Rafael bajó la cabeza y sostuvo su mirada; tenía la cara tensa, aunque sonreía con ternura.—Mi pequeña Vanessa, mientras estés bien, todo está bien. Te dije que iba a protegerte.—Señorita… el señor Cisneros…Daniel señalaba la espalda de Rafael, con la cara desencajada por el espanto. Al ver a Daniel así, Vanessa sintió una sacudida de miedo. Sintió que el peso de Rafael se le venía encima poco a poco.Quiso abrazarlo, pero tenía las manos atadas a la espalda. Mirando su cara pálida, le dijo con angustia:—Rafael, di algo. ¿Qué te pasa?Rafael intentó sonreír, pero los párpados le pesaban y apenas parpadeó.—Yo, no…No terminó la frase. Se desplomó sobre Vanessa. Ella no aguantó el peso y los dos cayeron juntos al suelo. Rafael quedó boca abajo; Vanessa cayó de costado.Sin reparar en el dolor del golpe, giró la cabeza enseguida para mirarlo, y entonces vio la navaja clavada en su espalda.La hoja estaba hundida, manchada de sangre, y la tela del traje se oscurecía aún más.En la mir
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