LOGINSin importar cuanto lo intentara, Dan no podía alejar la mirada de su celular. La foto de Skylar y James besándose lo hacía sentir como si alguien le hubiera enterrado un puñal en el pecho y no dejara de retorcerlo.
No entendía como había confiado ciegamente en ella para que luego terminar descubriendo que no era mejor que el resto de mujeres. Había estado en busca de algo.
Maldijo la hora en la que la había metido en su vida.
En un arranque de furia agarró el celular y lo aventó contra la pared, no soportaba seguir viendo aquella foto, aunque no sirvió de mucho. La imagen nunca saldría de su cabeza, la tenía grabada en su memoria a todo detalle.
Se levantó de su asiento, dispuesto a salir de allí. Miró su reloj de muñeca para comprobar la hora. Eran cerca de las dos de la mañana. Necesitaba salir del hotel antes de pensar en hacer algo estúpido como ir en busca de Skylar para pedirle explicaciones. No importaba cuantas estuviera intentando convencerse de lo contrario, todavía la necesitaba.
Salió de la oficina y se acercó a recepción para pedir que alguien le trajera su auto. Minutos después se encontraba en la pista sin un rumbo en específico. ¿A dónde podía ir a esa hora de la madrugada? La idea de ir a un club no parecía nada tentadora, lo menos que necesitaba en ese momento era estar rodeado de personas.
Condujo por horas sin rumbo y sin poder sacarse a Skylar de la cabeza. No podía creer que lo suyo había acabado, aunque quizás había sido en el mejor momento, antes de actuar como un estúpido pidiéndole que formalizaran su relación. El cuál era su plan desde hace unos días y había pensado llevarlo a cabo esa noche.
Soltó una risa y golpeó el volante con una mano. Seguro ella habría encontrado alguna excusa para que eso no sucediera. ¿Cuándo había perdido la cabeza por una mujer?
Skylar tenía un poder sobre él que ninguna otra persona había ostentado y eso lo hacía débil. Era hora de corregirlo.
Cuando él día comenzó a aclararse, se dirigió a su departamento. Estaba tan cansado que creyó que se quedaría dormido en cuanto se recostara. Sin embargo, constantemente se encontró buscando a Skylar entre las sábanas y tratando de captar algo de su esencia impregnada en la almohada.
Para cuando llegó las siete de la mañana había logrado dormitar apenas media hora y no creía que fuera a lograr nada más. Frustrado, se levantó y tomó una ducha para despejar la mente. Aunque era domingo, quedarse en cama no ayudaría en su estado de humor.
Después de desayunar lo primero que pudo preparar, se dirigió a su despacho con la firme idea utilizar el trabajo para desterrar a Skylar de su mente. Eso no funcionó para nada. Cuanto más intentaba no pensar en ella, más lo hacía.
—¡Maldición! —gritó frustrado colocando el archivo que estaba leyendo sobre la mesa. Ni siquiera estaba seguro de cuantas veces lo había leído y hasta ahora no sabía de qué trataba.
No entendía como una mujer podía ser capaz de anular su concentración.
El teléfono del departamento comenzó a sonar sacándolo de su conflicto interno. Sin ningún apuro se acercó a él y lo levantó. Su madre habló desde el otro lado.
—¿Qué pasó con tu celular? —preguntó ella después de saludarlo—. Intenté contactarte un par de veces, pero en cada ocasión sonaba apagado.
—Se rompió, lo cambiaré tan pronto como pueda. —Técnicamente no estaba mintiendo—. ¿Qué necesitas, mamá? Estoy ocupado justo ahora, estoy trabajando. —O al menos lo estaba intentando mientras se desquitaba con unas hojas de papel que no podían solucionar nada.
Quería volver en el tiempo y no haber visto aquella imagen.
Su madre soltó un suspiro que dejaba claro lo que opinaba.
—Es fin de semana, porque no haces algo más. Eres joven para morir enterrado en trabajo.
—¿Qué curioso yo creí que por la forma en la que insistes en que siente cabeza, estaba cerca de mis días finales? —intentó bromear, pero le salió con ironía.
—Dan. —El tono de su madre dejó claro que no le había gustado su forma de hablarle.
Tomó un respiro profundo. Podría tener la edad que fuera, pero respetaba a su madre y no iba a discutir con ella. Además, su padre no se lo tomaría bien.
—Lo siento, mamá. Es solo que estoy teniendo algunos problemas.
—¿Quieres hablar sobre ello?
—Yo… no creo.
—Está bien, hijo. Te quiero.
—Yo también te quiero, mamá.
Dio por terminada la llamada y luego fue en busca del celular de repuesto que tenía en su armario para casos de emergencia. Le colocó el chip de su anterior celular y lo colocó a cargar. Después llamó a William.
No era capaz de hacer nada, eso ya había quedado demostrado. Lo que necesitaba era algo de distracción y salir de su departamento donde todo le recordaba a Skylar.
—¿Qué hay, hermano?
—Estás ocupado.
—No, precisamente. Llegué está madrugada de mi viaje y acabo de levantarme.
En su premura por llamarlo, ni siquiera se había recordado que él había estado fuera de la ciudad la última semana y por ese mismo motivo no había ido a la fiesta en el hotel.
—¿Qué tal la noche?
—Ya sabes, lo de siempre. ¿Tienes algún plan para hoy?
—Quedarme en casa todo el día.
—Llegaré en una hora.
—Por supuesto, te espero.
William vivía a afueras de la ciudad. Él podía permitirse aparecer en su compañía solo cuando la situación realmente lo ameritaba. Y debido a que los medios eran su trabajo, prefería estar alejado del centro de atención tanto como podía.
En cuanto llegó, el salió a recibirlo. No pasó por alto la mirada evaluativa que le dio, seguro iba a hacer muchas preguntas. Tal vez no había sido buena idea ir con él.
—Te ves como si alguien te hubiera dicho que tu mascota murió —dijo él en cuanto entraron a la sala. William se acercó a su bar y sirvió un par de vasos de whisky y le alcanzó uno—. Y ambos sabemos que no tienes una ¿Así que, que sucede?
—No quiero hablar de ello —respondió cortante.
Revolvió el contenido de su vaso y luego se lo bebió de un solo trago.
—¿Seguro? Algunas personas me han dicho que soy buen consejero.
Soltó una risa desprovista de humor.
—Seguro que fue un hombre que estaba ebrio o una mujer cegada por tus encantos.
—¿Acaso importa mucho quién fue?
—Buen punto. De todas formas, parecer habértelo creído.
William soltó una carcajada sin parecer nada ofendido.
—Hagamos algo, preparemos esa barbacoa que lleva pendiente desde hace un tiempo y quizás después decidas abrirte a mí. Ya encendí la parrilla, es hora de que hagas tu magia con la carne.
En todo momento William y él se mantuvieron hablando sobre trabajo. Cosas que no lo hacían sentir incómodo y para después del almuerzo casi había logrado olvidarse de que lo había dejado en un estado deplorable. Casi.
Después de la comida se sentaron a tomar algunas cervezas y supo que William estaba a punto de volver al ataque.
—¿Entonces? —preguntó él dándole la razón.
Bebió del contenido de su botella solo para no responder.
—¿Tiene que ver con la señorita Rogers? —insistió su amigo.
La sola mención de ella lo molestó.
—Te dije que no quería hablar sobre ello.
—Tomaré eso como un sí. ¿Qué hiciste?
—¿Por qué asumes que fui yo?
—No lo sé —dijo él encogiéndose de hombros—. Instinto.
—Pues te equivocas —musitó antes de empezar a contarle a grandes rasgos lo sucedido.
—No puedo creer que te involucraras con alguien que es parte de tu personal. Tenía mis sospechas, pero no estaba seguro. Siempre has sido cuidadoso al respecto.
—¿Es todo lo que dirás?
—¿Qué más esperas que diga? Puede que sea cierto o puede que no, nunca lo sabremos porque no te detuviste a escucharla. Lo cual me dice bastante de tus sentimientos por ella. Eres de las personas de las que maneja todo con la cabeza fría, pero no en esta ocasión. —Él se llevó la botella a la boca antes de continuar—. En fin, quizás era lo mejor. Se estaba poniendo serio y pareces no estar preparado para ello.
—No tiene nada que ver conmigo.
—Amigo, mi trabajo es decir las cosas como son. No mates al mensajero.
No estaba seguro que sentir. Quiera creer que todo había sido un malentendido, pero era imposible no enfurecerse cada vez que recordaba a Skylar en brazos de James como tantas veces había estado en los suyos.
Los dos se quedaron en silencio y se perdió en sus pensamientos.
El lunes llegó más rápido de lo que le hubiera gustado. No estaba seguro que encontraría al llegar a la empresa, en algún rincón de su mente pensó que Skylar no se aparecería. Pero al igual que cualquier otra mañana ella ya estaba en su escritorio cuando llegó. Se detuvo a unos pasos, aprovechó que ella no parecía haberlo escuchado para observarla. Intentó en su rostro… Ni siquiera sabía que es lo que estaba buscando con exactitud.
De pronto, Skylar levantó la mirada en un momento y notó su presencia. Por un instante los dos se quedaron mirándose el uno al otro.
—Señor Harris, buenos días —dijo ella poniéndose de pie.
Ella no esquivo su mirada y mantuvo la espalda recta. Incluso en un momento como ese ella se mantuvo tan orgullosa.
Sin responder continuó hacia su oficina. Ella lo siguió al interior, pero a diferencia de otras ocasiones dejó la puerta abierta y empezó a recitarle todos los pendientes. Todo lo que Dan vio fue su boca moviéndose y quiso acercarse a ella para besarla y borrar el recuerdo de James de sus labios.
—Puedes retirarte —dijo con brusquedad y mirando su computadora para dejar claro el mensaje. No quería verla.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







