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4. Un corazón destrozado

last update Fecha de publicación: 2026-09-01 00:45:22

«El perro fiel.»

Cerró los ojos.

Unos pasos apresurados rompieron el silencio a sus espaldas. Rápidos, pesados.

No tuvo tiempo de girarse.

Un brazo le cruzó la cintura y otro le atenazó el torso con una fuerza implacable. Claire soltó un grito ahogado mientras perdía el centro de gravedad. El entorno dio una vuelta vertiginosa —el cielo encapotado, las farolas, el asfalto— antes de que su espalda se estrellara contra un cuerpo que amortiguó la caída contra el suelo.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo?

La voz llegó rota, sin aliento.

Claire abrió los ojos.

Derric.

Tenía el pelo revuelto por el vendaval y una tensión en los rasgos que desdibujaba su habitual frialdad. Mantenía una mano cerrada con firmeza sobre la muñeca de ella, mientras la otra servía de apoyo contra el pavimento, a escasos centímetros de su cabeza.

—Suéltame —murmuró ella, con voz trémula.

Derric no cedió ni un milímetro.

—Por favor.

—No.

La negativa fue un susurro áspero.

Claire intentó zafarse para incorporarse, pero él la sujetó por los hombros, inmovilizándola.

—No voy a dejar que te vuelvas a acercar a ese borde.

—A ti no te importa.

El pecho de Derric se detuvo de golpe.

—¿Qué?

—No te importa. A nadie le importa.

Una sombra de furia y desconcierto le cruzó la mirada.

—No te atrevas a repetir eso.

Claire dejó escapar una risa agria que se quebró a medio camino.

—¿Por qué? Es la verdad.

—No lo es.

—Mis padres ni siquiera saben dónde estoy. Dereck está con Samantha. Y tú estás aquí solo porque él te encargó vigilarme.

Derric apretó los dientes, visiblemente contrariado.

—Estoy aquí porque te vi salir desencajada de ese sitio. Porque te marqué diez veces y no respondiste. Porque llevo dos horas recorriendo la ciudad de punta a punta buscándote.

Claire lo miró fijamente.

—¿Por qué?

La obstinación de ella pareció encender en él una rabia contenida

—¡Porque eres mi amiga, Claire!

El grito rasgó el aire y le vació los pulmones.

Derric se puso de pie primero y tiró de ella para ayudarla a incorporarse con cuidado. Claire intentó apoyar el peso, pero las piernas le temblaron hasta ceder. Él la sostuvo en el aire antes de que tocara el suelo.

Sin pedir confirmación, Derric pasó un brazo tras sus rodillas y la levantó en vilo.

Claire no tuvo fuerzas para oponer resistencia. Apoyó la frente contra su hombro. A través de la tela oscura de la camisa, sintió el galope desbocado del corazón de Derric y el temblor involuntario que le recorría los brazos.

La lucidez la golpeó despacio: Derric estaba aterrorizado. Por ella.

El vehículo permanecía a pocos metros, sobre la calzada, con las luces de emergencia parpadeando. Derric abrió la puerta del copiloto y la acomodó en el asiento con una delicadeza que contrastaba con la brusquedad del rescate. Luego se quitó el abrigo y la cubrió con él.

Claire contempló sus manos crispadas sobre el regazo.

—No me lleves a casa.

Derric cerró la puerta sin responder.

Rodeó el capó, ocupó el asiento del conductor y encendió la calefacción al máximo. Solo entonces giró el rostro hacia ella.

—No pensaba llevarte con ellos.

Claire alzó la mirada, desconcertada.

—¿Cómo sabes que...?

—Sé perfectamente quiénes son.

La contundencia de sus palabras disipó cualquier duda.

Derric puso el motor en marcha. Durante el trayecto, el silencio reinó en el habitáculo mientras las calles mojadas desfilaban tras el parabrisas. Claire se encogió en el asiento, arropada por un abrigo holgado que desprendía un aroma a madera y tabaco frío.

—¿Me llevas a un hospital? —preguntó al fin, con un hilo de voz.

Él mantuvo las manos firmes al volante.

—Quiero que te examine un médico.

El pánico la invadió de golpe.

—No.

Él desvió la vista un segundo.

—Claire...

—Avisarán a mis padres. Me ingresarán en algún centro psiquiátrico para taparlo todo. No quiero...

Las palabras se ahogaron en un nudo en la garganta.

Derric desaceleró con suavidad.

—Tranquila.

Claire parpadeó.

—No voy a entregarte a nadie esta noche. Tengo un médico de total confianza. Vendrá a mi departamento. Mañana decidiremos qué hacer.

Claire se cubrió el rostro con ambas manos cuando el primer sollozo incontenible le sacudió el pecho. Derric no intentó acallarla con frases vacías; simplemente subió un punto más el calor del coche.

En el aparcamiento subterráneo del edificio, Claire intentó sostenerse por su cuenta. Apenas dio dos pasos antes de que las rodillas amenazaran con doblarse.

Derric la sujetó de inmediato por la cintura.

—Suficiente orgullo por hoy.

—Puedo caminar sola.

—No, no puedes.

—Te voy a manchar la ropa.

Él bajó la mirada, mirándola con una mezcla de incredulidad y reproche.

—Estuviste a punto de matarte y te preocupa ensuciarme la camisa.

Claire apartó los ojos, avergonzada. Derric soltó un largo suspiro.

—Perdón. No era la forma de decirlo.

La guio hasta el ascensor. Durante el ascenso, Claire contempló su figura reflejada en el acero pulido de las paredes: parecía el espectro de una desconocida.

Al abrirse las puertas, Derric señaló un vestíbulo iluminado con luces tenues y cálidas.

—Esta noche te quedas aquí.

Claire avanzó un paso vacilante antes de detenerse.

—¿Por qué estás haciendo todo esto?

Derric se detuvo tras ella.

—Porque alguien debió haberlo hecho hace mucho tiempo.

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