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Capítulo 3

Author: Sofí Valiente
Noelia no podía dormir.

Ya llevaba demasiadas preocupaciones acumuladas, y la aparición de Marcos hizo que no encontrara paz. Hacia las tres o cuatro de la madrugada logró dormirse un rato, pero pronto el despertador volvió a sacarla del sueño.

Noelia apagó la alarma y entró al baño para asearse y maquillarse, cubriendo con cuidado las heridas de la cara. Cuando terminó de arreglarse, fue a despertar a su hija, Cecilia.

—Mamá, ¿por qué estos días llevas siempre gorra y gafas de sol? —preguntó Cecilia, curiosa.

—Porque me hice un tratamiento en la piel. El médico dijo que necesito cubrirme bien la cara para que se recupere más rápido.

La noche en que Pablo la golpeó, Cecilia ya estaba dormida, así que no vio nada.

Noelia se sintió aliviada de que la niña no lo hubiera presenciado; si pudiera elegir, desearía que su hija jamás tuviera que vivir una experiencia tan traumática.

—Mamá, ya eres muy bonita. No hace falta que te hagas tratamientos —Cecilia la abrazó por el cuello—. Para mí, eres la mamá más hermosa del mundo.

A Noelia se le llenó el corazón de ternura.

Desde pequeña, Cecilia había sido obediente y considerada. Su nacimiento sanó el corazón destrozado que Noelia tenía en ese entonces; su hija era la redención que el cielo le concedió después de empujarla cruelmente hacia la desesperación.

—Gracias por el cumplido, cariño. Para mí, tú eres la niña más hermosa. Vamos a levantarnos y a prepararnos para ir al jardín, ¿sí?

—Sí.

Noelia besó a su hija y la llevó a cambiarse y a bañarse.

Después del desayuno, madre e hija charlaron mientras esperaban el ascensor en el pasillo. Cuando las puertas se abrieron, Noelia quedó paralizada: Marcos estaba adentro.

Llevaba un traje gris oscuro de corte impecable. El cuello blanco y ajustado de la camisa realzaba su definida mandíbula; bastaba con que estuviera parado ahí para que transmitiera una sensación de poder y calma.

Nerviosa, Noelia le apretó los hombros a Cecilia.

¿Por qué Marcos estaba ahí? ¿Acaso vivía también en ese edificio?

No, no debería. Aunque ese conjunto residencial fue en su momento una zona de nivel medio-alto, ya tenía algunos años y las instalaciones se veían algo viejas. Con la posición y el estatus actuales de Marcos, sin duda podría vivir en un lugar mucho mejor.

Los ojos de ambos se encontraron.

Marcos le echó un solo vistazo a Noelia y miró a otro lado enseguida, sin detenerse.

—Mamá, ¿entramos? —Cecilia alzó la cabeza para mirarla.

—Em... sí, entramos.

Noelia tomó a Cecilia de la mano y entró al ascensor. Aunque la cabina era amplia, empujó a propósito a Cecilia hacia el rincón más alejado de Marcos y usó su propio cuerpo para cubrirle la cara.

El ascensor bajó.

Los números cambiaban despacio; cada segundo se sentía tan largo como un siglo. Noelia trataba con todas sus fuerzas de no hacer ningún ruido, pero en realidad Marcos ni siquiera miraba a Cecilia.

Claro que no.

Él la detestaba a ella; ¿cómo iba a fijarse en su hija?

Justo cuando Noelia empezaba a relajarse, la pelota pequeña con la que Cecilia jugaba se le cayó de las manos y rodó hasta los pies de Marcos.

—¡Mamá, mi pelota! ¡Se cayó!

El corazón de Noelia se llenó de pánico. Justo lo que más temía.

Cecilia estiró la manita por entre el cuerpo de Noelia, intentando alcanzarla, pero no llegó. Marcos miró de reojo, se inclinó, recogió la pelota y se la devolvió a Cecilia. Cuando Noelia vio cómo la mano grande y la mano pequeña se rozaban, empezó a sudar.

¡Incluso la forma de las manos se parecía tanto!

—Gracias, señor —Cecilia le sonrió dulcemente a Marcos.

Marcos asintió, serio, casi de forma automática.

Cecilia parecía querer decir algo más, pero Noelia enseguida le tapó la boca con la mano. Cuando por fin llegaron a la planta baja; la campana del ascensor fue como música para sus oídos.

Marcos estaba parado al frente, pero como se dirigía al estacionamiento subterráneo, no se movió. Noelia abrazó a Cecilia y pasó por el lado de Marcos, saliendo del ascensor casi huyendo.

Las puertas se cerraron de nuevo y el ascensor continuó bajando. Cecilia miró hacia atrás y preguntó en voz baja:

—Mamá, ¿el señor que nos encontramos en el ascensor era una mala persona?

—Cecilia, ¿por qué preguntas eso?

—Porque estabas todo el tiempo tapándome... y tenías las manos llenas de sudor.

Solo entonces Noelia se dio cuenta de que su hija había notado lo tensa que estaba.

—No, Cecilia, el señor no es una mala persona. Pero es un desconocido. ¿Te acuerdas que te dije que con los desconocidos debemos mantener cierta distancia?

—Sí, pero si solo era un desconocido normal... ¿por qué estabas tan nerviosa?

—Porque... porque tenía miedo de que llegaras tarde. Vamos, vamos, si seguimos hablando vas a llegar tarde al jardín.

Cecilia se distrajo fácil.

—¡Vamos, no quiero llegar tarde! ¡Quiero llegar a tiempo!

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Comments (1)
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Nairelis Angomas Michelle
potente me encanta
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