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Ingrata

last update Veröffentlichungsdatum: 15.09.2026 19:11:48

No pude dormir en toda la noche, por la mañana me levanté muy temprano para prepararme un té, de pronto escuché que golpeaban la puerta con fuerza.

No hizo falta preguntar quién era, nadie golpea así una puerta a menos que esté furioso.

Al abrir, mi madre entró como una tormenta, detrás entraron mis hermanos.

—¿Qué has hecho? —soltó mi madre, mirándome con furia.

—Mamá…

—¿Qué has hecho, Zaira?

—¿De qué hablas?

—No me tomes por idiota, Dorian me llamó anoche, llorando, me dijo que lo dejaste. Qu
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  • Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado   Box número siete

    Pasé la mañana curándole la cara a Rask con gasas y alcohol, y Rael no se separó de mí ni un segundo.Si iba a la cocina, él iba a la cocina. Si subía por agua, subía detrás.—Rael, voy al baño.—Te espero afuera.—Está a diez pasos.—Pues son diez pasos.Desde la cama, Rask soltó una risa ronca.—Qué pegajoso eres, hombre.—Cállate y habla —dijo Rael— ¿dónde está la factura?Rask se quedó mirando el techo, y suspiró.—No está en Monza, mentí.—Ya lo sé.—Está aquí, en Valdoria, en el circuito de Vask Racing, en el box número siete.Rael se quedó helado.—¿En el circuito de Dorian?—Era mi box, debajo del banco de herramientas hay un panel suelto, y detrás, una bolsa de plástico, nadie busca nada en un box que lleva cuatro años cerrado.—Yo no puedo entrar —dijo Rael— tengo prohibido el paso en todas las instalaciones, si me ven, llaman a la policía.—Yo sí puedo —dije.Rael me miró.—No, de ningún modo.—Tengo la tarjeta de acceso que me dio Dorian el primer año, nunca me la quitó.—

  • Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado   Miedo a perderla

    Desperté por la mañana, sintiendo el brazo de Rael sobre mi cintura.Él ya estaba despierto, mirándome.—¿Cuánto tiempo llevas ahí?—Desde que empezaste a roncar —contestó con una sonrisa.—Yo no ronco.—Como un motor viejo, sin aceite.Le tiré la almohada, y se echó a reír, de una manera que no le había visto, se veía distinto, más ligero, como si se hubiera quitado un enorme peso de encima.Después de bañarnos, bajamos juntos, él puso agua a calentar en una cafetera vieja y yo revisé la alacena, solo había café, azúcar y dos latas.—Voy a la esquina por pan —dije.—Voy contigo.—Es la esquina, Rael.—Con más razón.Antes de abrir la puerta se asomó por la ventana, miró la calle a un lado, luego al otro, y luego otra vez al primero.—¿Me vas a poner un collar? —pregunté.—Mejor un casco.—Eres ridículo.—Lo sé —dijo, y me tomó la mano— perdóname, es que si te pasa algo…No terminó la frase.Lo miré, y dejé de sonreír.—¿Tienes miedo?—Sí —contestó sincero.—¿De qué?—De que llegue Do

  • Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado   Yo elijo

    El galpón tenía una sola habitación.Pasamos la tarde acomodando cajas y herramientas. Cuando terminamos eran más de las once, y estábamos tan cansados que apenas nos hablábamos.—Duerme en la cama —dijo Rael.—No voy a quitarte tu sitio.—No es mi sitio, es una cama, y yo me quedo en el sillón.—Rael...—No lo discutas, Zaira.Me tendió una manta, y bajó la escalera. Lo seguí un rato después, no podía dormir.Lo encontré sentado en el suelo, con la espalda contra la pared, mirando el coche, con una cerveza en la mano. Me senté a su lado, él sacó otra cerveza de una caja, la destapó y me la dio.Bebimos en silencio.—¿Te cuesta mucho? —pregunté.—¿Qué?—Estar aquí, con todo lo que pasó.Soltó una risa sarcástica.—Dorian siempre fue el favorito de mis padres.Lo miré.—Cuando él se caía de la bicicleta, mi madre cancelaba la cena, cuando yo me rompí el brazo en una carrera de karts, me preguntó si Dorian había comido.—Rael...—Siempre se trató de Dorian.Dio un trago largo.—El único

  • Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado   Su verdadera cara

    Rael llevaba tres horas al teléfono y no había conseguido nada, caminaba de un lado a otro del galpón, visiblemente desesperado.—Tomás, necesito que preguntes en el puerto, es una camioneta negra con vidrios oscuros, salió del Foso a las once y cuarto... sí, con un hombre adentro... gracias, avísame.Colgó y marcó otro número.—Marga, soy yo, ¿tus compañeros de la grúa vieron algo?... no... ¿seguro?... Está bien.Se pasó la mano por el pelo, le llevé un té, para que se tranquilizara, pero no quiso tomarlo.—Nadie vio nada —dijo— es como si se lo hubiera tragado la tierra.—Quizá Rask escapó.—No, Zaira, lo metieron en esa camioneta a la fuerza, y la prueba que tiene sigue en algún sitio, y si Dorian la encuentra primero, se acabó.—¿Y si lo hacen hablar?—Por eso necesito hallarlo antes —dijo, en voz baja— no quiero que le pase nada por mi culpa.La puerta se abrió y entró Vuk, con la cara seria.—Chico, tenemos que hablar.—¿Sabes algo de Rask?—Sé algo peor —se sentó en una caja de

  • Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado   La prueba

    Rael me pidió que lo acompañara a recoger su auto, yo me llevaría el auto gris de su amigo, para ya entregarlo, pero cuando llegamos al lugar, el Mustang no estaba.Rael bajó del auto, revisó el lugar, volteando hacia los lados, se veía confundido, bajé y me acerqué.—Aquí lo dejé, anoche —dijo.—¿Seguro?—Zaira, es mi coche.Un señor que barría la banqueta se nos quedó mirando.—Se lo llevó la grúa temprano, joven, escuché que un abogado dijo que era de una empresa.Rael le agradeció por la información, sunismo al auto, y nos dirigimos al corralón municipal, lo vi manejar con la mandíbula apretada, pero no dijo nada.En el corralón, el empleado tecleó en la computadora.—Mustang negro mate, ya fue retirado hace una hora, por su legítimo propietario.—El propietario soy yo.—Aquí dice otra cosa —giró la pantalla— Vask Racing, sociedad anónima.Rael se quedó helado.—Lo puse a nombre de la empresa hace años, cuando era el CEO, por los seguros, nunca lo cambié.—Pero lo pagó él —dije yo

  • Sombras del asfalto: La obsesión del CEO desterrado   La propuesta de Vuk

    Pasamos la madrugada vaciando el taller.Yo metía las herramientas en cajas, Rael las cargaba hasta la puerta, ninguno hablaba mucho. A las cinco de la mañana me dolían los brazos y tenía grasa hasta en el pelo, pero me daba igual, hacer algo con las manos era mejor que pensar en mi madre.Rael se acercó hasta un auto cubierto, quitó la lona despacio, debajo estaba el coche negro mate que había visto en el Foso la noche que lo conocí, no tenía logos de patrocinadores, tenía un golpe nuevo en el lateral que todavía no había arreglado.—Es el coche de la carrera —dije.—Lo construí yo, pieza por pieza, en cuatro años, lo que ganaba arreglando coches ajenos lo gastaba en este.—Es precioso.—En el Foso me sirve, pero para la Serie Meridian necesita homologación, un motor nuevo y una revisión que cuesta más de lo que tengo.Pasó la mano por el capó, con el mismo cuidado con que me había limpiado el pie la noche anterior.Y entendí que Dorian no le había quitado cuatro paredes. No dijimos

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