Daniel se volvió hacia Hugo con las manos temblorosas y preguntó con voz ronca:—¿Ya lo sabías?Hugo soltó una risa fría, arrojó los documentos al suelo y lo miró con total desdén:—Daniel, si yo lo sabía o no, no es lo importante.—Lo importante es que elegiste creer en la mentira, no en la verdad.—Elegiste proteger a los mentirosos, ¡no a tu esposa ni a tu hija!—¡Este desenlace te lo buscaste tú mismo!Daniel se quedó petrificado.Clavó la mirada en Hugo durante largo rato, pero ya no supo qué decir.Los murmullos en el salón iban y venían.Aquellas palabras hirientes hacían que el rostro de Daniel cambiara sin cesar.Melisa ya estaba tirada a un lado, fingía estar desmayada para escapar de aquella situación insostenible.Lara, Elisa y Valeria, al ver que las cosas se ponían feas, intentaron escabullirse aprovechando el caos.Pero apenas dieron unos pasos, las señoras, que estaban exaltadas, las acorralaron contra la pared.La reputación que los Fernández y los Silva habían manteni
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