo en tono de broma.

―No puedo evitarlo, la gente tiene ojos ―respondió con arrogancia, sonriéndole de manera divertida.

Él accedió a su invitación a almorzar porque se negó de plano a recibir el reembolso de la cuenta de la clínica. Ángela no tuvo más remedio que hacer aquello como un gesto de agradecimiento.

―Gracias por aceptar mi invitación ―le dijo ella de manera amistosa.

―Por supuesto que la iba a aceptar ―aseguró el rubio―. ¿Crees que desaprovecharía cualquier oportunidad de hacerme un poco más cercano a ti?

Aunque él no esperaba una respuesta y ella no pensaba dársela, era evidente lo que deseaba dejar en claro. Ángela soltó una exhalación, en sí no le fastidiaba la situación, de hecho, había que ser de piedra para no sentirse halagada y, definitivamente, la morena no estaba hecha de piedra; solo que, debía dejarle en claro que ella no iba a ceder a sus intentos de conquista.

―Solo espero que quede claro que todo esto solo tiene una finalidad amistosa ―aclaró, tomando la carta que le ofrecía el mesero.

―Igual no puedes quitarme las esperanzas, son mías y de nadie más… ―le hizo ver. Ángela soltó una carcajada corta.

Ambos ordenaron, junto con las entradas recibieron también las copas de vino, la botella fue escogida por él mientras la morena recomendó las entradas.

Conversaron de forma animada, por unos minutos fueron solo dos personas que comentaban sobre cosas triviales, él no quiso hacerla sentir incómoda al preguntarle por sus moretones y ella no deseó aburrirlo con increpaciones de su trabajo.

Cuando el plato fuerte llegó, la copa de vino fue rellenada, y la conversación derivó a otros tópicos más personales, como los gustos musicales, los países visitados y las próximas fechas en las que Ángela expondría de nuevo sus fotografías.

Ella abrió los ojos con sorpresa, en realidad, pocos sabían que tenía un seudónimo con el cual era conocida en el mundo del arte.

―Hace nueve meses participé en una exposición, mi agente insiste en que debo hacer una que sea solo de mi trabajo, pero en realidad, no me interesa ―explicó, removiendo con lentitud el puré de su plato―. No me gusta mucho la idea de aparecer en público, por eso no doy entrevistas y no suelo ir a las inauguraciones…

―¿En serio? ¿O en realidad lo que quieres decir es que no ansías encontrarte con gente indeseable? ―interrogó Robin.

A diferencia de David, el rubio se sentía un poco más identificado con ella, ambos fueron víctimas de las ambiciones desmesuradas de la familia Murphy.

Pilar Murphy hizo hasta lo indecible para obtener el esposo que ella consideraba el ideal, el que la convertiría en la mujer que era, una delicada flor de sociedad que lideraba la opinión pública con maestría.

Ángela comprendería muy bien el dolor en el corazón de Robin.

También sabría aceptar el rencor que carcomía su alma.

―Eso por descontado… ―respondió de inmediato, sin sentirse avergonzada―. Estoy segura de que si Laura Miller y su madre hubiesen sabido que soy B.A.L entonces habrían tratado de impedir mi carrera artística, solo porque no soportan la idea de que alguien más les robe el foco de atención…

―Esa es una forma de decirlo ―se burló Robin.

―La verdad es que Laura tiene problemas ―dijo ella―. Serios problemas mentales, y es una opinión médica…

El rubio soltó una carcajada agradable, no solo poseía ese tono de diversión, sino que además resonaba con bastante placer en los oídos de las personas.

―Eso es muy amable de tu parte ―manifestó él en voz baja―. Pero decir que es una enferma para excusar sus acciones, es quitarle responsabilidad…

―No me mal interpretes, no digo que ella esté incapacitada para asumir las responsabilidades de sus acciones, Laura puede estar sumida en un delirio, pero puede distinguir entre buenas y malas acciones ―aseguró Ángela―. Si sumas su complejo de inferioridad a su personalidad obsesiva, comprendes mucho mejor su comportamiento… ―explicó de modo catedrático, como si estuviese dando una clase―. No obstante, ella escoge las acciones a llevar a cabo en función de cuales les darán mejores resultados, sin importar si estas son poco éticas, y ese es su problema…

»Si las cosas que hace no dan resultados, entonces aumenta la intensidad y el alcance de dichas acciones, más si su obsesión se dispara por algún motivo…

―¿Lo dices por Hansen? ―curioseó Robin, ella asintió mientras se llevaba la copa a los labios.

―Al principio, cuando estábamos en la escuela, ella hizo de todo para llamar su atención, cuando David no le prestó atención, empezó a atacarme a mí de manera más abierta ―contó, su rostro estaba serio pero carecía de emociones, era como si hablara de algo que no se relacionaba con ella―. Laura nunca entendió por qué él podría preferirme a mí en vez de a ella, lo que activo su complejo de inferioridad. No obstante, se obsesionó tanto con él, que con el paso del tiempo intentó hacer muchas cosas, cada vez más osadas que las anteriores.

»Durante la universidad se redujeron sus locuras, en parte porque David y yo estudiamos en diferentes escuelas, adicional a eso, cuando empecé el internado fue menos probable que nuestros caminos se encontraran.

»Sin embargo, considerándome fuera del panorama, ella hizo todo lo posible por separarnos…

―Al final lo consiguió ―interrumpió Robin, Ángela asintió, esta vez tenía el ceño levemente fruncido, como si el recuerdo comenzara a fastidiarla.

―Pues sí, según lo que él me contó años después, Laura fue quien conspiró dentro de la compañía para frenar su crecimiento profesional… ―ella sonrió con algo de pena―. David tenía muchas ambiciones, no eran malas, tampoco eran del tipo que lo obligarían a perder su ética o comprometer su moral, pero sí, era ambicioso… Laura se aprovechó de eso y él cayó en su trampa… el resto todo el mundo lo conoce: ella quedó embarazada, se casaron y siguen juntos hasta ahora…

―¿Y qué hay de ti? ―preguntó él, se inclinó para tomar la botella de vino y le rellenó la copa. El líquido blanquecino resplandeció cuando la luz de las ventanas lo atravesó―. ¿Seguiste adelante?

Ángela no pretendía engañarse a sí misma, ella sabía muy bien que una parte de su ser se encontraba estancada, no tanto como que se estuviese aferrando al pasado, sino simplemente se mantuvo inamovible.

Decidió beber de su copa y en un solo trago consumió la mitad del contenido.

―En parte sí, en parte no… ―dijo con honestidad―. Dejé de creer en las relaciones románticas… no le di la oportunidad a nadie para acercarse demasiado, mantuve todo en un plano puramente físico… Ahora creo que… ―se detuvo, miró su copa por un rato, la luz se refractaba en el cristal decorado, pintando pequeños arcoíris en el mantel―. Ahora creo que debo salir de ese estado y empezar a avanzar.

»Creo que me merezco una oportunidad de intentar de nuevo, ¿verdad?

Se observaron a los ojos, Robin sonrió galante, sintiéndose bastante satisfecho de la oportunidad que se presentaba.

―¿Te apetecería empezar conmigo? ―le preguntó, en realidad la forma en que lo dijo dejó entrever un aire travieso y malicioso, como si fuese un pillo robándose algo que todos querían, Ángela quiso soltar una carcajada al verlo―. Podría ser como mi acompañante para la boda de Oscar.

―Lamento declinar ambas invitaciones ―respondió la morena, sonriéndole con diversión―. Ya tengo una cita para la boda.

―¡Rayos! ―exclamó él, mostrando su desagrado―. Bueno, no importa ―recuperó su anterior actitud y le sonrió con más malicia―. Esperaré…

―¿Esperarás? ―preguntó ella, levantando una ceja inquisitiva.

―Sí, estoy seguro que lo tuyo con Leo Bachmann no durará… ―contestó él.

―¿Cómo puedes estar seguro? ―indagó con curiosidad, ni siquiera iba a preguntarle por qué supo que era Leo, tampoco era tan ingenua como para no comprender que otros se daban por enterados de la situación de ellos dos.

―Verás, Ángela, ese hombre es demasiado… suave, para ti ―le dijo destilando confianza―. Tiene madera para ser tu amigo, puede apoyarte de manera incondicional, pero en el fondo, jamás podrá comprenderte del todo… ―La expresión de Robin cambió, se endureció un poco, también tuvo un toque sombrío, uno que hizo eco en ella―. Solo las personas que han sobrevivido a cosas similares, que han tocado el mismo fondo, pueden comprender los por qué…

»Sin importar cuánto dudes o flaquees, esa persona te entenderá. Cuando estés en al borde del abismo, podrá percibirlo y te tenderá una mano… pero lo mejor de todo es que, tú podrás hacer lo mismo, podrás reciprocar esos gestos, y en especial, sabrás que no son simple compasión…

»Leopoldo no ha pasado lo mismo que tú, aunque perdió a su madre, no lo hizo de la misma forma; a él nadie lo abandonó, ni tuvo que levantarse en el fondo del abismo y escalar hasta la cima hasta que sus dedos estuvieron en carne viva, solo para poder ver un poco de luz…

»Él definitivamente es un buen amigo, pero más temprano que tarde, te darás cuenta de que no es el hombre que necesitas. ―Robin regresó a su aire juguetón―. Cuando eso suceda, será mi turno. ―Le guiñó un ojo.

Ángela no sabía si reírse o no, porque por fin alguien ponía en palabras habladas lo que ella no conseguía expresar.

Ella de verdad tenía miedo de lastimar a Leopoldo, porque a diferencia de él, Ángela estuvo sumida en la oscuridad demasiado tiempo, y cuando vivías de ese modo, era bastante sencillo volver allí.

Después del postre conversaron poco, Robin pidió su acostumbrado americano con tarta de limón, ella optó por una tarta de queso con jarabe de chocolate y una bola de helado de pistacho.

Salieron del restaurante con la perspectiva de encontrarse durante la boda. Ángela se negó a que él la llevara hasta su departamento, alegando que había quedado con Jade para la última prueba de su ropa como dama de honor.

A medida que caminaba por la calle concurrida, chocó accidentalmente con un hombre al cruzar una esquina.

―Lo siento ―se disculpó la morena.

―No tienes porqué ―le dijo el hombre, sonriéndole con amabilidad. Luego continuó con su camino como si nada hubiese pasado.

Ella lo vio marcharse, pero por unos minutos se quedó mirando su espalda.

«Ese hombre se me hace conocido…»

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