Share

Capítulo 5

Author: Victoria Lázaro
Al regresar a la habitación, el mayordomo, que antes tenía esa actitud seca y distante, de inmediato ordenó que prepararan el agua para el baño de la emperatriz.

Apartó a Valeria de un empujón sutil, y con una sonrisa enorme le habló a Serafina:

—¡Mi señora! Después de tantos años, el emperador no había mostrado interés en ninguna otra mujer, además de Amparo. ¡Usted ha sido la primera!

Valeria, parada a un lado, lo miró con desprecio.

Antes no había sido tan servicial. ¡Qué falso era!

En el palacio, el lugar de una mujer dependía del emperador. Si no le importabas, ni siendo emperatriz te respetaban.

El mayordomo seguía hablando, pero Serafina ya no lo escuchaba.

Con voz firme dijo:

—Lárguense todos. Solo Valeria se puede quedar.

***

Cuando quedaron solas, Valeria preguntó con cautela:

—Mi señora, que el emperador venga esta noche… bueno, puede ser algo bueno...

—Pero, ¿no cree que esto puede causar problemas con Amparo?

—Su madre insistió mucho en que no se metiera en problemas, y menos con ella...

Serafina la interrumpió de golpe, con una voz cortante y los ojos encendidos:

—¿También le dijeron eso a Beatriz?

Ella no pensaba igual.

Su maestro le había enseñado a devolver favores y vengarse si hacía falta.

Su madre, en cambio, se aferraba a las normas de la familia Ruiz: perfección, obediencia, reputación intachable.

Beatriz le había escrito varias veces, contándole que envidiaba su libertad. Que no quería ser emperatriz.

Y ahora que lo pensaba, si Beatriz hubiese entrado al palacio… ¿Cómo habría sobrevivido?

Valeria, una de las pocas que conocía quién era Serafina en realidad, se acercó y cerró la ventana.

—¡Mi señora! ¡Cuidado! Aquí las paredes tienen oídos. Por favor, no diga eso.

Serafina respondió con total calma:

—Están lejos. No nos pueden oír.

Había aprendido a detectar cualquier presencia. Si no tuviera esa habilidad, jamás habría sobrevivido en la guerra ni en sus misiones.

Fue al grano:

—Esta noche no fui al palacio de las Nubes solo a dejar un remedio. Fui a revisar cómo están protegidos.

Valeria se tensó.

—¿Protegidos? ¿Mi señora, qué quiere hacer?

Serafina respondió sin rodeos:

—Quiero matarla con mis propias manos.

—¡¿Qué cosas dices?! —Valeria se tapó la boca al instante para no gritar.

¡Quería asesinar a Amparo!

Después de unos segundos, respiró hondo y trató de convencerla:

—Ni se le ocurra, mi señora… ¡Es demasiado peligroso!

Serafina asintió, seria:

—Lo sé. La seguridad del palacio de las Nubes es estrictísima. Incluso hay trampas en el techo. No he visto aún por dónde entrar. Pero tengo que regresar varias veces, y tomar nota de los lugares.

Valeria tragó saliva.

—Pero su madre dijo...

Serafina la detuvo con una mirada:

—Hay cosas que es mejor dejar atrás.

—¡Mi señora! ¡No quise decir eso!

Serafina la miró directo a los ojos:

—No te voy a obligar.

—Si quieres vengar a Beatriz, haz lo que yo digo.

—Si no puedes, finge que no escuchaste nada. Pero si me traicionas, te mato.

Ella podía aceptar que alguien no la ayudara. Lo que no perdonaba era la traición.

Valeria comenzó a sudar. Estaba temblando.

Pero en su mente apareció la sonrisa de Beatriz.

Cerró los ojos, respiró hondo y dijo:

—Mi señora, Beatriz me trató como una hermana. Verla morir me destrozó. Si puedo hacer algo por ella, lo haré.

Serafina desvió la mirada. Tenía la expresión tranquila, como un lago en calma.

—Ya diste tu palabra, ahora no hay marcha atrás.

Valeria se sintió más firme, pero planteó otra duda:

—Mi señora… si esta noche pasa algo, el emperador sabrá que usted es pura. Amparo lo notará y sospechará. ¿Qué hacemos?

Serafina ni se inmutó:

—El emperador nunca revelaría algo tan íntimo. No expondría a su emperatriz frente a su favorita, para evitar celos.

—Y aunque lo dijera, Amparo no lo creería. Pensaría que lo dice por orgullo, o tal vez lo manipulamos.

—Además, si investigara mucho, sería como decir que no confía en el emperador. No lo va a hacer.

Valeria seguía dudando:

—Pero antes de la boda, Amparo...

Serafina la cortó:

—Antes, yo no era emperatriz. Ahora nadie me puede tocar un pelo.

Valeria lo entendió:

—Entonces, no me importa si el emperador viene.

Esperaron.

Pasó el tiempo.

Y el emperador nunca apareció.

Serafina, vestida con una túnica de seda roja, se sentó al borde de la cama. No cambió la expresión.

—No vendrá. Mejor vamos a dormir.

—Bueno, mi señora.

Valeria estaba furiosa. ¡El emperador ni siquiera cumplía su palabra!

Pero Serafina, acostumbrada a lo impredecible, se durmió sin problema.

...

Ya entrada la noche, de pronto alguien cayó sobre ella.

Respiración agitada. Manos bruscas. Alguien intentaba quitarle el cinturón.

Serafina se despertó al instante y sacó el puñal que tenía escondido bajo la almohada...

De la nada, una mano le sujetó la muñeca en la oscuridad.

Iba a apuñalarlo cuando una voz ronca y dura dijo:

—¿Mi emperatriz quiere matar al emperador?
Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 797

    Claudio no quería guardarse ciertas palabras. Quería saber la respuesta exacta.Miró fijamente a Serafina y preguntó:—Entre Silvano y yo, ¿a quién amas más? —Frente a él puedes ser gentil, ¿por qué conmigo eres tan distante? —Serafina, nunca me has dicho las cosas que le dijiste a Silvano.Recordó que las palabras más tiernas que le había dicho eran solo que le gustaba.En ese momento, con solo esa frase, estaba satisfecho.Pero ahora quería más. Desesperadamente quería saber que lo amaba, que no podía estar sin él.Claudio se quejó de mucho. Serafina preguntó:—¿Qué le dije a Silvano?¿Cómo sabía él cosas que ella ni siquiera recordaba?Claudio dijo con seriedad:—Lo llamabas "querido".El ceño de Serafina se frunció cada vez más.Finalmente, explicó con seriedad:—Tú y él son diferentes. Tú eres el emperador. —No puedo llamarte de manera tan ligera.Antes de casarse, podía ser un poco descarada ocasionalmente. Ahora era la emperatriz, debía recordar su posición.Las reglas no p

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 796

    Los días felices siempre eran breves.El tercer día después de la boda, Claudio tuvo que asistir a la audiencia en la corte.Antes, siempre se despertaba a tiempo sin descuidarse.Pero ahora, con Serafina a su lado, le daba pena levantarse.Anoche habían descansado en el Palacio de la Concordia. Cuando Claudio abrió los ojos, instintivamente buscó abrazar a la persona a su lado, pero no tocó nada.Se sobresaltó, se levantó de inmediato y levantó la manta.—¿Dónde está la emperatriz?Décimo estaba atendiendo en la sala exterior. Al escuchar el ruido, se acercó de inmediato para informar:—Su Majestad, Su Alteza se levantó antes del amanecer. —¡Está afuera entrenando!Esto lo había conmocionado profundamente.Realmente, una emperatriz proveniente de un campamento militar, se levantaba incluso más temprano que el emperador.Claudio sabía que tenía el hábito de levantarse temprano para entrenar, pero no sabía que fuera tan temprano.Afuera del salón, Serafina, vestida con ropa casual, e

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 795

    Marcela agarró los barrotes de la celda con ambas manos. A diferencia de otros prisioneros, su postura era extremadamente seductora, enroscada en la puerta como una serpiente.Emitió una risa baja hacia Lucio.—Te gusta el emperador, ¿verdad?La mirada de Lucio cambió.Marcela se tapó los labios con una mano y se rio.—¡Ay! ¿Adiviné?¿Realmente pensó que era tonta?Estos días en la Ciudad Imperial, ya lo había investigado.Todos estos años, no había hombres sospechosos a su lado, pero a menudo pasaba tiempo con Claudio. A menudo salían a montar a caballo.Visto así, ¿su persona amada no era Claudio?Al escuchar su risa, Lucio solo sentía una maliciosa burla en ella.No podía soportarlo y se dio la vuelta para irse.Marcela rápidamente lo detuvo.—¡Eh! ¡Espera! ¿Por qué te enojaste? ¿Estás avergonzado?—¿Quieres que difunda esto por ti?Apenas terminó de hablar, Lucio se volvió abruptamente, agarró su cuello a través de los barrotes de la celda y dijo con voz amenazante:—Te aconsejo

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 794

    Salón Imperial de Lectura.Lucio presentó la confesión de Yara.Claudio echó un vistazo, su mirada se detuvo en las palabras "Reino Noriano".Los ojos de Lucio estaban inyectados de sangre y habló sin prisa:—Su Majestad, según Yara, ella es del Reino Noriano. —En ese entonces, recibió órdenes de asesinar al difunto emperador para causar disturbios en Nanquí.—Y ahora Noriano la envió de nuevo a asesinarle.Claudio leyó la confesión varias veces.—¿Crees que es creíble lo que dice?Su tono era serio y frío.Lucio respondió con franqueza:—Fue severamente torturada, debería ser la verdad.—Pero si esta persona es una espía, su identidad no debería ser ordinaria.—No sé cuánto creerle.—Pero el hecho de que el difunto emperador fuera asesinado por ella sea verdad.—Revisé los registros médicos del difunto emperador cuando estaba vivo. —Coinciden con el tiempo y los síntomas del envenenamiento.La mirada de Claudio era helada.—Ya que ha confesado todo, no es necesario mantenerla con vi

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 793

    Claudio siempre recordaría el año en que cumplió seis años, el día del cumpleaños de su madre.Esa noche, el difunto emperador vino a ver a su madre. Dolores estaba muy feliz, preparando personalmente la cena desde temprano para esperar al difunto emperador.Una sirvienta lo sacó, diciendo con una sonrisa:—Su madre lo acompañará esta noche, es mejor que se vaya a dormir temprano.Él entendió el significado de sus palabras. Su madre recuperaría el favor. Así, la vida de su madre mejoraría de nuevo.También esperaba que su madre se reconciliara con su padre, para que su madre no estuviera triste todo el día.—Recuerdo que esa noche, la luna era hermosa.La voz de Claudio estaba ligeramente ronca. —El difunto emperador estaba cansado, se fue a descansar a la cama. —Mi madre, preocupada de que estuviera borracho, fue personalmente a preparar una medicina para la resaca. —Cuando regresó, vio al difunto emperador acostándose con esa sirvienta...Serafina levantó la mano para abrazarlo

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 792

    Serafina, por el momento, no dijo mucho. Solo le dijo a Claudio:—Mi maestra regresará a Géldoria.Claudio asumió que estaban tristes por la separación.Abrazó el hombro de Serafina y le dijo a Leticia:—Puedes estar tranquila. —Serafina se casó conmigo, no dejaré que sufra ninguna injusticia. —Si quiere visitarlos, no la detendré. —Tú también puedes venir a verla en cualquier momento.Por supuesto, solo Leticia podía hacer eso.Lorenzo defendía la frontera y no podía abandonar su puesto.Leticia bajó la cabeza:—Gracias, Su Majestad. Así, podré irme tranquila.Justo era hora de cenar, Claudio propuso:—Quédate a cenar, como despedida.Leticia miró a Serafina y negó con la cabeza.—No es necesario. —Su Majestad y Su Alteza acaban de casarse, no los molestaré.***Después de que Leticia se fuera, los sirvientes sirvieron la comida.Tanto Serafina como Claudio tenían sus propios pensamientos. Pues durante la cena, ambos, en silencio, no hablaron.Y después de la cena, ambos hablaro

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 40

    Amparo se detuvo, y sus ojos se clavaron en la figura sentada en el asiento principal.Serafina mantenía su expresión tranquila, pero por alguna razón, Amparo sintió un escalofrío.Con lentitud, Serafina habló:—El emperador empezó a ayudarle a otras concubinas, y los familiares del harén dejaron de

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 29

    A medianoche, en el palacio de la Corona.¡Fiu!Una flecha silbó en el aire, clavándose en el marco de la puerta del salón.De inmediato, los guardias reaccionaron.—¡Otro asesino!En el salón de adentro.Claudio llevaba solo una bata de dormir, con el cabello suelto sobre los hombros.—¿Qué pasa? —

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 35

    Ya entrada la noche, los guardias afuera llevaban rato esperando y no se escuchaba ni un ruido en el salón.Sin una orden directa del emperador, ninguno se atrevía a moverse.De repente, después de más de media hora en absoluto silencio, una figura salió disparada por la ventana.¡Era la asesina!Ib

  • Venganza en la Corte de Jade   Capítulo 50

    —¿La emperatriz está cuestionando mi juicio? —la mirada de Claudio se tornó amenazante.La emperatriz lo miró con una furia inmensa.¿Este era el soberano al que ella y miles de soldados juraron lealtad?No sólo era un tirano, ¡sino también un necio!Entonces, habló con voz firme que resonó en todo

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status