FAZER LOGINLa noche hizo su arribo con un cielo despejado y una suave brisa. Iris acomodaba sus almohadas. El día había sido para ella emocionalmente lleno de recuerdos, la visita de Haida le había dado nostalgia, removiendo tantos recuerdos, y sí que los recuerdos eran una cascada de fragmentos.En la gaveta de su mesita de noche guardaba aquel pañuelo. El bordado era hermoso, unas flores entre ramas de bambú. Sonreía mientras pasaba la mano por el delicado relieve.—Buenos recuerdos, días que nunca regresaron.Apretó la prenda entre sus manos, colocándola contra su pecho. El llanto llegó, no quería que nadie la escuchara, que nadie se enterara de su dolor, de su corazón rasgado, de su alma conmocionada.Sintió pasos por el corredor acercándose a la habitación, secó rápidamente su rostro, tomando un libro de su mesa de noche. Abrió al azar, no era necesario buscar algo en concreto, solo no quería que Rob la viera llorar.La puerta se abrió con lentitud.—Querida, pensé que estabas dormida, no q
El cuarto estaba en penumbras, con la luz suave de una lámpara que iluminaba el rostro de Vilma. Estaba acostada en su cama, rodeada de fotos y cintas de video. Su ama de llaves, su esposo y su madre ingresaban en la habitación. La atmósfera se sentía triste. Vilma miraba un viejo álbum de fotos. El único ruido era su respiración serena.—Hija, vine a traerte unos pastelitos. Me quedaré hoy, ¿quieres que hagamos alguna actividad? Podemos salir a ver tiendas.—Estoy bien, mamá, no se preocupen… Solo quiero unos minutos a solas. Quería ver las viejas fotografías, de cuando eran bebés. Mi pequeña era traviesa, siempre iba por aquí y por allá, corriendo por los jardines y los pasillos de casa.—Querida, haré que en la cocina te preparen un exquisito almuerzo. Sería bueno que salgas a tomar el sol a la terraza.Su esposo daba instrucciones al ama de llaves para que preparara el plato favorito de la señora.—Suegra, me tengo que ir al almacén. Gracias por venir y hacerle compañía a Vilma. R
Rosy dio una última mirada al interior de la habitación. Las rosas rojas, aunque secas, seguían siendo bellas. Como los recuerdos y los lazos que, de cierta manera, no se perdían con la mudanza. Quedaban personas con las que había creado vínculos, amistad. Ella misma había vivido un proceso de cambios, interior y exterior. No era la misma Rosy frívola que había llegado a Victoria. Se veía más madura, más centrada, descubriendo un mundo de oportunidades. Quería tener sus propias metas, lograr sus sueños y no depender de los demás, especialmente a la hora de tomar decisiones.Al principio, su relación con Calvin había sido tormentosa. Choques, orgullo, silencios que dolían. Pero cuando ella empezó a decidir por sí misma, cuando dejó de reaccionar y empezó a elegir, todo dio un giro. Aprendió a poner límites, a hablar sin miedo y a escuchar sin defenderse. En Calvin tambien se diron cambios. Entendieron que quererse no era poseerse, sino acompañarse. Aunque ahora tomaba otro rumbo y se m
La luz tenue del comedor se encendió. Haida y su esposo conversaban sobre su regreso a casa. Después de celebrar y festejar Navidad, regresarían; Año Nuevo era ideal para visitar a la familia de su marido. Gary estuvo de acuerdo. Eran años sin reunirse ni disfrutar con sus hermanas y sobrinos.Rick y Fred estaban invitados por Madelin y Pamela a pasarla en casa del señor Leroy. Fred le había comentado a su madre que preparaban una gran recepción, y estaba feliz de poder compartir con sus amigas.Madelin y Pamela siempre habían sido especiales con Rick y Fred. Haida agradecía, desde el fondo de su corazón, ese hermoso gesto de parte de ellas. Nunca les hicieron desplantes a los chicos, nunca los hicieron sentir mal por ser dos jóvenes que se querían. Los aceptaron tal como eran, con un cariño sincero que Haida jamás olvidaría.Haida le preguntó a su marido sobre Iris.-¿Crees que ella aceptará algún día los sentimientos de su hijo?--Bueno, no es tanto si acepta los sentimientos, es má
Tras varios días de acomodar y revisar todo en casa, Rosy se preparaba para la mudanza. Calvin había aceptado, a regañadientes, visitar a Pamela; ella aprovecharía la ocasión para ir a casa de la señora Cori y despedirse. Había preparado un hermoso pastel clásico, rollos de queso, budín y una botella de vino envuelta en su estuche.Después de todo, la señora Cori no era tan mala persona: tenía esos comentarios mordaces, dichos que dejaban entrever su molestia, pero había que reconocerle que, a su manera, solía preocuparse por las personas que apreciaba. Cori rara vez dejaba aflorar sus sentimientos; esa actitud era respetable.Al salir de casa, Rosy atravesó la avenida. El sol resplandecía, la tarde era magnífica y ella se sentía feliz y animada. En unos días, posiblemente echaría de menos aquella pequeña y querida ciudad. Sonreía; sus pasos firmes no daban lugar a titubeos.Desde la acera echó una última mirada a la calle que la había visto tantas tardes: la sombra del viejo balcón d
Con el paso de los días, las cosas mejoraban notablemente; la relación entre Cori, Madelin y Pamela adquiría nuevos matices. Mientras tanto, en casa de Edna se preparaban luces, adornos, manteles y cortinas con motivos navideños. Brandon estaba feliz, pues por primera vez sus padres estarían de regreso para compartir con la familia.En casa de Leonard, sus padres se disponían a podar el jardín, cortar rosas y sembrar nuevos arbolitos. Todo marchaba a la perfección. Mientras observaba a sus padres, echaba un vistazo a las fotos de la nueva propiedad; aún quedaban algunos detalles de pintura y acabados por terminar. Una vez concluida la remodelación, daría una formidable reunión. Invitaría a sus padres, a Madelin, su familia y a los amigos en común. Había escuchado acerca de la señorita Kimi y su excelente habilidad en la cocina; era una chef reconocida, y su arte en la pastelería era la sensación del lugar. Sin duda, su madre estaría fascinada con la noticia.Solo esperaba que Mumi no







