Share

24-¿Emociones?

Author: Andry07
last update publish date: 2026-09-15 22:40:15

Cuando regresamos, Legna se sentó en el sofá y se quedó mirando al vacío.

Ya no lloraba. No sé si eso era bueno o malo. Creo que lo segundo.

Me quedé de pie frente a ella sin saber qué hacer. Ignorando el hecho de que mi teléfono no paraba de vibrar con nuevos mensajes.

Una parte de mí quería gritarle "te dije que no debías venir conmigo, testaruda", y la otra solo quería hacerle compañía.

Había aceptado llevarla conmigo porque solo quería quitarmela de encima. Ahora me arrepiento.

Me senté a su lado.

—Legna...

No respondió.

—Lo lamento.

Ella giró lentamente la cabeza hacia mí.

—¿Por qué?

—Por permitir que vieras eso. No fué mi intención...

Bajó la mirada.

—Yo te lo pedí, te pedí que me llevaras.

—Aun así.

Guardó silencio.

Me quedé observándola, continuaba con la mirada perdida.

No me había percatado de la presión que sentía en el pecho. Cómo una especie de tristeza, aunque eso era imposible. Llevo cuatro siglos sin saber lo que es tener esa clase de emociones. Tuve que aprender a no sentir, era la única manera de hacer aquel trabajo...

—Sabes algo—comentó finalmente.

—Mmm.

Respiró profundamente ante de hablar.

—A mi también me abandonaron, cuando era una bebé...

Me quedé en silencio.

—No sé quiénes eran mis padres. No sé por qué me dejaron. Ni siquiera sé si alguna vez quisieron conocerme.

Esta vez no quería que se callara, en ese instante quería escucharla, prestarle toda mi atención.

—Lo siento mucho —dije sincero. Pude sentir que contar aquello aún le dolía.

Ella sonrió débilmente.

—Yo también lo siento.

Hubo unos segundos más de silencio.

—Pero a diferencia de él, yo si tuve suerte —continuó, con la voz ahora quebradiza, refiriéndose al pequeño de hace un rato—. Porque a mi alguien me encontró a tiempo. El hombre al que siempre llamé abuelo.

La miré con curiosidad.

Ese era el motivo por el cuál se vió tan afectada.

—No era mi abuelo de sangre. Aún así me cuido y me entregó su amor incondicionalmente.— Se limpió una lágrima rápidamente, como si quisiera esconderla—. Me encontró cuando era un bebé. Estaba completamente sola, en una canasta cerca de un parque. Él podría haber seguido su camino, pero no lo hizo.

Sus ojos comenzaron a llenarse de nuevas lágrimas.

—Me llevó con él. Me cuidó. Me dio un hogar. Y decidió adoptarme a pesar de que fue bastante complicado por tratarse de un hombre mayor y soltero. Nunca se dió por vencido. Y cuando tuve conciencia, me contó mi historia, siempre fue tan sincero. Me dijo que mi origen no debía hacerme sentir mal...

Se limpió la humedad del rostro con la manga del suéter que llevaba puesto.

Estaba intentando parecer fuerte cuando claramente aquello todavía le pesaba.

—Incluso me dio su apellido... Y mi nombre—sonrió débilmente—. Siempre mencionaba que mi nombre era especial.

—Lo es...—susurré sin dejar de mirarla, ella arrugó levemente el entrecejo —me refiero a tu nombre. Si es especial.

Me levanté del asiento, fui por lápiz y papel, y al regresar, escribí su nombre, al derecho y al revés.

Legna

Angel

Se lo mostré, y su expresión me dió a entender que aquello era algo de lo que nunca se había percatado.

—No lo puedo creer, mi abuelo siempre decía que yo era su ángel, que había llegado a su vida para llenarla de luz. Jamás me dijo que ese era el significado de mi nombre. Siempre me llamó...

—Pequeña Lu—susurre yo.

—¿Cómo es que...?

No termino la pregunta, yo tampoco respondí.

—Ya recordé. El otro día mencionaste que fuiste su guardián—agachó la mirada—. Solo me gustaría saber una cosa...

Asentí.

—Adelante. Pregunta lo que quieras.

—¿Sufrió?

Negué con la cabeza.

—Su única preocupación eras tú, no quería dejarte sola.

Aquello pareció arrugar más su corazón.

—Dios... cuando mi abuelo se... fué, sentí que mi mundo se había desplomado, que todo había terminado... y él lo único que hizo en sus últimos momentos de vida fue preocuparse por mí. Debió sentirse decepcionado por lo cobarde he sido.

La miré durante unos segundos. No sé cómo pero sentí el impulso repentino de querer hacerla sentir mejor.

—Pobre hombre—le dije entrecerrando los ojos. Con un tono bromista.

Ella me miró.

—Tener que soportar a una nieta tan testaruda y desobediente. No imagino lo que debió sufrir.

Ella sonrió, pero sus ojos seguían llorosos.

—Gracias Bastian.

—¿Por qué?

—Gracias a ti pude ver la suerte que tuve al ser abandonada. Siempre me sentí desdichada por eso, ahora comprendo que aunque no compartíamos la misma sangre, él fue más familia para mí que cualquiera que pudiera haber llevado algún parentesco sanguíneo conmigo.

Me mantuve en silencio, no quise comentar nada más...

Ella tenía la punta de la nariz enrojecida, y los párpados algo hinchados. Y a pesar de su tristeza me dedico una sonrisa dulce.

No entiendo por qué me importó tanto verla sonreír...

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   24-¿Emociones?

    Cuando regresamos, Legna se sentó en el sofá y se quedó mirando al vacío. Ya no lloraba. No sé si eso era bueno o malo. Creo que lo segundo. Me quedé de pie frente a ella sin saber qué hacer. Ignorando el hecho de que mi teléfono no paraba de vibrar con nuevos mensajes. Una parte de mí quería gritarle "te dije que no debías venir conmigo, testaruda", y la otra solo quería hacerle compañía. Había aceptado llevarla conmigo porque solo quería quitarmela de encima. Ahora me arrepiento. Me senté a su lado. —Legna... No respondió. —Lo lamento. Ella giró lentamente la cabeza hacia mí. —¿Por qué? —Por permitir que vieras eso. No fué mi intención... Bajó la mirada. —Yo te lo pedí, te pedí que me llevaras. —Aun así. Guardó silencio. Me quedé observándola, continuaba con la mirada perdida. No me había percatado de la presión que sentía en el pecho. Cómo una especie de tristeza, aunque eso era imposible. Llevo cuatro siglos sin saber lo que es tener esa clase de e

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   23-Devastada.

    Aparecimos en un lugar que Legna no conocía. Una calle estrecha, oscura y silenciosa. La noche estaba particularmente fría. El viento atravesaba las calles casi desiertas y era tan fuerte que hacía temblar los árboles. Ella se abrazó a sí misma. —Hace frío. Caminé unos pasos y el teléfono vibró en mi bolsillo. Lo saqué. La pantalla mostró un nuevo mensaje. SIN NOMBRE — RECIÉN NACIDO — HIPOTERMIA Me quedé inmóvil. Legna se acercó con curiosidad. —¿Qué sucede? Guardé el teléfono. —Nada. —Bastian. —Quédate aquí. No me sigas. —¿Por qué? —Porque sí. Ella intentó seguirme. —Te dije que te quedaras. —Pero... —Legna. Lo prometiste. Mi tono fue suficiente para detenerla. Caminé hasta el final de la calle y lo único que vi fue una pequeña caja de cartón que se encontraba junto a un contenedor. No había nadie más alrededor, solo el viento. Me acerqué lentamente. Y allí se encontraba, un cuerpo diminuto envuelto en una manta de color azul cielo,

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   22-¿Por qué me salvaste?

    BASTIAN —Ya entiendo a que sé refería Uno cuando mencionó que no quería que tuvieses el mismo destino que tuvo Seis.—Comenta Legna alterada—¿Y si nos descubren?. No quiero que temines exiliado por mi causa. No podría con la culpa. —Eso no sucederá, yo no soy Seis. Y tú... bueno, eres... diferente. Levantó lentamente la mirada hacia mí. —¿Diferente? —Solo... confia en mí. —¿Y ya haz hallado alguna solución?, o quizas una pista de lo que debemos hacer. —Por los momenton no—fui sincero. —"Perfecto", "estamos avanzando." Odio su sarcasmo. —Hago lo que puedo con el poco conocimiento que manejo del tema. Y te recuerdo que mi trabajo es algo que no puedo dejar para despues. —¿Y que otra cosa tienen prohibido hacer ustedes los guardianes? Ahí vamos otra vez con un nuevo interrogatorio. Decidi ir al grano. Descubrí que no cierra la boca hasta que no le contesto todas sus preguntas. Todo sea por mi paz mental. —No debemos intervenir en el equilibrio del universo,

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   21-Seis.

    Los días en la casa espiritual comenzaron a cambiar, o tal vez los que cambiamos fuimos nosotros. No habían discusiones matutinas, solo unos cuantos gestos, de vez en cuando unas sonrisas y por suerte silencios menos pesados. Bastian se había recuperado por completo. A veces al volver de su trabajo, lo encontraba recostado en el sofá, con los parpados cerrados y los cuchillos cerca, como si incluso en su descanso se negara a dejar de ser lo que era. Yo me encargaba de todo lo demás. Preparaba cosas sencillas para comer, organizaba la enorme biblioteca que parecía llevar siglos sin tocarse, incluso descubrí cómo encender la música de esa casa extraña que parecía no estar en ningún lugar. La primera vez que lo escuché tararear, creí que lo había imaginado. —¿Estás… cantando? —le pregunté desde la cocina. —Estás delirando —respondió él, sin dejar de leer. Pero sonrió. Apenas, pero lo vi. De alguna forma la convivencia dejó de sentirse, no se... impuesta. Días atrás pare

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   20-Confianza.

    Volver a la casa se sintió diferente esta vez. Bastian se apoyaba en mí con más peso del que reconocería. Su túnica se resbaló dejando uno de sus hombros al descubierto y yo traté de acomodarsela como pude. Sus cuchillos apenas colgaban de su cinturón. Respiraba lento, pero cada vez que lo miraba de reojo, sus labios seguían tensos… como si se negara a aceptar que estaba sintiendo dolor. —¿Te lastimó mucho? —pregunté mientras lo ayudaba a sentarse en el sofá. —No lo suficiente... no voy a morir—dijo, intentando sonreír. No le salió. —¿Y lo suficiente como para que tengas que quedarte quieto al menos unas horas? No contestó. —Eso pensé. Fui por una toalla húmeda, me senté a su lado y sin pedir permiso, comencé a limpiarle la sangre seca que tenía en el cuello. Él ni siquiera protestó. Me resultaba extraña su falta de resistencia. Era la primera vez que me permitiera estar cerca de él. —¿Sabes qué fue lo peor? —dije sin mirarlo—Pensé que no vendrías, no me salían las

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   19-Es mi culpa.

    LEGNA. Cuando creí que Bastian lo tenía, una onda oscura lo golpeó de lleno en el pecho. Salió disparado contra una pared del callejón, golpeando con un estruendo seco. La túnica se rasgó en el torso y él cayó de rodillas. —¡NO! —grité, logrando por fin ponerme de pie. El Lóbrego se abalanzó sobre él. Pero antes de que pudiera tocarlo, Bastian se impulsó de nuevo hacia arriba, clavando ambas cuchillas en el pecho del espectro, con una fuerza que me hizo contener la respiración. Una luz amarillenta e intensa, surgió del centro del espectro. El Lóbrego chilló, se retorció… y finalmente se desintegró en una nube de humo oscuro. Se hizo un silencio, solo se podía escuchar mi respiración pesada y mi corazón golpeando contra mis costillas con una fuerza descomunal. Corri hacía él lo más rápido que pude. —¿Estás bien? Bastian cayó de rodillas, apoyándose en una de sus cuchillas como si fuera un bastón. El otro cuchillo se le cayó de la mano. Su capucha ya no cubría su ros

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status