Se connecterElise de Vigny a passé sa vie à jouer le rôle de la marionnette parfaite. Elle a bâti un empire champenois d'un milliard de dollars pour une famille qui l'avait enlevée lorsqu'elle était enfant, et est restée fidèle à un mari qui s'assurait systématiquement qu'elle ne puisse jamais avoir d'enfants. À sa mort, à l'âge de quarante-trois ans, elle laisse derrière elle un héritage bâti sur du sable et une sœur qui couchait avec son mari depuis toujours. Mais quand Elise ouvre les yeux, nous sommes en 1999. Elle a dix-sept ans, elle est radieuse et se tient au bord du précipice du gala de fiançailles qui a scellé son destin. Cette fois, elle ne jouera pas les martyres. Pour échapper à la cage des De Vigny, elle se tourne vers le seul homme qui ait jamais osé les défier : Raphaël Sauvage. Il était son bourreau au lycée, un rebelle marginal, et la seule personne dont l'âme n'était pas à vendre. Elise connaît l'avenir, elle sait qu'il deviendra un titan. Mais pourra-t-elle convaincre le garçon qui la « déteste » de devenir le bouclier dont elle a besoin pour réduire ses ennemis en cendres ?
Voir plus—Adrián.
Victoria estaba de pie en el comedor y llamó suavemente al hombre que se disponía a salir.
Adrián ya llevaba puesto el traje. Sostenía las llaves del auto con una mano, mientras la otra aún descansaba sobre la perilla de la puerta. Se volvió hacia ella con la misma expresión fría de siempre.
—¿Qué ocurre?
Victoria lo observó. Su mirada se posó en el ramo de rosas blancas que ocupaba el centro de la mesa y que ya comenzaba a marchitarse. Una sonrisa muy tenue apareció lentamente en sus labios.
—Ayer fue nuestro aniversario de bodas.
El silencio se prolongó durante dos segundos. Adrián no lo negó. Simplemente respondió en voz baja:
—Lo sé.
Esas dos palabras hicieron que el corazón de Victoria se contrajera con fuerza. Había pensado que él simplemente lo había olvidado.
Pero no era así. Adrián solo consideraba que no tenía importancia no haber regresado para acompañarla en un día como aquel. En ese momento, el teléfono comenzó a sonar. Adrián respondió casi de inmediato.
—Doctor Ramírez.
Victoria no supo qué dijeron al otro lado de la línea, pero la expresión tranquila de Adrián se tensó en un instante.
—¿Ya tienen los resultados? De acuerdo, iré enseguida.
Después de colgar, ni siquiera se detuvo a darle una explicación. Tomó su abrigo y se dispuso a marcharse.
Victoria lo miró y preguntó suavemente:
—¿Se trata de mi hermana?
Los pasos de Adrián se detuvieron por un instante.
—Sí. El médico dice que reaccionó a un nuevo estímulo. Tengo que ir.
Victoria permaneció en silencio durante unos segundos.
La noche anterior había esperado hasta la madrugada frente a una mesa llena de comida que terminó enfriándose. Esa mañana, él ni siquiera se había sentado para terminar el desayuno con ella.
Sin embargo, bastaba una llamada del hospital para que saliera corriendo sin pensarlo dos veces.
Tres años atrás, de no haber sido por aquel accidente, la mujer que habría terminado casándose con Adrián habría sido Fernanda, la hermana mayor de Victoria.
Fernanda era hermosa y sobresaliente. Desde pequeña había sido el orgullo de todos. Ella y Adrián eran considerados la pareja perfecta a los ojos de ambas familias. Su compromiso había sido acordado desde mucho tiempo atrás y todos los preparativos para la boda estaban listos.
Sin embargo, un antes de la ceremonia, Fernanda sufrió un accidente automovilístico. El grave daño neurológico la dejó en coma. Todos los planes se detuvieron aquel día.
Más adelante, para cumplir el acuerdo entre ambas familias, la madre de Adrián y sus padres propusieron una solución.
Victoria ocuparía el lugar de su hermana y se casaría en su lugar.
En aquel momento, nadie le preguntó si estaba de acuerdo. Todos pensaron que era la mejor manera de resolver el problema. Incluso Victoria, porque nadie sabía que llevaba muchos años enamorada de Adrián.
Ella creyó que, si lograba convertirse en su esposa, algún día él terminaría aceptándola. No importaba que al principio no existiera amor.
Pero después de tres años, finalmente comprendía la verdad.
Cuando el corazón de una persona ya le pertenece a alguien más, ni siquiera el matrimonio puede conseguir una sola palabra de amor. Finalmente, Victoria se hizo a un lado.
—Ten cuidado en el camino.
Adrián asintió y salió por la puerta. Victoria permaneció en el mismo lugar. No corrió detrás de él ni derramó una sola lágrima. Había vivido aquella escena demasiadas veces.
Aquel día tan especial para ella era solo uno más entre las muchas ocasiones en las que había ocurrido lo mismo.
Y mientras en el comedor todavía permanecía la cena de la noche anterior. Clara, una de las empleadas, se acercó y preguntó con cautela:
—Señora, ¿desea que retire todo?
Victoria no contestó.
Se acercó a la mesa, tomó la copa y movió suavemente el vino.
El aroma seguía allí pero, el hombre al que había esperado, no.
El día anterior habían cumplido tres años de casados. Por primera vez en mucho tiempo, Victoria había cocinado personalmente. Comenzó a preparar la cena desde la tarde y acudió a la florería para comprar las rosas blancas que tanto le gustaban a Adrián.
Incluso había preparado un regalo, había tardado una semana entera en elegir aquel par de gemelos plateados. Pensó que el tercer aniversario tendría que ser diferente de los dos anteriores.
Sin embargo, esperó desde las siete de la noche hasta la una de la madrugada y no recibió ninguna llamada, tampoco un mensaje.
Solo a medianoche escuchó el sonido de un automóvil apagándose frente a la residencia.
Creyó que Adrián finalmente había regresado. Bajó corriendo las escaleras sin siquiera ponerse los zapatos, pero encontró al hombre sentado en el sofá de la sala, agotado y con el olor característico del hospital impregnado en la ropa.
—Es demasiado tarde. Dormiré abajo —le dijo.
Victoria no tuvo oportunidad de pronunciar una sola palabra.
Tampoco alcanzó a recordarle que era su aniversario de bodas ahora sabía que él no lo había olvidado. Simplemente, no era importante.
Clara dejó escapar un suspiro.
—Señora, prepararé algo de desayunar para usted.
Victoria regresó a la realidad y asintió suavemente.
—Está bien.
Después volvió a su habitación.
El dormitorio principal era muy grande, pero durante los últimos tres años podían contarse con los dedos de una mano las noches que ambos habían compartido realmente la cama.
Porque cada vez que ocurría algo en el hospital, Adrián permanecía allí durante toda la noche.
En cambio, cuando Victoria se enfermaba o tenía fiebre, él nunca regresaba. Se limitaba a llamar al médico de la familia para que fuera a revisarla.
Nunca la había tratado mal.
Le había dado la mejor vida, todas las comodidades y una posición que cualquiera habría considerado envidiable.
Victoria se miró en el espejo.
Vio a una mujer vestida con elegancia, de expresión serena y completamente sola.
Era la esposa de Adrián Montenegro.
A los ojos de todos, había tenido la suerte de casarse con él.
Pero Victoria conocía la verdad.
Su matrimonio había durado tres años, pero para Adrián aquella relación nunca había comenzado realmente.
ELISE DE VIGNYLe vent glacial de l’hiver semblait soudain s’être complètement éteint. Le brouhaha de la rue animée, les klaxons des voitures et les conversations de la foule s’étaient tous estompés.Julien se tenait planté en plein milieu du trottoir, nous barrant le passage, l’air parfaitement détendu, mais avec un sourire sombre et tordu sur le visage. Son regard parcourait lentement mon corps de haut en bas, me donnant la chair de poule tant il m’inspirait un dégoût profond.« Tu vas quelque part ? » demanda-t-il à nouveau. Mon cœur se mit à battre si fort que j’en avais mal à la poitrine. Raphaël n’hésita pas une seule seconde. Il lâcha immédiatement ma main et fit un grand pas en avant, plaçant toute sa grande silhouette devant moi. Il empêchait complètement Julien de me regarder.« Écarte-toi, Julien », avertit Raphaël. Sa voix était grave, profonde et empreinte d’une colère dangereuse.Julien se contenta de rire. Il fit un pas lent vers moi, sans regarder Raphaël du tout. Il
ELISE DE VIGNYJ’ai fait un pas lent vers l’intérieur de la salle d’audience, les yeux rivés sur le dos tendu de Raphaël. Je me demandais ce qui avait bien pu mal tourner et s’il y avait quelque chose que je pouvais faire pour y remédier.J’ai emprunté l’allée centrale, mon manteau toujours entièrement fermé pour me protéger du froid. J’ai marché aussi discrètement que possible jusqu’à atteindre le banc situé juste derrière Raphaël et Luc. Je me suis lentement glissée sur le siège vide.Raphaël se figea immédiatement, comme s’il sentait ma présence derrière lui.Il tourna rapidement la tête, les yeux écarquillés de surprise. La colère et la frustration qui se lisaient sur son visage s’évanouirent l’espace d’une seconde. Un immense soulagement se lut sur ses traits lorsqu’il me vit assise là, saine et sauve, loin de la maison fermée à clé de mon père.« Elise », murmura Raphaël d’une voix à peine audible. Il s’adossa au banc, réduisant la distance qui nous séparait. « Tu as vraiment réu
ELISE DE VIGNYJe fixai son visage narquois et répugnant. Je le regardai droit dans les yeux et laissai échapper un petit rire glacial.Le sourire arrogant de Julien s’évanouit aussitôt. Il fronça les sourcils, perplexe. « Qu’est-ce qui te fait rire ? »« C’est toi », répondis-je d’une voix parfaitement posée et empreinte de pitié. « Tu es vraiment hilarant, Julien. »Le visage de Julien s’assombrit. Il fit un pas menaçant vers moi, essayant de se servir de sa grande taille pour m’intimider. « Surveille ton langage, Élise. »« Sinon quoi ? » le provoquai-je en penchant légèrement la tête. Je ne bougeai pas d’un pouce. « Tu crois que me menacer te donne l’air puissant ? Ça ne fait que te donner l’air faible. Tu es tellement obsédé par Raphaël que tu essaies littéralement de lui voler sa vie. Mais quoi que tu fasses, tu ne seras jamais, jamais comme lui. »« Je suis meilleur que lui ! » cracha Julien, la voix haussée par la colère.« Tu n’es qu’une ombre pathétique », lui dis-je en le r
ELISE DE VIGNYAssise à mon bureau, je mangeais lentement le repas que la femme de chambre m’avait apporté une heure plus tôt. Ce n’était qu’une simple assiette de pain, du fromage à pâte dure et un bol de soupe.Je pris une bouchée de pain et la mâchai lentement ; j’avais besoin de reprendre des forces. Je devais rester en bonne santé physique et garder l’esprit parfaitement vif si je voulais survivre dans cette maison. Je n’allais pas les laisser me briser. Soudain, j’entendis des pas dans le couloir. Ils s’arrêtèrent juste devant la porte de ma chambre. Le verrou cliqua bruyamment, la poignée tourna et la porte s’ouvrit.Ma mère entra dans la pièce, referma la porte derrière elle et croisa immédiatement les bras sur sa poitrine. Elle regarda mon assiette à moitié vide, et un rictus méprisant et dégoûté se dessina sur son visage.« En fait, je pensais que tu ne mangerais pas en ce moment », a-t-elle dit. « Je pensais que tu te priverais de nourriture. Je m’attendais à entrer ici et
ELISE DE VIGNYLe silence qui suivit la gifle fut plus pesant que la gifle elle-même. Je restai simplement là, debout, à fixer le sol du hall d'entrée, observant un grain de poussière se poser près de la pointe de ma basket en toile.« Tu crois que c'est un jeu, Elise ? » La voix de mon père trembl
ELISE DE VIGNY« Je ne serais pas montée sur ton tas de ferraille rouillé si tu ne l'avais pas garé devant moi », rétorquai-je en m'éloignant de lui. « Rouillé ? » ricana Raphaël en tapotant affectueusement le réservoir d'essence. « C'est une Ducati 916. C'est un chef-d'œuvre italien, alors ne réé
ELISE DE VIGNYLa première chose que je ressentis fut un halètement violent et saccadé qui déchira ma gorge, forçant l'air à pénétrer dans mes poumons. Je me redressai brusquement, les mains sur la poitrine, les doigts agrippés au tissu, m'attendant à sentir la chaleur humide et collante du sang, m
ELISE DE VIGNYL'Hôpital américain de Paris était censé être un lieu de guérison, mais pour moi, c'était plutôt une prison.La pluie fouettait les vitres renforcées de la suite VIP. Allongée, parfaitement immobile, j'écoutais le bip-sifflement-bip rythmique des moniteurs qui avaient été ma seule co


















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