Home / Fantasía / PRONUNCIA MI NOMBRE. / 22-¿Por qué me salvaste?

Share

22-¿Por qué me salvaste?

Author: Andry07
last update publish date: 2026-09-14 00:05:13

BASTIAN

—Ya entiendo a que sé refería Uno cuando mencionó que no quería que tuvieses el mismo destino que tuvo Seis.—Comenta Legna alterada—¿Y si nos descubren?. No quiero que temines exiliado por mi causa. No podría con la culpa.

—Eso no sucederá, yo no soy Seis. Y tú... bueno, eres... diferente.

Levantó lentamente la mirada hacia mí.

—¿Diferente?

—Solo... confia en mí.

—¿Y ya haz hallado alguna solución?, o quizas una pista de lo que debemos hacer.

—Por los momenton no—fui sincero.

—"Perfecto", "estamos avanzando."

Odio su sarcasmo.

—Hago lo que puedo con el poco conocimiento que manejo del tema. Y te recuerdo que mi trabajo es algo que no puedo dejar para despues.

—¿Y que otra cosa tienen prohibido hacer ustedes los guardianes?

Ahí vamos otra vez con un nuevo interrogatorio.

Decidi ir al grano. Descubrí que no cierra la boca hasta que no le contesto todas sus preguntas.

Todo sea por mi paz mental.

—No debemos intervenir en el equilibrio del universo, no debemos enamorarnos, tampoco herir a los humanos ni relacionarnos con ellos, etcétera... cualquiera de esa reglas que rompamos tiene el mismo castigo, el exilio eterno a un lugar desconocido. Fin.

Hablé tan rapido que no se si logró seguirme la corriente.

—¿Y tu alguna ves te haz enamorado?

Por lo visto me entendio, claro y perfecto.

Por alguna razón, no pude responderle inmediatamente.

Miré hacia la ventana.

—No, nunca.

—¿Y por qué me salvaste?

Esa pregunta me tomó desprevenido.

Durante cuatrocientos años había cumplido con mi trabajo sin llegar a cuestionarlo.

Había visto morir a miles de personas. he guiado ancianos, niños, hombres, mujeres... Había escuchado súplicas, vi infinidades de lágrimas. He recibido insultos en todos los idiomas.

Y jamás había intervenido. Hasta ahora.

—No lo sé —respondí finalmente.

Legna sonrió débilmente.

—Quizás no lo quieres admitir pero si entiendes las razones que tuvo Evalyn para hacer lo que hizo.

—No.—La miré directamente. —Lo único que entiendo es que por su terquedad terminó siendo castigada.

—¿Y lo tuyo también fué terquedad?, ¿Cuál fué la razón para salvarme?

—Fue solo por... un descuido.

—¿Ya habías roto las reglas antes por algún "descuido"?

Esta vez no respondí.

Por más que lo quisiera negar. Todo aquello que había dicho tenía algo de lógica.

Sentí el teléfono vibrar y me levanté de la silla de golpe.

Ese mensaje era mi boleto para escapar.

—Tengo trabajo.

Le informe antes de desaparecer...

***

—Bastian por favor...

—No.

—Te estoy pidiendo por favor.

—Legna, ya te dije que no.

—Solo una vez. Una y ya.

—No.

—No voy a tocar nada y me mantendré callada.

—Ni tu misma te crees eso.

—Prometo quedarme a tu lado en todo momento

—Ese es el punto. No deben verte, no puedes venir conmigo.

Se cruzó de brazos y me miró con evidente molestia.

—No me mires así.

—¿Por qué?—me reto.

—Legna, no tengo tiempo para discutir.

Desaparecí, y me hizo aparecer casi al instante frente a ella. Odio que me pueda controlar así.

—Legna, mi trabajo no es un juego. No vuelvas a hacerlo.

Desaparecí una vez más y me regreso otra vez.

—¡Legna!

—Puedo hacer ésto todo el día.

Se encogió de hombros.

Es tan testaruda, me lleva siempre al límite.

Me vi obligado a utilizar medidas desesperadas.

—¿Se te olvida quién soy? ¿Quieres que te lleve a dar un paseo por el Inframundo?—le di una mirada amenazante y lo único que recibí fue una expresión retadora. Desde luego no funcionó.

Suspiré pesadamente.

Ya no sabía que hacer. Mi última carta era el razonamiento.

—Comprende.—Trate se sonar más calmado —. La última vez que estuviste allá por poco terminaras muerta. No voy a permitir que vuelvas a exponerte.

—No puedo quedarme aquí encerrada para siempre. Tú vas y vienes cuando te place...

—Porque tengo trabajo. Tu estás más segura aquí.

—Eso no significa que me guste.

La observé.

Me irrita que sea tan insistente, y sé que para mí desgracia ella no iba a detenerse.

—Por favor, Bastian. Te agradezco que quieras protegerme pero se que mientras esté contigo voy a estar a salvo—ahora su mirada es suplicante, parece un gato buscando dar lastima —. Solo será una vez. Prometo no volver a pedirtelo.

Había insistido durante días. Quería saber cómo era mi trabajo, cómo llegaban los mensajes, dónde iban las almas después de morir. Quería entender todo aquello que, para mí, era cotidiano.

—¿Seguro que no volveras a pedirlo?

—Lo juro—contesto con la palma levantada y yo resoplé resignado.

—Esta bien. Todo sea porque me dejes en paz.

Sus ojos se iluminaron con emoción.

—¿De verdad?

—Sí, peeeero, permanecerás a mi lado en todo momento.

—Sí.

—No tocarás nada.

—Nada.

—No hablarás con nadie.

—Con nadie.

—Y si te digo que nos vamos, nos vamos. Ni pienses en llevarme la contraria.

—Lo prometo.

Suspiré.

—Ya voy tarde para este cruce, al regresar te llevo conmigo para el siguiente. Prepárate, regreso en unos minutos.

No estaba convencido de que aquella fuese una de las mejores decisiones que había tomado.

Cometí el error de pensar que podía enseñarle lo que hago sin que hubiesen consecuencias...

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   24-¿Emociones?

    Cuando regresamos, Legna se sentó en el sofá y se quedó mirando al vacío. Ya no lloraba. No sé si eso era bueno o malo. Creo que lo segundo. Me quedé de pie frente a ella sin saber qué hacer. Ignorando el hecho de que mi teléfono no paraba de vibrar con nuevos mensajes. Una parte de mí quería gritarle "te dije que no debías venir conmigo, testaruda", y la otra solo quería hacerle compañía. Había aceptado llevarla conmigo porque solo quería quitarmela de encima. Ahora me arrepiento. Me senté a su lado. —Legna... No respondió. —Lo lamento. Ella giró lentamente la cabeza hacia mí. —¿Por qué? —Por permitir que vieras eso. No fué mi intención... Bajó la mirada. —Yo te lo pedí, te pedí que me llevaras. —Aun así. Guardó silencio. Me quedé observándola, continuaba con la mirada perdida. No me había percatado de la presión que sentía en el pecho. Cómo una especie de tristeza, aunque eso era imposible. Llevo cuatro siglos sin saber lo que es tener esa clase de e

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   23-Devastada.

    Aparecimos en un lugar que Legna no conocía. Una calle estrecha, oscura y silenciosa. La noche estaba particularmente fría. El viento atravesaba las calles casi desiertas y era tan fuerte que hacía temblar los árboles. Ella se abrazó a sí misma. —Hace frío. Caminé unos pasos y el teléfono vibró en mi bolsillo. Lo saqué. La pantalla mostró un nuevo mensaje. SIN NOMBRE — RECIÉN NACIDO — HIPOTERMIA Me quedé inmóvil. Legna se acercó con curiosidad. —¿Qué sucede? Guardé el teléfono. —Nada. —Bastian. —Quédate aquí. No me sigas. —¿Por qué? —Porque sí. Ella intentó seguirme. —Te dije que te quedaras. —Pero... —Legna. Lo prometiste. Mi tono fue suficiente para detenerla. Caminé hasta el final de la calle y lo único que vi fue una pequeña caja de cartón que se encontraba junto a un contenedor. No había nadie más alrededor, solo el viento. Me acerqué lentamente. Y allí se encontraba, un cuerpo diminuto envuelto en una manta de color azul cielo,

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   22-¿Por qué me salvaste?

    BASTIAN —Ya entiendo a que sé refería Uno cuando mencionó que no quería que tuvieses el mismo destino que tuvo Seis.—Comenta Legna alterada—¿Y si nos descubren?. No quiero que temines exiliado por mi causa. No podría con la culpa. —Eso no sucederá, yo no soy Seis. Y tú... bueno, eres... diferente. Levantó lentamente la mirada hacia mí. —¿Diferente? —Solo... confia en mí. —¿Y ya haz hallado alguna solución?, o quizas una pista de lo que debemos hacer. —Por los momenton no—fui sincero. —"Perfecto", "estamos avanzando." Odio su sarcasmo. —Hago lo que puedo con el poco conocimiento que manejo del tema. Y te recuerdo que mi trabajo es algo que no puedo dejar para despues. —¿Y que otra cosa tienen prohibido hacer ustedes los guardianes? Ahí vamos otra vez con un nuevo interrogatorio. Decidi ir al grano. Descubrí que no cierra la boca hasta que no le contesto todas sus preguntas. Todo sea por mi paz mental. —No debemos intervenir en el equilibrio del universo,

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   21-Seis.

    Los días en la casa espiritual comenzaron a cambiar, o tal vez los que cambiamos fuimos nosotros. No habían discusiones matutinas, solo unos cuantos gestos, de vez en cuando unas sonrisas y por suerte silencios menos pesados. Bastian se había recuperado por completo. A veces al volver de su trabajo, lo encontraba recostado en el sofá, con los parpados cerrados y los cuchillos cerca, como si incluso en su descanso se negara a dejar de ser lo que era. Yo me encargaba de todo lo demás. Preparaba cosas sencillas para comer, organizaba la enorme biblioteca que parecía llevar siglos sin tocarse, incluso descubrí cómo encender la música de esa casa extraña que parecía no estar en ningún lugar. La primera vez que lo escuché tararear, creí que lo había imaginado. —¿Estás… cantando? —le pregunté desde la cocina. —Estás delirando —respondió él, sin dejar de leer. Pero sonrió. Apenas, pero lo vi. De alguna forma la convivencia dejó de sentirse, no se... impuesta. Días atrás pare

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   20-Confianza.

    Volver a la casa se sintió diferente esta vez. Bastian se apoyaba en mí con más peso del que reconocería. Su túnica se resbaló dejando uno de sus hombros al descubierto y yo traté de acomodarsela como pude. Sus cuchillos apenas colgaban de su cinturón. Respiraba lento, pero cada vez que lo miraba de reojo, sus labios seguían tensos… como si se negara a aceptar que estaba sintiendo dolor. —¿Te lastimó mucho? —pregunté mientras lo ayudaba a sentarse en el sofá. —No lo suficiente... no voy a morir—dijo, intentando sonreír. No le salió. —¿Y lo suficiente como para que tengas que quedarte quieto al menos unas horas? No contestó. —Eso pensé. Fui por una toalla húmeda, me senté a su lado y sin pedir permiso, comencé a limpiarle la sangre seca que tenía en el cuello. Él ni siquiera protestó. Me resultaba extraña su falta de resistencia. Era la primera vez que me permitiera estar cerca de él. —¿Sabes qué fue lo peor? —dije sin mirarlo—Pensé que no vendrías, no me salían las

  • PRONUNCIA MI NOMBRE.   19-Es mi culpa.

    LEGNA. Cuando creí que Bastian lo tenía, una onda oscura lo golpeó de lleno en el pecho. Salió disparado contra una pared del callejón, golpeando con un estruendo seco. La túnica se rasgó en el torso y él cayó de rodillas. —¡NO! —grité, logrando por fin ponerme de pie. El Lóbrego se abalanzó sobre él. Pero antes de que pudiera tocarlo, Bastian se impulsó de nuevo hacia arriba, clavando ambas cuchillas en el pecho del espectro, con una fuerza que me hizo contener la respiración. Una luz amarillenta e intensa, surgió del centro del espectro. El Lóbrego chilló, se retorció… y finalmente se desintegró en una nube de humo oscuro. Se hizo un silencio, solo se podía escuchar mi respiración pesada y mi corazón golpeando contra mis costillas con una fuerza descomunal. Corri hacía él lo más rápido que pude. —¿Estás bien? Bastian cayó de rodillas, apoyándose en una de sus cuchillas como si fuera un bastón. El otro cuchillo se le cayó de la mano. Su capucha ya no cubría su ros

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status