Pamela, entre sollozos, apretó con fuerza la mano de Victoria y perdió el control nuevamente:—¿Por qué? ¿Por qué los Fernández y los Silva pueden pisotearnos así, sin ningún reparo? —¿Por qué Melisa tuvo el descaro de exigirle dinero a los Suárez, pero no te dio nada a ti? —Victoria, tienes razón, ¡no podemos seguir aguantando! —La dignidad, la educación, la reputación familiar... ¡todo eso es una basura! —Frente a esa basura, mantener las formas es la mayor crueldad contra nosotras mismas.Pamela se levantó de golpe. Por efecto del alcohol, su cuerpo se bamboleó ligeramente, pero su mirada reflejaba una determinación nunca antes vista:—De ahora en adelante, juntas, haremos que paguen. —Lograremos que toda Ciudad Haye sepa cómo los Silva y los Fernández llevan a la gente a la locura. —Los destruiremos, ¡haremos que se arrepientan de haber nacido!Victoria estaba contagiada por su emoción, se puso de pie también. Levantó su copa y la chocó con fuerza contra la de Pamela:—Tien
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