El camino de regreso a la mansión fue largo y desgastante. Soren y yo avanzamos a paso firme entre los árboles, manteniéndonos en las sombras para no llamar la atención de ninguna patrulla enemiga. Mi corazón latía desbocado, no solo por el esfuerzo físico, sino por el peso constante de la criatura que llevaba pegada a mi pecho, envuelta en mi capa gruesa para protegerla del viento helado.A mitad del trayecto, la bebé empezó a moverse incómoda. Soltó un llanto corto y débil, tiritando de frío. Sintió mi calor y empezó a hurgar desesperadamente con la cabeza contra mi cuello hasta encontrar la tela de mi camiseta, buscando con urgencia comida mientras pequeñas lágrimas humedecían sus mejillas.Me detuve un segundo tras un tronco ancho, apretándola contra mi para calmar su inquietud. Soren se giró al instante, con la mano en la empuñadura de su daga y la mirada alerta recorriendo la penumbra.—¿Qué pasa? —preguntó en un susurro grave.—Tiene hambre, Soren. Está colapsando —dije sin dud
Última atualização : 2026-09-25 Ler mais