Enseguida fue a la habitación de al lado, tocó la puerta y al mismo tiempo envió un mensaje por el celular: “¡Santiago, soy yo, abre! ¡Ya tengo noticias!”De paso le reenvió el video a Santiago.Pero Santiago no estaba en su habitación.La respuesta, sin embargo, llegó rápido: le marcó.—Oli, ¿de dónde sacaste ese video?—¡Alguien me lo mandó, piden tres millones de dólares! —dijo Olivia con urgencia—. ¡Santiago, ¿dónde estás?! ¿No estás en tu cuarto? ¡Voy a ir a la policía ahora mismo!—Escúchame, Oli, ahora estoy afuera atendiendo algo, ya recibí el video, déjamelo a mí. También puedes ir a la policía, el señor Quiroga va en camino a recogerte, llegará pronto, espéralo en tu habitación. —Santiago le explicó todo de forma clara y directa—. ¡Oli, voy a traer de vuelta a la abuelita, confía en mí!Olivia solo respondió un “bueno” y se quedó esperando a que Lorenzo fuera por ella.Él llegó muy rápido; como Santiago ya le había dado instrucciones de antemano, sin decir una palabra más lle
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