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Capítulo 4

作者: Wheat Grain
El día anterior, la madre de Roxie había intentado llamarla para preguntarle si por fin había conseguido casarse en el registro civil. Por más que insistía, el teléfono de su hija seguía apagado y Evan tampoco contestaba.

La preocupación no la había dejado dormir en toda la noche, así que había ido a verlos a primera hora de la mañana. Lo último que esperaba era escuchar a su hija cancelar la boda nada más llegar a la puerta.

Miró a su alrededor. Roxie estaba empapada, con las mejillas mojadas por las lágrimas, y otra mujer llevaba puesta la bata de novia que ella había hecho para su hija. Evan miraba a Roxie con dureza mientras se mantenía junto a esa mujer y su hijo, como si tuviera que protegerlos de ella.

Entonces entendió por qué su hija no había logrado casarse en el registro civil después de tantos intentos. La escena no dejaba lugar a dudas. La señora Foster se puso pálida, se llevó una mano al pecho, se tambaleó y cayó al suelo.

—¡Mamá! —gritó Roxie mientras corría hacia ella—. ¡Mamá, no me asustes!

Su madre tenía los ojos bien cerrados y el rostro pálido. Respiraba muy rápido y mantenía una mano aferrada a la tela de su ropa, a la altura del pecho.

Evan se acercó a toda prisa y se agachó para revisarla.

—Llamen a una ambulancia. Ahora mismo —ordenó.

La ambulancia llegó poco después y trasladó a la señora Foster a urgencias. Al cabo de un rato, el médico que la atendía salió apresurado con su expediente.

—Hace años le hicieron un bypass coronario —explicó—. Su estado ha empeorado mucho y necesita otra cirugía a corazón abierto cuanto antes.

Miró a Evan, que estaba junto a Roxie, antes de continuar:

—Pero la operación anterior le dejó muchas cicatrices internas y volver a operarla implica un riesgo enorme. Ningún cirujano de este hospital quiere hacerse cargo. En este momento, el único médico del país capaz de hacerlo es el doctor Chandler. Por desgracia, su agenda está llena durante al menos los próximos tres meses. Su madre no puede esperar tanto.

Roxie sintió que se quedaba sin esperanza. En ese momento, el médico se volteó hacia Evan.

—Doctor Shaw, casi lo olvido —añadió—. Usted fue uno de los alumnos favoritos del doctor Chandler. Si se lo pide, seguro que hará un espacio en su agenda y tomará un avión para venir a operarla.

—Evan, por favor —le rogó Roxie al voltearse hacia él—. Llama al doctor Chandler. Pídele que salve a mi mamá, por favor.

—Eso iría contra el protocolo —respondió Evan mientras bajaba la mirada.

—¡Mi madre está ahí dentro! —le reclamó Roxie, sin poder creer lo que oía.

—Roxie, los hospitales tienen sus procedimientos y el doctor Chandler tiene su agenda —explicó Evan después de suspirar—. Si le pido que haga una excepción por ti, ¿qué pasa con todos los demás pacientes que están esperando a que los atienda? No sería justo.

—¿Y todavía me hablas de justicia? —le reclamó Roxie con la voz ahogada—. ¡Si no fuera por ti y por Sylvia, mi madre no habría sufrido otro infarto!

—¿Qué tiene que ver Sylvia con esto? —la reprendió Evan con el ceño fruncido—. ¿Puedes ser una persona racional de una vez? Además, son dos asuntos distintos. Como director médico, no puedo ser yo quien empiece a romper el protocolo médico. Madura, Roxie. No dejes que tus emociones lo controlen todo.

Roxie tenía los ojos rojos y no apartaba la mirada de aquel rostro que conocía tan bien.

—Entonces, ¿te niegas a ayudarme diga lo que diga? —preguntó.

—Sí. Es una cuestión de principios —respondió Evan sin vacilar.

—Está bien. No te necesito. Buscaré otra manera —replicó Roxie con una risa cargada de rabia.

Evan incluso asintió.

—Puedes contactar al doctor Chandler por tu cuenta, pero no uses mi nombre —le advirtió—. Además, como tu madre está enferma, supongo que no podrá asistir a nuestra boda. Pero no podemos cambiar la fecha. Ya organicé mi agenda en función de eso y no puedo cambiarlo todo ahora.

Roxie temblaba de rabia. Por culpa de Evan, su madre estaba luchando por seguir viva y él no solo se negaba a ayudarla, sino que seguía pensando en su agenda. ¿Tan poco le importaban ella y su madre?

—Ahora lo urgente es colocarle un balón de contrapulsación intraaórtico —intervino el médico con urgencia—. Tenemos que estabilizarla y ganar tiempo.

Miró a Evan antes de continuar:

—Doctor Shaw, su presión no deja de bajar. Nadie aquí tiene más posibilidades que usted de colocarle el balón con éxito. ¿Puede hacerlo?

Roxie odiaba la frialdad de Evan, pero la vida de su madre estaba en juego. No le quedó otra opción que tragarse toda la rabia que sentía.

—Evan, salva a mi madre —le suplicó con la voz quebrada.

—Entiendo. Prepárenlo todo —ordenó él después de asentir.

***

Ya en la unidad de cuidados intensivos, Evan tomó los guantes estériles que le tendía su asistente. En ese momento empezó a sonar un teléfono.

Evan siempre había impuesto una regla sin excepciones: todos los integrantes del equipo médico tenían que apagar sus teléfonos antes de iniciar un procedimiento. Su expresión se endureció mientras miraba a su alrededor.

—¿Quién dejó el teléfono encendido? —preguntó con tono seco.

El asistente se revisó el bolsillo. Después miró a Evan con incomodidad y le señaló la cintura.

—Doctor Shaw… Creo que es su teléfono personal —le respondió.

Evan se quedó inmóvil. Lo habían llamado con tanta urgencia que se había cambiado a toda prisa y había olvidado silenciarlo. Frunció el ceño y sacó el teléfono del bolsillo, dispuesto a rechazar la llamada. Entonces leyó el nombre en la pantalla y se quedó con la mano inmóvil.

Ni las llamadas más urgentes de los directivos del hospital habían conseguido nunca que Evan interrumpiera un procedimiento. Sin embargo, esa vez se volteó y salió de la UCI con el teléfono en la mano.

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