INICIAR SESIÓNLaura había abandonado la lectura de su libro hacía unos diez minutos, pero no dejaba el libro sobre la mesilla; no lograba concentrarse en la trama, debido a que su cerebro procuraba encontrar una solución a todo ese infierno que estaba viviendo.
Caminaba sobre la cuerda floja, lo sabía y no había ningún modo de evitarlo; era evidente que su esposo se iba a enterar de los despidos de ese día, por esa razón no solo se enfocó en esas tres arpías que estaban hablando a sus espaldas de manera tan obvia; no obstante, la reacción de David fue descorazonadora.
Solo podía aferrarse a su hijo y a la culpa que su esposo sentía ante la idea de abandonarlo, esa era la carta que jugaba para mantener su matrimonio a flote, con la esperanza de que David dejara ir su resentimiento.
«Si el imbécil de Patrick no hubiese abierto la boca hace dos años… uurrgh» pensó con inquina, todo era culpa del inepto ese, por haber sido incapaz de cerrar la boca durante la celebración del nombramiento de David como director ejecutivo. «Aunque en realidad todo es culpa de esa estúpida mujer… él se habría fijado en mí desde un principio de no ser por Ángela.»
¡Cómo resentía a esa zorra! Su sola existencia solo traía infortunio a su vida. No comprendía porqué su esposo no se daba cuenta que Ángela era lo peor que le pudo pasar; ella hizo que toda su carrera se retrasara, perdió grandes oportunidades solo por quedarse con esa mujer.
«Es igual a su madre, robándose a los hombres que ya tienen dueña…»
Ella había visto a David primero, cuando entró en la escuela se convirtió en toda una celebridad; por un lado, los chicos lo detestaban, y esa emoción era directamente proporcional a la admiración que despertaban en las chicas. Desde el primer día demostró ser un caballero, protector de las jovencitas que eran acosadas, talentoso en los deportes, educado, compasivo y un buen estudian. Incluso sus orígenes agregaban un extra a toda la composición, porque tenía un pasado oscuro y difícil al cual se había sobrepuesto.
Lo suyo fue amor a primera vista, para Laura él era un diamante en bruto que, con el tratamiento adecuado, se convertiría en una joya espectacular.
Planificó todo con meticulosidad, incluida la forma en que él se fijaría en ella, justo el primer día de clases. Aunque David le llevara un año, era parte del consejo estudiantil, y la pelirroja sabía que por ser el inicio de la escuela, estos estarían monitoreando a los nuevos estudiantes.
Sin embargo, la desagradable sorpresa fue que él estaba escoltando a Ángela.
―Primero fue su madre quien arruinó el primer matrimonio de mi padre ―musitó con amargura, dejando el libro sobre la mesa. Rebuscó en el cajón el frasco de pastillas, estaba demasiado nerviosa para dormir de manera natural―. Y si no hubiese sido por el abuelo Ruben, también había acabado con el matrimonio de mi mamá.
»De tal madre, tal hija.
La puerta del cuarto se abrió con fuerza, ella pegó un brinco y el frasco resbaló de sus manos, esparciendo su contenido sobre la cama. David la miró directo a los ojos, Laura se quedó paralizada, ansiosa y a la expectativa de lo que él fuese a decir.
La expresión en el rostro de su esposo era un tanto siniestra.
―Pensé que estarías dormida ―dijo él con frialdad, cerrando la puerta tras de sí.
―Estaba por hacerlo ―respondió, procurando que el temblor de su voz no se notara―. Todavía estoy un poco alterada por lo de hoy, no es bueno para la salud mental de nadie, escuchar las habladurías y chismes que todos dicen a nuestras espaldas.
―Qué ironía, ¿no? ―comentó David, sonriendo burlón―. No era como que te importaba regar chismes y habladurías de otros cuando eras joven ―recordó, cargando su voz de acusación―. Era como un deporte para ti, ¿cuántas reputaciones arruinaste? ¿Cuántas autoestimas destruiste?
Laura no pudo decir nada, era cierto que durante su adolescencia hizo todo lo que pudo para destacar, incluso dañar a otras personas que eran, o podrían ser, su competencia. Tampoco era la primera vez que él decía algo como aquello, David solía recordarle eso cada vez que ella intentaba un acercamiento.
El corazón se le estrujó, quería llorar. ¿Por qué era tan difícil hacer que él la amara?
«¿Por qué?, ¿por qué no puedes ver cuánto te amo y amarme, aunque sea un poquito?»
David continuaba de pie, recostado sobre la puerta. Las expresiones de Laura eran variadas, unas que nunca había visto, o si las vio, no lo recordaba. Nunca imaginó que ella se mostraría herida, desdichada y triste.
―Ya que mis recuerdos no han regresado, me gustaría hacerte una pregunta ―dijo él, su voz sonaba resignada―. Supongo que tú eres la otra persona que lo sabe, al fin que eres parte de todo ello… Dime, Laura, ¿cómo fue que nos enredamos? ¿Cuál fue el motivo por el cual Ángela y yo nos separamos?
La pelirroja miró al hombre, la pregunta que había estado esperando se había formulado y con solo escucharlo la ansiedad escaló a niveles insoportables. Su corazón latía a mil por hora, sentía cómo el calor abandonaba su cuerpo, apretó las manos en puños, pensando en qué debía responderle.
¿Le decía la verdad?
Podía contarle una mentira, decirle que él se había confesado por sorpresa, admitiendo que siempre estuvo atraído a ella. Al fin y al cabo, más de una semana después, David no había recuperado la memoria y el especialista aseguraba que no había forma de saber cuándo o si la recuperaría alguna vez.
¿Podía correr ese riesgo?
«Tal vez es mejor culparla a ella, después de todo, Ángela fue quien falló…»
―Una noche, hace casi siete años, nos encontramos por casualidad en un bar ―relató Laura, mirando a los ojos de su esposo. Lo mejor era mezclar verdades y mentiras dentro de todo, de ese modo, sonaría más convincente―. Estabas con tus compañeros de trabajo, cuando nos encontramos, decidimos sentarnos todos juntos, tú te emborrachaste y no querías irte a tu casa, aun cuando todos los demás ya lo habían hecho, así que me quedé contigo. ―Suspiró, una sonrisa triste surcó sus labios―. Dijiste que estabas destrozado, que después de tantos años juntos, de apoyarla para que cumpliera sus sueños, Ángela te estaba engañando con un médico de su trabajo, un compañero de clases, un tipo millonario, hijo de un magnate de la medicina.
Se miraron a los ojos, después de que ella se callara el silencio se cernió sobre los dos, era pesado y opresivo.
Pasaron los minutos, aunque para la pelirroja parecía que el tiempo se había detenido. ¿Le había creído? Le carcomía la ambigüedad en el rostro de su esposo.
Él soltó una larga exhalación, se alejó rumbo al armario, dejándola consumida en la preocupación.
David se desvistió despacio, dejó la ropa en el cesto y se metió dentro de la ducha. El agua caliente cayó sobre su cuerpo, aliviando un poco la tensión de sus músculos. No sabía si quería reír o llorar, la mentira de Laura era tan obvia que le daba asco.
―Fui un imbécil, de eso no hay duda ―se dijo en voz baja―. ¿Acaso cree que soy estúpido? ¿De verdad Laura piensa que le voy a creer?
No era una cuestión de confianza ciega en su ex. No, era algo mucho más simple; los recuerdos de su vida que tenía más frescos eran esos que ella mencionaba; en efecto, sí hubo un hombre interesado en Ángela, un joven médico que veía en ella un increíble potencial y dedicación; pero también era cierto que ese doctor fue rechazado por su novia.
Él fue testigo del momento en que Angie le dijo que no estaba interesada, que no tenía tiempo para eso y que amaba a alguien más. Lo amaba a él.
Y la verdadera razón por la cual ellos estuvieron peleando en los últimos meses de su relación fue por falta de tiempo; David trabajaba en más proyectos, dedicando más horas del día a su empleo, buscando una promoción que representara mejores beneficios; mientras Ángela estaba en el último año de carrera, pasando más tiempo en el hospital, y trabajando en empleos de medio tiempo para aportar económicamente a su relación.
El encuentro que Laura mencionaba, sí lo recordaba, sin embargo nunca se quedó con ella, y con quien se quejó fue con Edwin, un compañero de trabajo que estaba con el corazón destrozado porque su novia lo había engañado.
―¡Ja! ―exclamó, cerrando el agua de la canilla―. No has perdido ese hábito de mentir y manipular, Laura.
Cuando regresó a la habitación su esposa dormía, el cuarto estaba a oscuras, y él solo pensaba en una cosa: ¿Volvería a ver a Ángela alguna vez?
La mañana apareció con un cielo teñido de gris, mientras él tomaba su café, escuchando las noticias, Noah terminaba de arreglarse para la escuela y Laura continuaba profundamente dormida. David miró al niño que caminó en dirección a él y se abrazó a sus piernas con fuerza.
―Estoy listo, papá ―anunció con entusiasmo―. ¿Hoy me vas a llevar a la escuela otra vez?
―Claro que sí, amiguito ―respondió él, colocándose a su altura―. Mañana es sábado, ¿te gustaría hacer algo divertido?
―¿Podríamos ir al zoo? ―inquirió Noah, con los ojos brillando de la emoción.
―Por supuesto, hace años que no voy a uno ―aseguró, sonriéndole―. Vamos, o llegaremos tarde.
El trayecto lo hicieron en silencio, era como si el niño supiese que él no tenía ganas de hablar. Cuando se detuvieron en la entrada de la escuela y David se bajó a acompañarle hasta la puerta; de regreso, mientras se dirigían a la oficina, no pudo refrenar más sus pensamientos.
―Detén el auto ―ordenó al chofer―, necesito bajarme.
Anduvo sin rumbo fijo por un par de cuadras, en verdad rompía su corazón la idea de que Noah no fuese su hijo; las fotos que se encontraban en ese sobre demostraban que había una gran posibilidad, decenas de imágenes de Laura, muchas de ellas en obvias actividades sexuales, evidenciaban que su esposa no solo le era infiel, sino que los diversos hombres con los que estuvo, tenían un aterrador parecido con él.
Miró el local en la calle frente a él, decidió que necesitaba tomar algo, tal vez un té que le ayudara a calmar sus emociones; entró sintiendo una sensación de familiaridad, tras ordenar y sentarse en una de las mesas desocupadas, se dedicó a beber su infusión en pequeños sorbos.
«Noah está en la edad en se puede parecer a cualquier, incluso a mí…» pensó con desánimo.
No obstante, no pudo continuar pensando en ello, porque por suerte, coincidencia o destino, la mujer que estuvo añorando desde que había perdido su memoria, estaba entrando al local en ese preciso instante.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







