เข้าสู่ระบบAntes de que pueda protestar, estrello mis labios contra los suyos.Mi mano izquierda se envuelve con fuerza alrededor de su cuello, anclándome a él mientras mi mano derecha acaricia firmemente su verga a través del pantalón.Por un segundo, él se congela.—Señora Stockholm. —Su voz vacila.—¿Sí, padre? —Fugio un gemido.Él cierra los ojos por un momento, luchando visiblemente consigo mismo.—¿Estás segura de que tu marido y tus hijos no van a volver pronto? —pregunta en voz baja.Mmm. Está cediendo más rápido de lo que pensaba.—Sí, padre. No estaría andando por ahí desnuda si lo estuvieran.Luego, con un gruñido bajo y animal, su autocontrol se hace añicos.Sus grandes manos agarran ambos glúteos, tirando de mí con fiereza hacia él mientras devuelve el beso con un hambre desesperada.La habitación da un vuelco cuando nos empuja hacia atrás, guiándome a ciegas hacia la mesa del comedor, el mismo lugar donde suelo servirle la comida.El borde de la mesa de madera golpea la parte poste
~ Señora Stockholm ~Durante todo un mes, me mantengo alejada del sexo.El padre Romanus nos visita bastante a menudo ahora. Cada vez que cruza esa puerta, un impulso oscuro y perverso me grita que caiga de rodillas y se lo haga ahí mismo.Pero no lo hago.Hago el papel de la anfitriona perfecta.Como es vegano, le preparo comidas especiales: sobre todo verduras crujientes y carbohidratos ligeros.A veces, lo descubro mirándome como si quisiera terminar lo que casi empezamos hace un mes. Pero fingen que no me doy cuenta.El agudo bocinazo del coche del padre Romanus corta el silencio de la casa.Mi corazón da un vuelco repentino y violento.Corro hacia la puerta principal.En las últimas semanas, hemos caído en una rutina predecible. Él viene a vernos los lunes, cuando mi esposo y los niños están, y los jueves, cuando solo estamos los niños y yo.Pero hoy es miércoles.No hay absolutamente nadie en casa más que yo.Me quedo congelada junto a la puerta, escuchando el crujir de sus paso
~ Brock ~Exhalo una bocanada de aire profunda y exhausta, mirando fijamente al techo.—La esposa del catequista —murmuro.—Buen chico —susurra ella.La Sra. Stockholm, la mujer del catequista, se arrastra sobre mi pecho desnudo. Apoya la cabeza justo encima de mi corazón y su aliento cálido me hace cosquillas en la piel.Le paso los dedos por el pelo.Dios, cómo echaba de menos el tacto de una mujer. Ha sido un año entero de sábanas frías y vacías.El único problema es que ella no es mía.¿Que si me siento culpable? Ni un poquito.Llevo años codiciándola desde la distancia. Ahora está respirando plácidamente en mi cama, con un aspecto completamente inocente.Pero nadie en este maldito pueblo es inocente. Somos una comunidad de puñeteros pecadores.Y el catequista no es la excepción.Se ha estado follando a mi exmujer. Yo lo sé y él sabe que yo lo sé, pero nunca le vi sentido a un enfrentamiento inútil.La única forma real de cobrármela era atraer a su preciada esposa a mi cama.Resul
—¿Qué? —repito, esperando que no saque a relucir que me vio con el cura.—¿Qué es lo que no entiendes? —pregunta él.Paso de él con la mirada. —No te pones raro, Brock.Él levanta una ceja.—Vi algo que me gustó. A ti te gustó lo que pasó después. Fin de la historia.—¿Así que eso es todo?Me encojo de hombros.Me observa con desconfianza. —Si tú lo dices.Se baja del sofá grande y, sin decir una palabra, me agarra de las caderas y me da la vuelta.Antes de que pueda siquiera tomar aire, sus manos se enganchan alrededor de mi cintura. Me arranca de los cojines como si no pesara nada.Me lleva directo a su habitación. Todo se siente como una ráfaga hasta que su mano, de repente, me suelta una palmada en mi culo desnudo.¡Zas!El azote resuena en la habitación silenciosa.Un calor agudo y ardiente me sube por la columna, tan intenso que siento la vibración retumbar dentro de mi cabeza.Detesto que me azoten. Me degrada de una forma que me cuesta admitir.Pero me muerdo el labio y me tra
Se da la vuelta, dejándose llevar por el momento. Se quita primero la camiseta y luego los pantalones y la ropa interior.Cuando vuelve a girarse hacia mí, se me corta la respiración.Tiene un cuerpo impresionante. Impone bastante, la verdad.Me acerco, aprovechando la luz y haciendo como si fuera pura practicidad. —¿Cuándo fue la última vez que te afeitaste?Debería estar centrada en la irritación que quería que le examinara.En lugar de eso, mi atención no deja de desviarse a otra parte.Cada mirada hace que sea más difícil apartar los ojos.Lo quiero. Lo quiero entero. Quiero sentir su polla en mi boca. Quiero que me folle hasta perder el sentido.—La semana pasada —murmura, con una voz profunda y rasgada.Apago la luz y me encojo de hombros como si nada.—No es una infección. Es solo irritación del afeitado. Se curará sola, o puedes ponerte una crema calmante. Pero sinceramente, no te la toques.Él asiente y la tensión desaparece de sus hombros.—Gracias, Sra. Stockholm. —Echa man
~ Sra. Stockholm ~Odio los escándalos.Hace un rato en la iglesia, Brock parecía demasiado preocupado por uno. Sin duda montará un espectáculo si no me presento en su casa a recoger el libro de registros parroquiales.Y lo que es más importante, tengo que arreglar la mentira que dije. Además, Brock ya está en mi lista corta de hombres con los que pienso acostarme.Solo tengo que jugármela con cuidado. No quiero que mis insinuaciones parezcan un chantaje barato, pero tengo curiosidad real por él. Necesito saber exactamente por qué su esposa lo abandonó por un viejo.Antes de salir de casa, me aseguro de que Calista esté bien resguardada en su habitación, leyendo sus libros de texto.Mantengo la estricta rutina de revisar su librería, pero hoy no tengo tiempo de inspeccionar el resto de su cuarto antes de escurrirme fuera.En el jardín, Jason está trabajando junto a su padre. Están completamente absortos cuidando los pepinos. Agarro una cesta de mimbre y salgo a unírmeles.Suelo surtir







