Para ella, estaba loco. Alexis, muerto de vergüenza, agachó un poco la cabeza y cerró los puños a los costados para contenerse.—Rafael, solo me preocupaba tu herida; vine a verte, y ya.Vanessa adivinó que esta visita no era tan sencilla y recogió el plato y el termo de comida.—Hablen ustedes, salgo un momento.—Ten cuidado, no te alejes demasiado.Rafael se lo pidió con dulzura, ignorando la presencia de Alexis. Vanessa bajó la mirada y asintió. Sabía muy bien que esa frase no era para provocar a Alexis aprovechando que estaba ahí, sino porque se preocupaba por ella.Cuando salió, Vanessa le ordenó a Ricardo que se quedara vigilando. Lo pensó un poco y, todavía inquieta, agregó:—Cuando alguien está acorralado, es capaz de cualquier cosa; mantente atento.Ricardo entendió.—Está bien, señora, quédese tranquila, yo me quedo vigilando aquí.Solo entonces Vanessa se quedó tranquila y se dirigió al otro extremo del pasillo.Dentro de la habitación, Alexis se quedó a los pies de la cama,
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