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CAPÍTULO 89

Author: Ría Luxuria
last update publish date: 2022-05-10 12:00:43

Ángela abrió los ojos sintiéndose mareada, somnolienta y desorientada. No conseguía hilar dos pensamientos de forma coherente, parecía que su cuerpo se hundía en el colchón por un peso invisible, incluso abrir la boca para hablar era una tarea titánica.

―Está bien, Angie ―escuchó una voz que pensó era parte de un sueño―. Está bien, estás a salvo.

Cerró los ojos de nuevo, pensando que todo era eso, un sueño, y que si tenía algo de suerte, al despertar, estaría en su casa, y David no iba a encontrarse frente a ella.

Sin embargo, antes de sumergirse de nuevo en las profundidades nebulosas del inconsciente, creyó que la tibia mano que sostenía la suya era demasiado real.

David la vio removerse y abrir los ojos con mucha dificultad, supuso que poco a poco el efecto del somnífero que le dieron estaba disminuyendo y pronto estaría despierta.

Soltó un suspiro sonoro, sin dejar de apretar su mano acomodó las mantas en torno a su cuerpo para que no tuviera frío y se sentó de nuevo a su lado, esperando de manera paciente a que se despertara.

Aún no podía creer que estaba allí, jamás imaginó que recibiría una llamada en medio de la madrugada avisándole que Ángela estaba en el hospital.

―En serio no quiero hacer esto, de verdad no quiero ―dijo Jade, conteniendo el disgusto―, pero no hay nadie más a quien pueda pedírselo…

―¿De qué hablas, Jade? ―preguntó él, su voz todavía estaba apagada, su cabeza no salía del sueño profundo.

―Ángela… necesito que vayas a ver a Ángela…

Esas palabras fueron como agua helada, se sentó en la cama con sus sentidos en alerta y el corazón latiéndole a mil por hora.

―¿Qué le pasó a Ángela?

―Estaba en un bar, parece que drogaron su bebida, unas mujeres se dieron cuenta de que no se encontraba bien y la ayudaron, la llevaron al hospital ―explicó con voz pausada, se notaba que, aunque preocupada, no había peligro inminente para la morena―. Es solo que… ―se detuvo, luego soltó una especie de gruñido frustrado―. Leo no está en la ciudad, se mudó esta mañana para la capital, Robin tampoco se encuentra, salió de viaje hoy en la tarde y está fuera del país, mi papá se encuentra en su clínica, atendiendo un paciente que se descompensó y mi mamá no responde el teléfono, tampoco ninguno de mis hermanos y Phill está en cirugía, lo llamaron hace una hora y tuvo que correr porque necesitaban un cirujano ortopédico y no hay nadie más a quien pueda llamar…

―Está bien, Jade, está bien ―la calmó, a medida que fue explicando el tono de su voz se hizo más agudo y comenzó a hablar más rápido―. Yo ya estoy arreglándome para ir, solo pásame la ubicación, ¿de acuerdo?

No mentía, al momento en que comenzó a contarle lo sucedido el saltó de su cama directo al guardarropa.

―Está bien… ―dijo con alivio―. Gracias.

Condujo a toda velocidad, manteniéndose a duras penas en lo máximo permitido por la ley. Disgustado por sus propias conjeturas, no podía dejar de pensar que lo sucedido tenía que ser orquestado por Laura.

Se reprochó a sí mismo que estaba siendo descuidado, era muy posible que la pelirroja lo estuviera siguiendo; de hecho, él sabía que todos sus autos poseían geolocalización satelital, lo dejó así porque le permitía usarlo como contramedida para mantenerla controlada.

No obstante, cansado de todo eso, por un momento no pensó en que ella pudo haberlo seguido la noche anterior; si Laura lo había visto con Ángela, aunque no hubiese sucedido nada, eso pudo disparar un estado de histeria y odio en la pelirroja, llevándola a urdir un plan para lastimarla.

Rememoró el despertar de la mañana anterior, las horribles sensaciones de disgusto, asco y culpa que sintió.

Dudaba que hubiese ido a ese lugar por su propio pie, para David, el cuarto de Laura no era el suyo propio, no habría pisado esa habitación por voluntad. Eso solo dejaba una conclusión y era que su esposa lo llevó allí. La pregunta era: ¿desde qué punto de la noche estuvo presente?

Alex le mencionó que él abandonó el bar por su cuenta, si es que se le podía decir así a que lo metieran en su auto los empleados del local y lo mandaran con un chofer privado hasta la puerta de su edificio.

Miró las facciones de Ángela, relajadas debido al medicamento ingerido, David apretó las mandíbulas, furioso y ansioso a la vez.

¿Qué habría sucedido si las mujeres del bar no le prestaban atención?

¿En manos de quién estaría en esos momentos?

Cuando llegó una enfermera le explicó la situación, fue ella quien llamó a Jade para contarle lo sucedido, y fue gracias a su vieja amiga que movieron a su ex a una habitación de descanso del personal, porque la dosis ingerida no suponía un peligro para Ángela.

―Usaron suvorexant ―explicó la doctora al verlo, hablaban en voz baja en la sala de descanso―. Los niveles eran altos, pero no tanto como para que sea peligroso. Le hicimos un eco abdominal para verificar si había ingerido alimentos, pero no había nada. Le afectó rápido por eso y porque estaba consumiendo alcohol.

―¿Y cuándo va a despertar? ―preguntó él, mirando con preocupación a Ángela.

―En la mañana, supongo ―respondió la mujer, poniéndose de pie―. Puede que presente algunos efectos secundarios, como extrema somnolencia, mareos, dolor de cabeza… ―Miró a la pareja, pensó con cierta envidia que algunas mujeres tenían demasiada buena suerte, los ojos llenos de amor del hombre eran imposibles de disimular―. Algunas personas padecen incapacidad temporal para hablar o moverse durante algunos minutos cuando se despiertan, y es posible que pueda padecer debilidad en las piernas al despertar.

»Por suerte, ella no va a volver a tomar el medicamento, así que, en caso de que se presenten algunos de esos síntomas, solo debe tener paciencia y esperar que su cuerpo termine de procesar el componente activo para volver a la normalidad.

―Sí, gracias… está bien ―aceptó él, sonriéndole con amabilidad.

Después de eso, se quedó a su lado, esperando con paciencia a que ella reaccionara. La luz del sol llegó, atravesó las ventanas de la amplia sala de descanso. Durante esas horas los médicos fueron testigos de la escena: el hombre sentado al lado de la cama de una mujer durmiente, velando su sueño como si fuese un príncipe encantado.

David respondió todos los mensajes de Jade, que lo estuvo bombardeando cada hora con una nueva solicitud del estado de su mejor amiga; él fue paciente y comprensivo, Ángela no tenía familia, la única persona realmente cercana a ella era la mujer del otro lado de la línea.

Sintió que ella se removió en la cama, abrió los ojos con dificultad, enfrentándose con la imagen de David atractivamente despeinado que la miraba con ternura y una sonrisa amorosa en los labios.

―¿Esto es un sueño? ―preguntó con voz ronca y baja. Él amplió su sonrisa.

―Pues me alegra saber que puedo ser parte de tus sueños y no una pesadilla ―bromeó David.

Ángela soltó un gemido lastimero, intentó moverse, deseaba taparse el rostro con ambas manos para ocultar la vergüenza, por un instante su corazón latió desbocado al verlo; sin embargo sus extremidades no respondieron.

Por suerte, parecía que su capacidad de análisis estaba intacta, la presencia de su ex novio sirvió para sacarla de ese estado lento previo al despertar definitivo.

―¿Cómo te sientes? ―preguntó él, solícito―. ¿Te duele la cabeza? ¿Te sientes mareada? ¿Puedes moverte? ―las interrogantes cayeron una detrás de otra y no pudo responder ninguna porque él no le dio la oportunidad de hacerlo―. La doctora dijo que podías presentar dificultad para moverte tras despertar, pero solo durará unos minutos.

La morena asintió, comprendiendo cada una de sus palabras. Intentó sentarse en la cama, solo entonces se dio cuenta de lo mareada que se encontraba.

―¿Qué me dieron? ―cuestionó Ángela volviendo a recostarse―. Joder, me siento del asco. ―David soltó una risita.

―Suvorexant ―explicó él―. Te dieron una dosis alta de ese somnífero… ¿Recuerdas algo de lo que pasó anoche?

Asintió despacio, no deseaba que el mundo comenzara a dar vueltas de nuevo.

―Sí, todo estuvo bien, conversaba con Lydia en el bar, ella me estaba sirviendo los tragos ―contó―. El último trago me supo raro, pero… no era un vaso nuevo, es decir, yo ya había dado un par de sorbos a la bebida y en un momento, cuando volví a beber, me supo extraño y paré… pensé que, en el momento en que la barra se llenó de gente pidiendo sus tragos, alguien puso algo, así que no lo continué bebiendo. Iba a ir a encerrarme en el baño de damas, calculé que si alguien estaba esperando aprovecharse de mí, se iba a joder porque identifiqué los síntomas…

»Pero cuando me bajé del banco donde estaba sentada…

―Unas mujeres se dieron cuenta de tu situación y te ayudaron ―completó él por ella. Ángela asintió.

―Recuerdo que me rodearon y que estábamos saliendo del bar, escuché a una de ellas decir que veníamos al hospital pero después no recuerdo nada más…

―Jade me llamó, no pudo comunicarse con sus padres, ni nadie de tus amigos ―contó David―, fui su último recurso.

―Gracias…

Ella no sabía si era debido a que todavía no había pasado el efecto del medicamento o si era que estaba cansada de luchar consigo misma, la fachada dura y distante se cayó en ese instante y solo pudo sonreírle, estaba verdaderamente agradecida de no haber despertado sin compañía, en especial, sintiéndose tan débil a nivel físico.

―La verdad es que ya te dieron el alta médica ―explicó David―. Así que si deseas que nos vayamos solo tienes que pedirlo. Ni siquiera estás en una habitación, Jade movió sus influencias para que te dejaran dormir en la sala de descanso de los médicos.

―Con razón se me hacía familiar ―dijo con cierta nostalgia que él notó de inmediato.

David se agachó para recoger sus zapatos, antes de que Ángela pudiese negarse, él los acomodó diligentemente, anudando los cordones con precisión.

―¿Necesitas algo? ―preguntó, tendiendo su mano para ayudarla a enderezarse.

―No, tengo sed, pero siento que si bebo agua en este momento voy a vomitarla ―respondió.

―No te apresures, no es necesario que te apures con nada, iremos a tu ritmo ―le aseguró, sentándose a su lado en la cama. Comenzó a frotarle la espalda con lentitud, Ángela no tuvo fuerzas para negarse. En su fuero interno, ella creía que todo eso era un sueño, la sensación en su cuerpo y su cabeza le hacía dudar de la realidad.

―¿Desde qué hora estás aquí? ―inquirió la morena. David le dio un vistazo a su reloj.

―Dos y media de la mañana.

―¿Y qué hora es ahora?

―Un cuarto para las siete.

El silencio los envolvió, uno lleno de preguntas que ambos deseaban hacerse pero eran incapaces de formular.

Ella se puso de pie después de unos minutos que se sintieron como una eternidad, se tambaleó un poco y la mano firme de David apareció para darle soporte. Ángela suspiró, sus piernas soportaron su peso, pensó que al menos no perdería su dignidad, no obstante, los escasos pasos que necesitó para salir del cuarto agotaron toda su fuerza, y una vez traspusieron el umbral, sus rodillas se doblaron bajo su cuerpo.

Fueron los rápidos reflejos del hombre a su lado los que evitaron la catástrofe, David la sostuvo por la cintura, apretándola con firmeza contra su cuerpo.

―¿Estás bien? ―indagó preocupado, Ángela asintió con algo de vergüenza.

―Sí, solo… solo no tengo mucha fuerza en las piernas… ―explicó en voz baja.

Apenas sus palabras salieron de su boca la perspectiva del mundo cambió; le llevó un par de segundos comprender qué pasaba, para ese momento ambos atravesaban la puerta de la emergencia y se dirigían al estacionamiento.

David había decidido llevarla en brazos, cargándola al estilo princesa, y a pesar de que aún sentía su cerebro embotado, no evitó que la vergüenza la invadiera.

Él se alejó del edificio caminando con paso firme, ella se aferró a sus hombros porque el mareo hacía que se le revolviese el estómago, iba a pedirle que se detuviera y la dejara bajar, sin embargo, antes de que pudiese abrir la boca, alguien habló con un tono burlón.

―Hola, princesa. ¿Cómo te sientes?

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Comments (1)
goodnovel comment avatar
Dionis Feliz De Chez
interesante , me gustaría leer más . Buenisima trama me ha encantado
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