—Cuándo nos divorciemos, lo decidiré yo.Sus palabras, dirigidas a Natalia, eran tajantes y no admitían réplica.Ni siquiera Joaquín esperaba esa respuesta. Iba a decir algo, pero Hugo lo interrumpió:—Abuelo, tengo mis razones.Dicho esto, subió las escaleras sin mirar atrás.Joaquín miró a Natalia. Si los Fernández fueran una familia común, una nuera tan obediente y sensata como Natalia podría haber servido.Pero...—Dedícale más atención a Hugo, mímalo más, sé más cariñosa con él. Antes lo hacías bien, le cocinabas, le lavabas la ropa, siempre pendiente de él. ¿Qué te pasa estos días? ¿Por qué te has vuelto tan necia? ¿Es por Valentina? ¿Tan celosa estás? A ningún hombre le gusta una mujer celosa, y menos a Hugo con el carácter que tiene.Ya le había dicho que la dejaría divorciarse, ella sabía de la existencia de Valentina, y aun así le pedía que se esforzara por Hugo.—Señor, ¿para qué sirve todo esto? —Natalia no pudo evitar preguntar.Lo hacía por la supuesta armonía familiar; s
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