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Provocando a mi compañero de habitación
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NABI CD

¿PROBLEMAS PARA LA MUDANZA?

last update Veröffentlichungsdatum: 31.10.2026 17:38:06

Capítulo 1

El vestuario olía a sudor, gel frío y adrenalina. Liam Lannister estaba sentado en el banco, atándose los patines con tirones precisos y afilados, la mandíbula apretada mientras escuchaba el rugido lejano de la multitud filtrándose por el túnel.  

Frostbite Wolves contra Shadow Reapers. La mayor rivalidad de la liga esta temporada. Y, por supuesto, ese tipo estaba en el otro equipo.  

—Thorne ha estado hablando otra vez en la prensa —dijo su delantero derecho, Marcus, con una sonrisa—. Nos llamó blandos. Dijo que va a hacer que el capitán sea su perrito esta noche.  

Algunos de los chicos se rieron. La boca de Liam se curvó en una sonrisa, pero no había humor en ella.  

—Déjalo hablar —murmuró Liam, levantándose y estirando los hombros. Con 1,90 metros y noventa y siete kilos de puro músculo de hockey, no le preocupaban las tonterías de Raphael Thorne.

“Él juega fuerte porque sabe que no puede ganar en silencio.” Uno de los novatos resopló. “Ese tipo es un maldito marica con esa cara bonita y toda esa provocación. ¿Quién se cree que es?”

La risa de Liam fue corta y aguda. “No importa lo que sea. Esta noche lo callamos en el marcador.”

No le gustaba la forma en que algunos de los chicos lanzaban palabras así. No porque le importara un carajo el asunto de los demás, sino porque se sentía… blando. Afeminado. Los hombres de verdad resolvían las cosas con puños y goles, no quejándose de los sentimientos. ¿Y Raphael Thorne? Era el peor tipo de distracción. Todo espectáculo, todo boca, siempre tratando de tocarle los nervios.

Liam lo odiaba.

El equipo salió disparado hacia el túnel, el rugido del público local golpeándolos como una pared al pisar el hielo. La arena de los Wolves estaba eléctrica esta noche. Quince mil aficionados gritando sangre.

Liam salió a patinar para el calentamiento, con el palo en la mano, los ojos recorriendo el extremo opuesto de la pista. Y allí estaba él. 

Raphael Thorne.

Incluso desde el otro lado del hielo, el bastardo destacaba. Alto, con los hombros anchos, el cabello oscuro visible bajo su casco, moviéndose con esa confianza perezosa y depredadora que hacía que los dientes de Liam rechinaran. Raphael captó su mirada casi de inmediato y sonrió con suficiencia, lento y deliberado.

Juego iniciado, idiota.

El silbato sonó. El juego comenzó rápido y sucio.

Raphael estaba sobre él desde el primer turno.

Se estrellaron juntos contra las tablas durante una batalla por el disco. El cuerpo de Raphael chocó contra el suyo, duro e inquebrantable, el aliento caliente contra el costado del casco de Liam.

“Te ves bien esta noche, Lannister,” murmuró Raphael, voz baja y burlona mientras forcejeaban. “Ese trasero se ve aún mejor cuando estás inclinado persiguiendo mis sobras.”

Liam lo empujó con un gruñido. “Cállate la puta boca, Thorne.”

Raphael simplemente se rió, el sonido burlón y despreocupado mientras se alejaba patinando. Pero no se detuvo allí. Cada enfrentamiento, cada carga, cada vez que estaban a menos de dos metros el uno del otro, Raphael continuaba con su constante corriente de provocaciones. 

“¿Vas a seguir inclinándote así para mí, guapo?” lo provocó después de empujar a Liam contra el cristal. Su mano permaneció un segundo demasiado tiempo en la cadera de Liam. “Podría acostumbrarme a esta vista.”

La sangre de Liam hervía. Empujó su codo hacia atrás con más fuerza de la necesaria, ganándose una penalización, pero valía la pena para escuchar el gruñido de dolor de Raphael. Sabía que Raphael Thorne solo estaba haciendo esto para molestarlo y que estaba funcionando.

Para el segundo periodo, Liam estaba jugando como un hombre poseído. Cada burla lo impulsaba. Cuando Raphael susurró: “Cuidado, Capitán. Sigue jugando así y podría hacer que toques algo que realmente te guste cuando pierdas,” Liam respondió con un pase cruzado por toda la pista que llevó a un gol.  

La multitud estalló.  

Pero Raphael no se detuvo. Si acaso, se volvió más audaz.  

Durante un cambio de línea cerca del banquillo, Raphael pasó patinando lentamente, con la voz lo suficientemente alta para que Liam escuchara: “Eres combativo cuando estás enojado. Bastante atractivo, Lannister. Me hace preguntarme qué más puede hacer esa boca.”  

Liam casi dejó caer sus guantes en ese momento. Su rostro ardía de furia. La maldita audacia. El puro desprecio. Quería estrellar la cara engreída de Raphael contra el hielo.  

En cambio, canalizó esa energía en el juego. Para el tercer periodo el marcador estaba empatado 2-2 y la tensión en la multitud era palpable.

Liam ganó un enfrentamiento limpiamente, atravesó la zona neutral a toda velocidad y lanzó un pase a Marcus, quien lo enterró en el ángulo superior con treinta segundos restantes.

Sonó el timbre.

Los Wolves ganan, 3-2.

Liam levantó los brazos mientras sus compañeros de equipo se lanzaban sobre él, gritando desenfrenadamente. Los aficionados locales estaban cantando su nombre. Se permitió una sonrisa feroz hacia el banquillo de los Reapers.

Raphael ya lo estaba mirando. Incluso en la derrota, ese bastardo estaba sonriendo con suficiencia. Patinó de largo en su camino hacia la línea de apretones de manos, con la voz baja e íntima.

“Disfruta esta noche, chico bonito. La próxima vez no tendrás tanta suerte.”

El puño de Liam se cerró dentro de su guante. “No habrá una próxima vez en la que te vayas con tus dientes, Thorne.”

La risa de Raphael lo siguió hasta el vestuario.

La celebración fue un caos. Botellas de agua se rociaban. La música retumbaba. Los chicos estaban medio vestidos, dándose palmadas en la espalda y gritando sobre la victoria. Liam se sentó en el banco, todavía emocionado, con el sudor corriendo por su espalda, cuando el entrenador asomó la cabeza. 

—Lannister. Mi oficina. Ahora.

Algo en el tono del entrenador hizo que la sonrisa desapareciera del rostro de Liam.

Él lo siguió, con la toalla alrededor del cuello, todavía con la mitad de su equipo puesto. El entrenador cerró la puerta detrás de ellos.

—Gran victoria esta noche, capitán —empezó el entrenador—. Pero no tenía su habitual sonrisa feliz de celebración.

—Gracias —murmuró Liam, ya temiendo la conversación que se avecinaba.

El entrenador se frotó la mandíbula, incómodo. —Tengo algunas noticias de la directiva. El traspaso se hizo hace unos veinte minutos.

El estómago de Liam se tensó. —¿A quién conseguimos?

El entrenador exhaló. —Raphael Thorne.

Las palabras lo golpearon como un disparo directo al pecho.

—No —dijo Liam de inmediato—. No, joder. Dígales que cancelen el trato.

—No puedo. Ya está hecho. Es un cambio de juego, Lannister. Necesitamos su velocidad y visión si vamos a hacer una buena temporada este año.

Las manos de Liam se cerraron en puños a los costados. —Es un puto cáncer. El tipo ha estado intentando meterse en mi cabeza durante dos temporadas. Él es...

—Ahora está en nuestro equipo —dijo el entrenador con voz plana—. Y hay más. La situación con la vivienda es complicada a mitad de temporada. Todas las demás habitaciones son compartidas. La única individual que queda es la tuya.

Liam lo miró, la incredulidad chocando contra la furia.

—¿Me estás diciendo que tengo que compartir habitación con ese idiota?

El entrenador le dio una mirada compasiva que no ayudó en nada. —Solo hasta que resolvamos algo. Quizá uno o dos meses. Considéralo como unión de equipo.

Liam se rió, pero no había humor en ello. El sonido era crudo y enojado.

Unión de equipo. Con Raphael jodido Thorne.

El hombre que había pasado todo el partido susurrándole suciedad al oído. El hombre que lo llamó “chico bonito” como si fuera un maldito insulto. El hombre que hacía que la piel de Liam se erizara de disgusto y algo mucho más peligroso.

Iba a tener que compartir su habitación—su espacio privado de capitán—con la persona que más odiaba en toda la liga de hockey.

Liam se pasó una mano por el cabello húmedo, la mandíbula tan apretada que le dolía.

Esto iba a ser una pesadilla.

Raphael Thorne no era más que problemas. Y ahora se mudaba.

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