ログインLiam Lannister es el capitán recto y sin tonterías de los Frostbite Wolves hasta que la liga intercambia a su rival más odiado directamente a su apartamento. Raphael Thorne es arrogante, peligrosamente atractivo y abiertamente bisexual. Durante dos temporadas ha atormentado a Liam en la pista con susurros sucios y golpes provocadores. Ahora está en el espacio de Liam: sin camisa, sonriendo con descaro y llamándolo "chico bonito" cada vez que puede. Liam lo odia. Odia las constantes burlas. Odia la forma en que el cuerpo de Raphael roza el suyo en su apartamento demasiado pequeño. Y definitivamente odia cómo su propio cuerpo está comenzando a reaccionar. Cuando una fiesta de bienvenida borracha termina con ellos pecho con pecho contra la pared, años de rivalidad explotan en algo crudo, enojado y peligrosamente adictivo. Lo que comienza como odio se convierte en noches desesperadas, de arañazos en las sábanas, llenas de besos mordidos, manos poderosas y el primer pecado de Liam al probar a un hombre que sabe exactamente cómo romperlo. En el hielo, son imparables. Fuera del hielo, están rompiendo todas las reglas. El odio nunca supo tan bien.
もっと見るCapítulo 1
El vestuario olía a sudor, gel frío y adrenalina. Liam Lannister estaba sentado en el banco, atándose los patines con tirones precisos y afilados, la mandíbula apretada mientras escuchaba el rugido lejano de la multitud filtrándose por el túnel.
Frostbite Wolves contra Shadow Reapers. La mayor rivalidad de la liga esta temporada. Y, por supuesto, ese tipo estaba en el otro equipo.
—Thorne ha estado hablando otra vez en la prensa —dijo su delantero derecho, Marcus, con una sonrisa—. Nos llamó blandos. Dijo que va a hacer que el capitán sea su perrito esta noche.
Algunos de los chicos se rieron. La boca de Liam se curvó en una sonrisa, pero no había humor en ella.
—Déjalo hablar —murmuró Liam, levantándose y estirando los hombros. Con 1,90 metros y noventa y siete kilos de puro músculo de hockey, no le preocupaban las tonterías de Raphael Thorne.
“Él juega fuerte porque sabe que no puede ganar en silencio.” Uno de los novatos resopló. “Ese tipo es un maldito marica con esa cara bonita y toda esa provocación. ¿Quién se cree que es?”
La risa de Liam fue corta y aguda. “No importa lo que sea. Esta noche lo callamos en el marcador.”
No le gustaba la forma en que algunos de los chicos lanzaban palabras así. No porque le importara un carajo el asunto de los demás, sino porque se sentía… blando. Afeminado. Los hombres de verdad resolvían las cosas con puños y goles, no quejándose de los sentimientos. ¿Y Raphael Thorne? Era el peor tipo de distracción. Todo espectáculo, todo boca, siempre tratando de tocarle los nervios.
Liam lo odiaba.
El equipo salió disparado hacia el túnel, el rugido del público local golpeándolos como una pared al pisar el hielo. La arena de los Wolves estaba eléctrica esta noche. Quince mil aficionados gritando sangre.
Liam salió a patinar para el calentamiento, con el palo en la mano, los ojos recorriendo el extremo opuesto de la pista. Y allí estaba él.
Raphael Thorne.
Incluso desde el otro lado del hielo, el bastardo destacaba. Alto, con los hombros anchos, el cabello oscuro visible bajo su casco, moviéndose con esa confianza perezosa y depredadora que hacía que los dientes de Liam rechinaran. Raphael captó su mirada casi de inmediato y sonrió con suficiencia, lento y deliberado.
Juego iniciado, idiota.
El silbato sonó. El juego comenzó rápido y sucio.
Raphael estaba sobre él desde el primer turno.
Se estrellaron juntos contra las tablas durante una batalla por el disco. El cuerpo de Raphael chocó contra el suyo, duro e inquebrantable, el aliento caliente contra el costado del casco de Liam.
“Te ves bien esta noche, Lannister,” murmuró Raphael, voz baja y burlona mientras forcejeaban. “Ese trasero se ve aún mejor cuando estás inclinado persiguiendo mis sobras.”
Liam lo empujó con un gruñido. “Cállate la puta boca, Thorne.”
Raphael simplemente se rió, el sonido burlón y despreocupado mientras se alejaba patinando. Pero no se detuvo allí. Cada enfrentamiento, cada carga, cada vez que estaban a menos de dos metros el uno del otro, Raphael continuaba con su constante corriente de provocaciones.
“¿Vas a seguir inclinándote así para mí, guapo?” lo provocó después de empujar a Liam contra el cristal. Su mano permaneció un segundo demasiado tiempo en la cadera de Liam. “Podría acostumbrarme a esta vista.”
La sangre de Liam hervía. Empujó su codo hacia atrás con más fuerza de la necesaria, ganándose una penalización, pero valía la pena para escuchar el gruñido de dolor de Raphael. Sabía que Raphael Thorne solo estaba haciendo esto para molestarlo y que estaba funcionando.
Para el segundo periodo, Liam estaba jugando como un hombre poseído. Cada burla lo impulsaba. Cuando Raphael susurró: “Cuidado, Capitán. Sigue jugando así y podría hacer que toques algo que realmente te guste cuando pierdas,” Liam respondió con un pase cruzado por toda la pista que llevó a un gol.
La multitud estalló.
Pero Raphael no se detuvo. Si acaso, se volvió más audaz.
Durante un cambio de línea cerca del banquillo, Raphael pasó patinando lentamente, con la voz lo suficientemente alta para que Liam escuchara: “Eres combativo cuando estás enojado. Bastante atractivo, Lannister. Me hace preguntarme qué más puede hacer esa boca.”
Liam casi dejó caer sus guantes en ese momento. Su rostro ardía de furia. La maldita audacia. El puro desprecio. Quería estrellar la cara engreída de Raphael contra el hielo.
En cambio, canalizó esa energía en el juego. Para el tercer periodo el marcador estaba empatado 2-2 y la tensión en la multitud era palpable.
Liam ganó un enfrentamiento limpiamente, atravesó la zona neutral a toda velocidad y lanzó un pase a Marcus, quien lo enterró en el ángulo superior con treinta segundos restantes.
Sonó el timbre.
Los Wolves ganan, 3-2.
Liam levantó los brazos mientras sus compañeros de equipo se lanzaban sobre él, gritando desenfrenadamente. Los aficionados locales estaban cantando su nombre. Se permitió una sonrisa feroz hacia el banquillo de los Reapers.
Raphael ya lo estaba mirando. Incluso en la derrota, ese bastardo estaba sonriendo con suficiencia. Patinó de largo en su camino hacia la línea de apretones de manos, con la voz baja e íntima.
“Disfruta esta noche, chico bonito. La próxima vez no tendrás tanta suerte.”
El puño de Liam se cerró dentro de su guante. “No habrá una próxima vez en la que te vayas con tus dientes, Thorne.”
La risa de Raphael lo siguió hasta el vestuario.
La celebración fue un caos. Botellas de agua se rociaban. La música retumbaba. Los chicos estaban medio vestidos, dándose palmadas en la espalda y gritando sobre la victoria. Liam se sentó en el banco, todavía emocionado, con el sudor corriendo por su espalda, cuando el entrenador asomó la cabeza.
—Lannister. Mi oficina. Ahora.
Algo en el tono del entrenador hizo que la sonrisa desapareciera del rostro de Liam.
Él lo siguió, con la toalla alrededor del cuello, todavía con la mitad de su equipo puesto. El entrenador cerró la puerta detrás de ellos.
—Gran victoria esta noche, capitán —empezó el entrenador—. Pero no tenía su habitual sonrisa feliz de celebración.
—Gracias —murmuró Liam, ya temiendo la conversación que se avecinaba.
El entrenador se frotó la mandíbula, incómodo. —Tengo algunas noticias de la directiva. El traspaso se hizo hace unos veinte minutos.
El estómago de Liam se tensó. —¿A quién conseguimos?
El entrenador exhaló. —Raphael Thorne.
Las palabras lo golpearon como un disparo directo al pecho.
—No —dijo Liam de inmediato—. No, joder. Dígales que cancelen el trato.
—No puedo. Ya está hecho. Es un cambio de juego, Lannister. Necesitamos su velocidad y visión si vamos a hacer una buena temporada este año.
Las manos de Liam se cerraron en puños a los costados. —Es un puto cáncer. El tipo ha estado intentando meterse en mi cabeza durante dos temporadas. Él es...
—Ahora está en nuestro equipo —dijo el entrenador con voz plana—. Y hay más. La situación con la vivienda es complicada a mitad de temporada. Todas las demás habitaciones son compartidas. La única individual que queda es la tuya.
Liam lo miró, la incredulidad chocando contra la furia.
—¿Me estás diciendo que tengo que compartir habitación con ese idiota?
El entrenador le dio una mirada compasiva que no ayudó en nada. —Solo hasta que resolvamos algo. Quizá uno o dos meses. Considéralo como unión de equipo.
Liam se rió, pero no había humor en ello. El sonido era crudo y enojado.
Unión de equipo. Con Raphael jodido Thorne.
El hombre que había pasado todo el partido susurrándole suciedad al oído. El hombre que lo llamó “chico bonito” como si fuera un maldito insulto. El hombre que hacía que la piel de Liam se erizara de disgusto y algo mucho más peligroso.
Iba a tener que compartir su habitación—su espacio privado de capitán—con la persona que más odiaba en toda la liga de hockey.
Liam se pasó una mano por el cabello húmedo, la mandíbula tan apretada que le dolía.
Esto iba a ser una pesadilla.
Raphael Thorne no era más que problemas. Y ahora se mudaba.
Capítulo 5El bajo retumbaba a través de las paredes de The Icehouse, el club exclusivo favorito del equipo en el centro. Luces de neón azules y blancas pulsaban sobre la pista de baile llena de gente, reflejándose en mesas de vidrio y columnas con espejos como fragmentos de hielo. Los Lobos habían reservado toda la sección VIP: servicio de botellas fluyendo libremente, cabinas de cuero privadas dispuestas en un círculo amplio, y un portero ubicado en la entrada para mantener fuera a la multitud regular. Risos y gritos ya llenaban el aire. Esto no era solo una salida nocturna. Era la fiesta de bienvenida oficial de Raphael Thorne, y los chicos estaban decididos a que fuera memorable.Liam sabía que tenía que asistir para demostrar espíritu de equipo y complicidad, o de lo contrario parecería un capitán amargado y taciturno que no podía aceptar que su rival se había convertido en el chico de oro de su equipo.Liam se sentó encorvado en la esquina del reservado más grande, tomando lo qu
Capítulo 4Las luces de la arena zumbaban sobre sus cabezas mientras el equipo salía al hielo para la práctica matutina. El aire frío mordía la piel expuesta de Liam, pero lo aceptaba. Agudizaba su concentración. Fue el primero en salir al hielo, golpeando el stick contra el hielo, mientras llamaba posiciones para los ejercicios de calentamiento. Trabajo de capitán. Siempre lo había sido.Raphael se unió al hielo poco después, deslizándose suavemente hacia el grupo como si perteneciera allí. La mandíbula de Liam se tensó al verlo. Ese tipo se movía con esa misma confianza sin esfuerzo que lo había irritado durante dos temporadas seguidas.El entrenador Harlan sopló su silbato con fuerza. “¡Lannister! Hoy estás emparejado con Thorne en la primera línea. Configuraciones de power play, salidas, todo el paquete. Ponlo al día.”¡Genial! ¡Simplemente genial!Liam maldijo entre dientes pero asintió. "Sí, entrenador."Comenzaron de manera sencilla: ejercicios de pase. Liam enviaba pases duros
Capítulo 3Los ojos de Liam se abrieron de golpe a las 4:07 a.m., la misma hora a la que su alarma interna había sonado durante años.La habitación aún estaba oscura, la ciudad fuera de la ventana tranquila, salvo por el ocasional zumbido distante del tráfico. Permaneció allí unos segundos, mirando el techo, antes de que el peso de la nueva realidad se asentara sobre él como una resaca terrible.Raphael Thorne estaba en su habitación. En su espacio. Respirando el mismo aire.Liam giró ligeramente la cabeza. La otra cama contenía una gran figura durmiendo bajo las cobijas. Raphael no se había movido mucho. Bien. Cuanta menos interacción, mejor.Se deslizó fuera de la cama silenciosamente, con los pies golpeando el piso frío. Se vistió en la oscuridad con sus calzoncillos de compresión, sudaderas, sudadera con capucha y sus zapatos de entrenamiento favoritos. En el baño, se cepilló los dientes, se splasheó agua en la cara y corrió mentalmente una breve lista de verificación para la prác
Capítulo 2Liam caminaba de un lado a otro de su apartamento como un animal en celo, las luces de la ciudad brillando burlonamente a través de las ventanas de piso a techo. La euforia de la victoria de anoche se había convertido en algo amargo y pesado en su pecho. Cada vez que cerraba los ojos, escuchaba la voz de Raphael, baja, burlona, sucia, susurrando esas malditas burlas en su oído sobre el hielo.Chico bonito.Inclínate para mí.Se pasó una mano por el cabello y se dejó caer en el sofá de cuero, con los codos sobre las rodillas. El apartamento siempre se había sentido como una recompensa. Como capitán, tenía la mejor unidad del complejo del equipo. Era una sala de estar y un dormitorio, una cocina que no se sentía como algo añadido de último momento, y suficiente espacio para respirar realmente. Ahora se sentía como una trampa.Las palabras del entrenador seguían repitiéndose. Solo te queda el izquierdo. La decisión de la dirección. Sin discusión. Raphael Thorne, capitán de los
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