Zoraida valoraba mucho la amistad con Inés, pero, frente a un espectáculo tan jugoso que no costaba ni un centavo, sabía que si se iba, luego se iba a arrepentir.Además, Estela y Mariana, esas dos mujeres malvadas, habían sido las que más habían perjudicado a Inés en el pasado. Como buena amiga, ¿qué podría ser más importante ahora que vengarla?Entonces, sin pensarlo más, Zoraida empujó a Elías, que estaba completamente sorprendido, y corrió hacia donde estaba todo el lío.—¡Ay, Dios! ¿Quiénes son esas dos perras? ¿No son las famosas Estela y Mariana, que siempre se jactan de ser la señora Altamirano y la señorita Altamirano? ¿Cómo es que ahora están así? ¿El mayordomo les arregló las maletas y las echó de la casa? ¿Están jugando a un nuevo juego?—Ah, y especialmente tú, Mariana, ¿no eras tú la que le robaste a Inés a un tal Emiliano? Aquel hombre que decías que te amaba locamente, ¿por qué ahora estás tirada en el suelo y ni siquiera se digna a mirarte? No me digas que Emiliano te
Read more