LOGINTodavía estaba pensando en su encuentro con Jenna cuando regresó al salón principal. Esa mujer era insoportable y no entendía como Dan había creído en su arrepentimiento. Para ser muy astuto en los negocios podía no serlo con otras cosas.
Recorrió el lugar con la mirada en su búsqueda, pero no pudo ubicarlo. Decidió ir al bar y quizás él la vería allí. Estaba cansada, sus pies la estaban matando y no veía la hora de irse a dormir.
Últimamente se sentía más cansada de lo normal y según le había dicho el doctor eso era normal debido a que el embarazo consumía bastante energía. También le había dado algunas recomendaciones que Skylar ya había comenzado a poner en práctica. Aunque su embarazo había sido una sorpresa, quería hacer lo mejor para su bebé.
No estaba segura si se trataba de las hormonas, pero ahora sonreía cada vez que pensaba en la pequeña vida dentro de ella. Y solo esperaba que Dan compartiera su emoción. Mentiría si dijera que le bastaba con que se hiciera cargo de su hijo, pero eso era lo que más le importaba por el momento.
Al llegar a la barra vio a James sentado en uno de los extremos. Era la primera vez en toda la noche y para ser honesta ni siquiera había pensado en él hasta ese momento.
Se acercó a él y colocó una mano en su hombro mientras se sentaba a su lado.
—James.
Él giró la cabeza hacia ella y bastó un vistazo a su rostro para saber que estaba ebrio, o estaba cerca de estarlo.
—Skylar —dijo él con una sonrisa melancólica.
Temió que algo malo le hubiera pasado. Nunca lo había visto tan triste.
—¿Hace cuánto estás aquí?
—Eh… No lo sé con exactitud. —James prácticamente arrastraba las palabras al hablar—. ¿Por qué no bebes conmigo? —Alzó la mano para llamar al barman.
Ella miró al hombre y negó con la cabeza para que no se acercara.
—Deberías ir a descansar, Dan va estar molesto si te ve así.
James hizo una mueca.
—Él es el único que te importa ¿verdad?
—¿De qué hablas?
—Ahora sé porque nunca tuve una oportunidad contigo —dijo él cada vez más alto—. Yo los vi juntos.
Skylar se dio cuenta de que comenzaban a llamar la atención de las personas que estaban más cerca.
—¿Quién lo iba a creer? Te quiero Skylar, pero a ti no te importa romperme el corazón.
—Basta, James —dijo con severidad, ya habían llamado la atención de demasiadas personas y non quería saber lo que estaban imaginándose—. Te llevaré a tu habitación.
Emma, por orden de dan, había reservado habitaciones para todos los miembros de la familia y para Skylar para que nadie tuviera que manejar tan tarde o bajo los efectos del alcohol. Esa había sido la mejor decisión.
Si no se preocupara por James, lo habría dejado allí sin una mirada atrás; pero incluso después de su pequeño show, seguía siendo su amigo. Los padres de Dan probablemente ya se habían marchado, e incluso si no fuera así no quería malograrles la noche.
Esperó que él se negará, pero simplemente asintió y se levantó sujetándose al taburete, pero en cuanto se soltó se tambaleó y Skylar temió que se fuera a caer. Se colocó a su lado, tomó su brazo y lo colocó por encima de sus hombros. Con la otra mano lo sujeto de la espalda.
—Gracias, preciosa —dijo él.
Manteniendo una sonrisa tranquila en el rostro se las arregló para llegar hasta la puerta que para su buena suerte no estaba demasiado lejos. James no se tambaleó ni una sola vez, incluso parecía demasiado sobrio. Ambos lograron llegar al ascensor sin hacer ningún otro espectáculo.
En el ascensor él apoyo la cabeza sobre la pared y cerró los ojos, no los abrió incluso cuando llegaron a su piso; pero de alguna manera Skylar podía decir que no se había quedado dormido.
—James —llamó y él la miró.
Le señaló el camino, esta vez no se ofreció a ayudarlo. Comprobó que podía caminar por su cuenta.
James se detuvo frente a su puerta y ella le pidió la tarjeta de acceso.
—¿Por qué Dan? —preguntó él en lugar de entregarle lo que le estaba pidiendo.
—¿Dónde está tu tarjeta?
Él no estaba en condiciones de hablar. No estaría lo suficientemente ebrio para caerse, pero si para pensar claramente.
—Solo quiero saber porque él. Yo podría darte lo mismo. Sé que a veces no actuó como un hombre maduro, pero no saltó de cama en cama. Dan nunca ha tomado en serio a una mujer. Te romperá el corazón cuando se canse de ti.
Estaba cerca de perder la paciencia. Ni James, ni Jenna, tenían el derecho de decir lo que haría Dan con ella solo en para lograr lo que querían. Si James lo habría hecho porque se preocupaba por ella, lo habría entendido.
—Lo que suceda entre él y yo solo nos compete a nosotros —dejó en claro—. Ahora, o me das la tarjeta, o te dejo justo aquí —dijo extendiendo la mano.
James la observó en silencio y unos segundos después él se la entregó.
Sin demora la pasó por la ranura de acceso y abrió la puerta para dejarlo entrar. En ningún momento se movió más allá del umbral de la puerta.
—Aquí tienes —dijo extendiéndole la tarjeta.
Él estiró la mano, pero no la tomó; en su lugar la sujetó de la muñeca y la jaló hacia él. El movimiento la tomó por sorpresa. Levantó las manos por acto reflejo y terminó apoyándolas en su pecho. James la sujetó del rostro y, antes de que se diera cuenta de lo que estaba pasando, él la besó.
Por unos segundos se quedó quieta, pero luego uso las manos para empujarlo. Él trastabilló, pero logró recuperar el equilibrio.
Estaba furiosa y no se detuvo a pensar, tan solo levantó su mano derecha y le propinó una cachetada.
James la miró asombrado, pero no se disculpó.
Se alejó de prisa por el pasillo para regresar al primer piso. Quería retirarse de la fiesta, pero primero tenía que encontrar a Dan. Él debía de estar preocupado. Debía haber cogido su celular; pero había asumido que no lo necesitaría. Solo ella andaba sin celular en pleno siglo XXI.
No necesito ir demasiado lejos para encontrar a Dan. Apenas puso un pie fuera del ascensor, él estuvo delante de ella y no lucía nada contento.
«¿Y ahora qué pasó?», se preguntó sintiendo que la noche parecía que no iba a acabar nunca.
—¿Qué… —empezó a preguntar.
Él la tomó de la mano y la llevó a través de un pasadizo hasta una de las oficinas. Prácticamente tuvo que correr para igualar sus pasos.
Al menos eso le daría la privacidad para contarle lo que había pasado, aunque al ver su rostro pensó si sería una buena idea decírselo en ese momento.
—¿Qué te sucede? —preguntó cuándo él se quedó simplemente viéndola.
—¿Qué demonios significa esto? —dijo él con dureza y colocó con fuerza su teléfono sobre la mesa.
Se acercó y lo tomó. En cuanto vio la imagen que estaba allí muchas preguntas le vinieron a la mente. La principal: ¿quién demonios se la había tomado?
—Esto no es lo que imaginas.
En la foto que estaba viendo estaban James y ella besándose, pero a diferencia de lo que había sucedido en realidad, ella parecía estar apoyada en él como si estuviera de acuerdo.
—No, no necesito imaginar nada, la foto lo deja claro.
—Porque no te calmas y hablamos con tranquilidad, te aseguró que hay una explicación.
—¿Esa no eres tú?
—Sí —dijo sin perder la compostura, pero antes de que pudiera decir algo más él volvió a hablar.
—¿Y el otro no es mi primo?
—Sí, pero…
—Te retiraste con James de la fiesta después de que te confiese su amor en público y luego estás frente a su habitación besándote con él.
Debió suponer que la gente no se quedaría callada.
—¿Es que acaso estás jugando con ambos?
—¡¿Qué demonios estás insinuando?! —gritó. Había perdido la paciencia.
Dan no parecía querer escucharla, ni siquiera le estaba dando oportunidad de hablar. Creía que él confiaba en ella, pero ya podía ver que no era así.
Él le dio una sonrisa irónica.
La estaba lastimando con su actitud, pero, si creía que se iba a poner a llorar y suplicar, podía conseguirse un asiento y esperar por el resto de su vida. No había hecho nada malo.
—Hacerte la indignada no va funcionar. Ahora entiendo todo.
—Entonces, explícame — dijo entre dientes—. Porque es seguro que yo estoy cada vez más perdida.
—Era de James de quien tenías miedo de que se enterara de lo nuestro. Querías asegurarte de tener a alguno de los dos en caso no pudieras atar al otro. Los dos con dinero suficiente para mantenerte bien.
Si eso es lo que pensaba de ella, no quería tener nada más que ver con él.
—Continúa, me interesa saber que más hice.
—Incluso lo llevaste a tu casa y lo presentaste a tu familia.
Él estaba sacando todo de contexto.
Un escalofrío la recorrió al darse cuenta de lo que estaba pasando. Dan no podía ser tan estúpido, solo estaba usando a James como una excusa.
«¡Mierda, duele tanto!», pensó.
Empezó a mover los brazos para llevárselos al pecho y abrazarse; pero las devolvió a su lugar. No iba a darle ninguna muestra de debilidad.
—¿Terminaste? —Esperó que él dijera algo, pero cuando no lo hizo continuó—. Debes estar feliz de que esto sucediera, tienes la excusa que necesitabas para terminar con esto. Habría bastado con un “me cansé de ti”, incluso lo habría apreciado; pero no.
—No trates de pintarte como la víctima. —Su indiferencia la lastimó, pero se mantuvo imperturbable.
—Jódete —dijo antes de marcharse dejándolo allí.
Prácticamente corrió hasta el ascensor, una vez dentro se apoyó en la baranda y respiró tratando de controlar las náuseas. Cuando sintió que no iba a devolver todo lo que había comido, se retiró los zapatos.
El tiempo que el ascensor tardó en llegar a su piso, se sintió como una eternidad y cada paso de allí hasta su habitación le costó esfuerzo.
Tan pronto estuvo encerrada, derramó las lágrimas que había logrado aguantar todo el camino. Lloró en silencio sintiéndose miserable.
¿Cómo es que la noche se había arruinado tanto?
Se suponía que ese día iba a ser especial. Se suponía que le iba a decir a Dan sobre su bebé y había tenido la esperanza de que él se sintiera feliz.
Se llevó la mano al vientre y lo acarició mientras trataba de tranquilizarse.
Lily no podía dejar de sonreír. Unos minutos atrás William y ella habían sido declarados marido y mujer, ahora era oficialmente una mujer casada. Aunque William formaba parte de su vida desde un tiempo considerable, sentía que algo había cambiado. El matrimonio era un nuevo nivel de compromiso y quizás la asustaba, pero estaba segura de que harían lo mejor para que todo resultara bien. William la llevó hacia el otro lado del jardín donde alguien había dispuesto las mesas para que disfrutaran del banquete. Había sido decisión de ambos que la boda se llevara en la casa que ambos compartían. Era el lugar perfecto, en especial porque no habían invitado a demasiadas personas, solo las más cercanas. Sus invitados los detuvieron para felicitarlos, pero William no la soltó en ningún momento.—Felicidades, niña &md
—¡Wow! Esto sí que es —Lily dio un giro observando todo a su alrededor—… hermoso. William había preparado una cena especial en su casa para celebrar su primer año juntos. No estaba seguro de como el tiempo había transcurrido tan rápido. Con frecuencia sentía que había sido apenas el día anterior cuando la conoció. Esa noche era especial y había querido que todo fuera perfecto. Con la ayuda de su madre y la de una organizadora de eventos se había asegurado de adornar el jardín. Tal vez se había excedido un poco con los detalles, pero a Lily parecía gustarle todo y eso era suficiente para calmar sus nervios. Las cosas no habían sido del todo fáciles desde que estaban juntos. Las relaciones nunca lo eran, los problemas siempre existirían, la cuestión era poder superarlos juntos. Uno de los momentos más difíciles había sucedido un par de meses atrás, cuando tuvo que permanecer fuera del país por casi tres semanas. La distancia había sido horrible y casi s
Lily soltó un gemido cuando los labios de William abandonaron los suyos y se deslizaron a lo largo de su cuello al mismo tiempo que sus manos se arrastraban desde su abdomen hasta sus senos. Le retiró el sujetador y comenzó a jugar con ellos. Él le dio un pellizcó a sus pezones antes de acariciarlos con suavidad.Sus manos se aferraron a las sábanas debajo de ella en un intento por aplacar el intenso placer que estaba sintiendo. Las manos de William se sentían como llamas de fuego acariciándola. William se entretuvo un tiempo en sus senos y luego llevo las manos hasta sus bragas para retirárselos. Ella levantó las caderas para facilitarle las cosas.Ella estaba tendida encima de la cama, completamente desnuda, y él aún permanecía vestido. Se sintió cohibida, pero le gustó la mirada de deseo y admiración que él tenía. Nunca antes se
—Eso no salió tan mal —comentó William.Lily y él llevaban una semana saliendo y esa noche se habían reunido con Noah. El hombre era bastante agradable y lo que era más importante se preocupaba sinceramente por ella. Si no fuera porque lo sabía mejor, habría pensado que eran padre e hija.Lily adoraba darle órdenes al hombre respecto a casi todo. Ella tenía las indicaciones sobre la dieta que él debía llevar después de que había sufrido un ataque de infarto y se aseguraba de que la cumpliera.Noah había rodado los ojos cada vez que Lily le había hecho una pregunta al respecto, pero había visto el brillo de aprecio en sus ojos.—No, si no cuentas la discusión sobre si los Jets son mejor que los Giants. —Lily sonrió divertida.—Todo el mundo sabe que los…—No, por favor otra ve
Lily debería haberse quedado en la cocina, pero había escuchado el cambio de voz de William y no había podido evitar acercarse a averiguar que había cambiado su humor con tanta rapidez. Cuando había estado cerca escuchó la voz de una mujer y trató de contener los celos al pensar que se trataba de alguna de sus amantes.No lo había logrado con demasiado éxito y debido a eso había terminado diciéndole “cariño” y como si fuera poco se había tomado la libertad al acercarse al intercomunicador para deshacerse de la mujer.—¿Estás molesto? —preguntó al ver pasar los segundos sin que William dijera nada.Él solo la observaba en silencio y la comenzaba a hacer sentir nerviosa.—¿Cómo me llamaste?Intentó controlar el sonrojo en su rostro. No esperaba que él se hubiera dado cuenta de
—¿Quieres ir a mi departamento a cenar? —preguntó William en cuanto arrancó su auto. Acababan de dejar a James en su departamento, ya no le desagradaba tanto, pero estaba feliz de no tener que soportarlo más—. Considéralo una pre-cita.Todavía no estaba listo para perder a Lily de vista, el fin de semana había acabado demasiado rápido. Sabía que tenía tiempo, ahora que estaban juntos; pero eso no hacía nada por tranquilizarlo.—No sabía que eso existía —respondió Lily divertida.—Claro que sí, es como un ensayo para la cita a la que pienso llevarte pronto.—Suenas muy seguro de ti mismo. —Ella hizo una pausa antes de hablar otra vez—. No estoy segura, mañana debo de trabajar y mi jefe estará más exigente de lo normal.Había logrado averiguar más sobre el tal







