เข้าสู่ระบบEl motor de la pequeña lancha rugía con suavidad, cortando las olas turquesas que Hades recordaba tan bien. No era el mismo hombre que tiempo atrás naufragó en esa isla, consumido por la rabia y el vacío. Ahora, mientras sostenía la mano de Kayla, sentía que el círculo por fin se estaba cerrando. Un ciclo que creía que nunca finalizaría. —No puedo creer que me hayas traído de vuelta aquí —susurró Kayla, dejando que la brisa marina le alborotara el cabello. Aria se había quedado con Felipa y los abuelos; eran sus primeras vacaciones solos desde que la pequeña llegó a iluminarles la existencia. Y a desvelar sus noches. —Esta isla nos quitó mucho, pero también nos dio la verdad —respondió Hades con la voz un poco ronca por la emoción—. Quería que nuestro primer viaje como esposos fuera al lugar donde, irónicamente, encontré mi libertad y el amor. Cuando desembarcaron, la arena blanca se sintió como un santuario. Hades no escatimó en gastos; había mandado a preparar una cabaña ec
Los días siguientes la prensa no se dio abasto con tanto chisme que tenían de la familia Lara. De cómo el mismísimo Hades Lara los denunció a todos por abuso. Durante el juicio, Hades presentó mucha evidencia de todos los daños que le causaron sus padres y su abuelo. Incluso las pruebas del abuso sexual que sufrió a manos del señor Benavides, y no solo él, un sinfín de niños habían sido violados y cómo sus padres estaban al tanto de eso y no hicieron nada. Las pruebas eran más que evidentes; por más que intentaron defenderse, estaba claro todo lo que me había sufrido. El juez tomó la decisión de sentenciar al sargento Benavides a 80 años de cárcel, al señor Fausto Lara a 20 años de prisión, al igual que a la señora Natalia. Al señor Javier, por haber sido honesto y ayudar con las investigaciones, le redujeron su sentencia a 15 años de prisión. Para Hades, escuchar cada una de esas condenas fue un alivio. Su alma había sanado y su niño interior estaba en paz al darse cuenta de que ha
La comida está lista; Kayla y Felipa también están preparadas para la llegada de los padres de Kayla. Están terminando de darle los últimos detalles a la mesa. La tele sigue encendida en un programa de música suave. Cuando es interrumpido. “Lo sentimos por interrumpir su programación, pero tenemos una noticia espectacular sobre la boda del año entre Hades Lara y Raquel Olmos”. Kayla escucha esos nombres y se fastidia poniendo los ojos en blanco. —Felipa, apaga la tele, no quiero oír nada de esa boda y no quiero que mis padres estén escuchando eso sabiendo que tendré un hijo de ese hombre —mencionó Kayla molesta, tapándose los oídos con las manos. Felipa camina cruzando el comedor hasta llegar a la sala, agarrando el control y apagando el televisor. En ese mismo momento llaman a la puerta. Felipa se acerca abriéndola, viendo a los padres de su amiga muy contentos. —Hola, Felipa, qué gusto en verte y gracias por darle un techo a nuestra hija después de su extraña ruptura c
Hades aprieta la quijada molesto por las declaraciones de su abuelo. Empuña la mano listo para darle un buen golpe, pero se detiene de hacerlo; sabe que si lo hace, puede ser la razón suficiente para ordenarle a su amigo que le dispare a Kayla y no quiere que eso pase. —Eso es lo único que tenemos en común, el odio hacia el otro, pero que te quede claro que después de esto nunca quiero hablar ni verte en mi vida —le aclaró Hades empezando a caminar. —Como si eso me importara —respondió Fausto al verlo irse. Hades solo lo ignora y continúa caminando hasta bajar las escaleras. Caminando a toda velocidad, saliendo de la casa y subiéndose en el auto. Fausto calma un poco sus nervios y sigue a su nieto. Pero en la habitación de al lado, Javier ha escuchado la conversación que ambos han tenido. Quedándose más que molesto por lo que escuchó. Y no puede creer que la violación de Hades sea obra de su padre. Esto último es la chispa que él necesitaba para hacer lo que su hijo anoche
—Hemos interrumpido su programación local para poder darles una noticia que nos ha tomado a todos por sorpresa, y es que el distinguido señor Hades Lara contraerá nupcias con la señoría Raquel Olmos esta misma tarde —habló la mujer en la televisión. Kayla y Felipa voltean hacia la tele, ya que se encuentran al otro extremo de la habitación organizando todo para la cena con sus padres. Kayla se siente triste, pero en el fondo sabía que era inevitable que él se casara. Además, no está segura de que ella haya podido estar con él. Ambos son tan diferentes. No pertenecen a estar juntos. En especial porque ella aún sigue marcada por el pasado. Y solo le desea que sea feliz con esa mujer. —¿Te encuentras bien? —preguntó Felipa dejando de poner los platos en la mesa y acercándose a su amiga. —Claro que sí, sabía que él y yo no podíamos estar juntos. Pero apresuremos, mis padres llegarán pronto y será difícil explicarles que el padre de mi bebé se casará hoy, pero ya no puedo ocultar
Javier camina por los pasillos de la mansión. Dirigiéndose hacia su oficina. Para cumplir con la orden de su padre. Ahí fue donde dejó su móvil. Su mente está llena de dudas mientras se acerca. No le agrada la idea de su padre, no está de acuerdo con casarlo a la fuerza con esa mujer tan mimada, pero no tiene idea de qué hacer al respecto. Pero sabe que si no le habla, su padre es capaz de ir por él y prefiere que su hijo venga y pueda oír lo que tiene planeado. Con la esperanza de ayudarlo. Recuerda cuando escuchó que su hijo sería papá; no puede negar que sí le impactó, pero se puso feliz en el fondo, aunque triste al conmemorar que él no actuó de la misma manera cuando supo que sería padre. Dándose cuenta del pésimo padre que ha sido. Al fin llega a la oficina, toma el teléfono, marcando el número de su hijo. Espera paciente unos segundos hasta que se escucha que contestan. —Hola, papá —habla Hades con tranquilidad. —Hola, hijo, ¿dónde estás? —preguntó algo dudoso Javier.







