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Un Deseo Incontrolable

Author: Dark Moon
last update publish date: 2026-06-20 14:47:48

Vanessa se mordió el labio presa del pánico. Dios, acababan de darle una segunda oportunidad en la vida y ahora probablemente regresaría al mismísimo Hades una vez más. Sus ojos recorrieron al hombre extremadamente atractivo que tenía enfrente; calculó que tendría poco más de cuarenta años, pero se veía mucho más ardiente y sexy que cualquier tipo en sus veintitantos.

¡Era un maldito prostituto!

Los ojos de Vanessa se abrieron de par en par al detallar su aspecto rudo y masculino. De pronto, reaccionó y regresó a la realidad, tartamudeando:

—Lo siento, pensé que este era mi auto y...

Mientras balbuceaba con la mirada clavada en sus ojos, Vanessa sintió que las piernas le temblaban y que el corazón le latía con fuerza. La mirada intensa de aquel hombre parecía traspasarla por completo.

Finalmente, los ojos de Vanessa se posaron en la mejilla de él y su rostro reflejó culpabilidad. Había dejado que la rabia la dominara y ahora le había causado una herida a alguien.

—Lo lamento tanto, señor... Se lastimó por mi culpa...

—No pasa nada... siempre y cuando no sea a mí a quien quieras asesinar —se burló él con una risita, sin apartar los ojos de Vanessa.

Sawyer Campbell jamás pensó que su primer encuentro al regresar terminaría con un corte en la mejilla, causado por una mujer visiblemente dolida. De alguna manera, no podía dejar de mirar su hermoso rostro y sus labios carnosos.

Ella no paraba de mordérselos con nerviosismo, provocándole unas ganas intensas de probarlos también.

—Parece que sí necesito un médico —dijo Sawyer con voz baja y ronca—. Menos mal que ya estoy en el hospital.

Vanessa sonrió, y a Sawyer se le dio un vuelco el corazón.

Mordiéndose el labio, se acercó a él pero manteniendo cierta distancia. Su aura era demasiado intimidante y, al mismo tiempo, extrañamente seductora.

—Eh... ¿quizás pueda ayudarte...?

—¿Ah, sí? —preguntó él, mirando con curiosidad el rostro preocupado de Vanessa.

—Sé que ahora mismo soy un desastre, pero soy doctora —dijo ella—. Déjame curarte.

—Está bien —respondió él con un tono autoritario—. Cúrame.

Sawyer observó cómo Vanessa sacaba un botiquín de primeros auxilios de su bolso y comenzaba a curar su herida. Sus manos se movían con precisión, y él no pudo evitar notar la forma en que sus ojos brillaban bajo la tenue luz.

Definitivamente era perfecta en lo que hacía. La mirada de Sawyer recorrió el cuerpo de una concentrada Vanessa mientras disfrutaba de cada roce sobre su piel.

Sin embargo, en cuanto Vanessa terminó de vendar la herida, Sawyer sintió una punzada de decepción. No quería que ella dejara de tocarlo.

Quería más...

Una intensa oleada de deseo lo invadió y, antes de darse cuenta, la estaba atrayendo hacia sí, pegándola a su cuerpo con las manos firmes en su cintura.

Sus miradas se cruzaron y los labios de Vanessa se entreabrieron sutilmente. Se sentía irremediablemente atraída hacia él; hacia ese extraño que acababa de conocer. ¿Sería por la traición de Justin o por su propio deseo sexual que aún seguía insatisfecho?

Como si Sawyer pudiera leerle el pensamiento, se inclinó hasta quedar con los labios a escasos centímetros de los de ella.

—Confía en mí —susurró—. Estas manos nacieron para el quirófano. Y para algo más...

—¿Para... algo más...? —tartamudeó Vanessa, intentando contener su lujuria, aunque fracasando miserablemente.

—Algo más... como esto —jadeó Sawyer cerca de su oído mientras le susurraba suavemente, apretando con fuerza su diminuta cintura.

Eso fue todo lo que Vanessa necesitó escuchar para mandar al demonio cualquier cosa que Justin le hubiera dicho. Por muy extraño que Sawyer fuera para ella, sentía una atracción sexual magnética e irresistible.

Lo quería.

No, lo necesitaba. Ahora mismo.

Los ojos de Vanessa destellaron y se arrojó sobre él, rodeándole el cuello con los brazos para besarlo salvajemente. El mundo de Sawyer se desvaneció mientras profundizaba el beso, devorándola y pegándola aún más a él.

Cuando finalmente se separaron para tomar aire, jadeando con fuerza, Sawyer sonrió.

—Puedes irte a casa y seguir pensando en el imbécil que te hizo enfurecer, o... —dijo, con esa voz baja y cargada de erotismo.

—¿O qué? —Su respiración agitada la delataba por completo, dejándola vulnerable.

—O... puedes venirte conmigo a mi casa.

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