Mag-log inToda la ilusión que Elena había logrado juntar se le vino abajo de golpe, como si le hubiera caído encima un balde de agua helada.Qué ridículo.¿Qué estaba esperando?Él le había dicho claramente que se había enamorado de otra mujer, y aun así ella seguía inventándose motivos ocultos, imaginando que había algo más detrás de todo.¿Acaso de verdad había tantas razones y secretos?En el fondo, era ella la que no podía soltarlo.Era ella la que se empeñaba en seguir encadenada al pasado.Elena no pudo quedarse allí ni un segundo más.Se dio la vuelta y se marchó.Justo en ese momento, Leonardo la vio de reojo desde el vestíbulo.—¡Elena!Leonardo salió tras ella a grandes pasos.Al oír su voz, Elena no se detuvo. Al contrario, aceleró el paso.Solo quería escapar cuanto antes de aquella situación tan incómoda.Leonardo la alcanzó en pocos pasos y se interpuso en su camino. La miró fijamente y preguntó:—¿Viniste a buscarme?Elena giró la cabeza para evitar su mirada.—No vine a buscarte.
Elena miró los ojos brillantes de su hijo y sintió que el corazón se le ablandaba.Sin importar cuántos conflictos hubiera entre los adultos, los niños eran inocentes. No quería que los problemas de los mayores se convirtieran en una carga para ellos ni afectaran su amistad.Le acarició la cabeza a Gael y respondió con voz suave y tranquila.—Claro que sí. Ustedes siempre han sido buenos amigos.Gael sonrió de inmediato. Se lanzó hacia ella y le abrazó el brazo con entusiasmo.—¡Sabía que mamá era la mejor! La verdad es que hoy ya estuve jugando con Arturo todo el día. ¡Se siente increíble tener de vuelta a mi mejor amigo!Al ver lo feliz que estaba Gael, Elena también se alegró por él.Sabía que, después de que Leonardo y Arturo se marcharan, Gael había estado triste en secreto durante mucho tiempo. Solo que, por miedo a hacerla sentir mal, se había comportado con madurez y nunca había dicho nada.Gael comenzó a hablar sin parar sobre Arturo, pero de pronto soltó un suspiro.Elena lo
Leonardo no obtuvo respuesta, pero siguió mirándola. Observó sus labios apretados mientras se concentraba, el leve temblor de sus pestañas y el cabello largo que caía junto a su cara.Cuando un mechón le rozó la piel, llevó consigo ese aroma suave y tan propio de Elena, que poco a poco llegó hasta su nariz.Ese aroma... hacía mucho que no lo sentía.Durante incontables noches, la había abrazado mientras contemplaba su rostro dormido y respiraba esa fragancia que tanto le traía paz.Sin embargo, desde que terminó con ella, ese aroma se había vuelto tan inalcanzable como un humo que se deshace entre los dedos.Ahora, por fin, había vuelto hasta él.Leonardo era como un ladrón codicioso que solo quería respirarlo una vez más, y luego otra.Al notar que de pronto se había quedado callado, Elena apartó un poco el hisopo y levantó la mirada.Sus ojos se encontraron.La mirada de Leonardo era profunda como una noche oscura, llena de un dolor y una lucha que ella no lograba comprender.La mira
Al oír la voz, Lorenzo miró instintivamente hacia la entrada.Era Leonardo.Estaba de pie junto a la puerta, muy erguido, con una presencia intimidante.Lorenzo se quedó desconcertado.Elena aprovechó ese instante. Sin dudarlo, reunió todas sus fuerzas, levantó el pie y le dio una fuerte patada en la entrepierna.—¡Ah...!Lorenzo soltó un grito de dolor y se encorvó de inmediato. El dolor casi le hizo perder el equilibrio.Mientras seguía aturdido, Elena se dio la vuelta y corrió hacia Leonardo.Humillado y furioso, Lorenzo tardó unos segundos en recuperarse. Luego, con los ojos enrojecidos, ignoró el dolor y fue tras ella para vengarse.Cuando intentó clavarle el vidrio a Elena, Leonardo levantó el brazo para bloquearlo y la protegió detrás de él.El vidrio afilado le cortó el brazo al instante. Sin embargo, la herida no afectó en absoluto sus movimientos.Actuó con rapidez y precisión. Aprovechando su ventaja física, lo inmovilizó con unos cuantos movimientos y redujo fácilmente a Lo
Al ver la frialdad en el rostro de Elena, Lorenzo moderó enseguida su entusiasmo y sonrió para disimular.—Señorita Elena, no me malinterprete. Estas flores son para felicitarla por la ampliación del hostal. Esta vez tampoco vine con otras intenciones. Simplemente creo que este lugar es tranquilo y adecuado para escribir, así que planeo quedarme una temporada.Elena sabía que sus intenciones no eran tan simples, pero tenía un negocio y todo huésped era un cliente. Mientras él no se propasara, tampoco podía echarlo sin más.Esbozó una sonrisa cortés y distante.—Si viene a hospedarse y escribir, naturalmente es bienvenido. Le pediré a la recepcionista que lo registre. ¿Quiere la misma habitación de antes?—Sí, la misma.—Está bien.Elsa registró a Lorenzo. Después de verlo subir, se acercó discretamente a Elena.—Elena, la forma en que ese hombre te mira es muy extraña. Me pone la piel de gallina. Ten mucho cuidado.Elena asintió.—No te preocupes, estaré atenta. Además, este es nuestro
El rostro de Leonardo se ensombreció.Elena ya había sacado el celular y le transfirió el dinero directamente.Después de pagar la comida, sacó de su bolso una tarjeta bancaria. La contraseña estaba escrita claramente sobre ella.Era la tarjeta que Leonardo le había dado como compensación el día en que terminaron. Además, también había puesto a su nombre la vieja casa que ella había convertido en hostal.—Te devuelvo esto —dijo Elena con calma—. No gasté ni un centavo del dinero de la cuenta. Además, deposité otros treinta mil dólares. Es el pago por tu vieja casa, calculado según el precio de mercado. Si no te parece suficiente, puedo agregar más.Leonardo no tomó la tarjeta.—No recupero lo que ya di.—Sé que eres generoso —dijo Elena, mirándolo con serenidad—. Pero lo nuestro fue de mutuo acuerdo. Aunque terminar de forma tan repentina no fue la mejor manera de hacerlo, en general tampoco salí perdiendo. Mi conciencia no me permite quedarme con tu dinero ni con tu casa.Leonardo tra







