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Capítulo 7

Yanis Sombra
El rostro de Salomé se contrajo aún más de rabia. Señaló a Milena con el dedo.

—¡Desvergonzada! ¡Todavía no te divorcias y ya te conseguiste a otro! Con razón te atreves a contestarme así. ¡Esto no se va a quedar así!

Se marchó hecha una furia.

Pablo miró a Milena con expresión seria.

—¿Qué está pasando con tu matrimonio?

—Firmé un contrato que me obliga a mantenerlo en secreto. Si no, tengo que pagar una fortuna. Ya estoy tramitando el divorcio.

Pablo era muy perspicaz. Recordó las extrañas reacciones de Kevin aquella mañana y bajó la voz.

—¿No me digas que tu esposo es Kevin?

Milena no lo confirmó ni lo negó.

De todos modos, a Pablo le bastaría con investigar un poco sobre la familia de Kevin para encontrar la respuesta.

De vuelta en la empresa, no tardó en averiguarlo todo.

Entró en la oficina de Milena, todavía asombrado.

—¿Kevin no es el presidente de una empresa que cotiza en bolsa? Se supone que tendría que hacer público su estado civil.

—Firmamos un acuerdo prenupcial y yo no tengo acciones de su empresa. Por favor, no se lo digas a nadie.

Pablo asintió.

—Entonces, cuando me dijiste que tu esposo no te dejaba trabajar, ¿era cierto?

Le preocupaba que hubiera renunciado voluntariamente a su carrera por amor.

Milena volvió a asentir.

—Sí. Le gustaba que yo fuera su sirvienta.

Pablo seguía sin asimilarlo.

—Entonces Alondra, la que vino hoy, ¿es su amante?

Milena respondió con calma:

—Sí. Ella fue su primer amor. Pienso irme y dejarlos estar juntos.

Pablo necesitaba tiempo para digerirlo todo.

Al notar su expresión, Milena le dijo:

—Ahora que sabes lo de Kevin y yo, si tenerme aquí te causa problemas, puedo renunciar.

Él respondió con serenidad:

—Por ahora, puedo protegerte. No les tengas miedo.

—Gracias.

***

Después de la bofetada, Salomé había ido a Grupo Escobar en busca de Kevin.

Lo encontró absorto en el trabajo.

Joel jugaba con bloques en su oficina y Alondra leía, sentada a un lado.

Los tres parecían una familia feliz.

Al ver a un niño tan parecido a Kevin, Salomé se llenó de alegría.

Lo tomó en brazos.

—¿Y tú de quién eres, precioso?

Alondra se levantó.

—Joel es hijo de Kevin y mío.

Aunque Alondra venía de una familia acomodada, su madre había sido la amante de un hombre casado y terminó convirtiéndose en su esposa.

Por eso Salomé siempre la había menospreciado.

A sus ojos, era incluso peor que Milena.

Por lo menos Milena no tenía una familia tan complicada, contaba con una excelente preparación y era hermosa.

Salomé jamás habría imaginado que Kevin, que siempre se había negado a tener hijos con Milena, ya tuviera con Alondra un hijo así de grande.

Estaba claro que Kevin no quería a Milena.

Ahora Salomé por fin podría desquitarse con ella.

Le pidió a Alondra que saliera con Joel.

—Tengo que hablar con Kevin.

Él dijo:

—Alondra puede quedarse. No tengo secretos para ella.

Salomé puso los ojos en blanco.

—Mírame la cara. El hombre con el que anda Milena me pegó. Y ella anda diciendo que te moriste.

La expresión de Kevin cambió ligeramente.

—Dime dónde los encontraste. Voy a pedir las grabaciones.

Salomé le envió la ubicación.

Kevin la revisó y frunció ligeramente el ceño.

No cualquiera conseguía una mesa en ese restaurante.

Llamó a su asistente, Zacarías.

—Te acabo de mandar la ubicación de un restaurante. Consigue las grabaciones de las cámaras de seguridad. Quiero saber qué hizo Milena al mediodía.

Zacarías se puso a trabajar.

Salomé estaba encantada.

Ahora sí, Milena y ese hombre se las iban a pagar.

Volvió a abrazar a Joel y lo examinó con atención.

¡Era idéntico a Kevin de pequeño!

Le hizo muchas preguntas.

Tenía poco más de dos años y ya era muy despierto, lo cual la sorprendió.

Había elegido a Milena como esposa de Kevin por su belleza e inteligencia.

Tres años después, el matrimonio se venía abajo.

Ella preguntó sin rodeos:

—Kevin, ¿por qué no reconoces públicamente a Joel como tu hijo? Que todos sepan que forma parte de la familia Escobar.

A Alondra se le subió el corazón a la garganta.

—Tengo mis planes —respondió Kevin con indiferencia.

Salomé no entendía.

—Te pedí que tuvieras un hijo con Milena y no quisiste. Ahora tienes a Joel y tampoco quieres divorciarte de ella. ¿Qué pretendes?

—No te metas en mis asuntos —replicó él con frialdad.

Alondra comenzó a llorar, dolida.

Salomé ni siquiera intentó consolarla.

Kevin tenía muy mal gusto para las mujeres.

En eso, no se comparaba con Salomé.

La grabación del restaurante llegó enseguida a la computadora de Kevin.

La vio sin cambiar de expresión y luego se volvió hacia Salomé.

—No vuelvas a ponerle una mano encima.

Ella se quedó boquiabierta.

—¡Me agredieron! ¿Y en lugar de ir a reclamarle a Milena, me regañas a mí? ¡Tú...!

Quiso decirle a Kevin que estaba mal de la cabeza, pero él acababa de recuperarse del cáncer cerebral.

No podía insultarlo de esa manera.

La expresión de Kevin se endureció.

—Tú empezaste.

Salomé quiso seguir protestando, pero bastó una mirada de él para que se marchara.

***

Lo primero que hizo Milena al volver a la empresa fue pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad.

Casualmente, había desaparecido justo la parte en la que Alondra decía ser la novia de Kevin.

—¿Vino alguien? —le preguntó al encargado de vigilancia.

—Nadie.

Milena se desanimó.

Reunir pruebas de la infidelidad de Kevin no iba a ser fácil.

La hinchazón de su mejilla tardó tres horas en bajar.

Inés estuvo un buen rato lamentándose por ella e insultando a Salomé.

—Déjalo. Bloqueé a toda la familia Escobar.

***

Esa noche, Pablo invitó a Milena a una reunión privada.

Ella casi nunca salía y se sintió insegura.

—Ni siquiera tengo un vestido de fiesta. ¿No voy a desentonar?

—Es un grupo de aficionados a la tecnología que se reúne a conversar. Te va a encantar. No necesitas un vestido. Así como estás, vas bien.

Milena llevaba una camiseta blanca y jeans.

No estaba maquillada. Se veía sencilla y hermosa.

Al oírlo, guardó enseguida la computadora en su bolsa y se fue con él.

Sin embargo, no pudo evitar poner los ojos en blanco cuando vio llegar a Kevin con Alondra.

Llevaba una camisa hecha a la medida y unas mancuernillas de diamantes que brillaban bajo la luz.

Tenía los hombros anchos y la cintura firme.

El pantalón de vestir negro realzaba su figura atlética y la curva de sus glúteos.

Alondra parecía lista para una alfombra roja: vestido de diseñador, maquillaje y peinado impecables.

Cualquiera habría pensado que eran pareja.

Ella presumió:

—Kevin me compró el vestido. Hasta eligió una corbata del mismo tono. Siempre piensa en todos los detalles conmigo.

En tres años, Kevin nunca había acompañado a Milena a comprar ropa.

Las palabras de Alondra volvieron a herirla.

Tras presumir el vestido, Alondra le lanzó una mirada desafiante.

Milena ni siquiera los miró.

Fingiendo calma, respondió:

—Entonces, ¿por qué no le dices que se case contigo de una vez? ¿Es que no quiere o no puede? ¿Será porque ya está casado?

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