No era que se estuviera burlando de él. Rafael estaba en muy buena forma, y de eso Sergio Villalobos podía dar fe. Durante sus tres años en el extranjero, sus jornadas de trabajo fueron intensas, de más de diez horas seguidas.Reuniones con clientes, negociaciones de alianzas, comidas y copas de compromiso.Parecía no cansarse nunca; en menos de medio año fuera del país, ya se había hecho un nombre en el mundo de las finanzas. Tres años después, era el nuevo magnate de las finanzas, elogiado dentro y fuera del país, con una capacidad de trabajo descomunal, una visión y unas estrategias de inversión que obligaban a rendirse ante él.—Es muy amable de su parte, señorita Torres. —Rafael mantenía un trato cortés, con la mirada insondable.Bianca sabía leer el ambiente; entendió que esos dos querían estar a solas y le hizo una seña con los ojos a Sergio.Sergio captó el mensaje. Al pasar junto a ella, se detuvo de pronto, levantó la mano para tomar las asas de la silla de ruedas y la empuj
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