El sol del atardecer comenzaba a esconderse tras las colinas de Hangzhou, tiñendo el horizonte con destellos dorados y violetas. En el solárium, la brisa fresca entraba suavemente por los ventanales semiabiertos, haciendo oscilar las cortinas de lino blanco.Amelia abrió los ojos lentamente. Por primera vez en semanas, la pesadez aplastante en su pecho había desaparecido, reemplazada por una sensación de calidez serena y ligereza. El olor a sándalo aún permanecía en el ambiente. Al incorporarse despacio sobre el diván de teca, notó que no había lágrimas en sus mejillas ni nudos en su garganta; el trance de sanación con la Maestra Lin le había devuelto el dominio de su propio cuerpo.Luca, que permanecía sentado en un sillón cercano observándola en silencio, se puso de pie al verla moverse y caminó hacia ella.—Come ti senti, amore mio? (¿Cómo te sientes, mi amor?) —preguntó Luca en un susurro tierno, sentándose a su lado y tomándole las manos.Amelia miró a su esposo
آخر تحديث : 2026-09-18 اقرأ المزيد