Gabriel dormía profundamente en el sillón de la esquina, con la cabeza ladeada sobre un cojín doblado. Tenía las mangas de la camisa remangadas y los ojos hinchados por el cansancio de los últimos días.De pronto, un sacudón suave desde el interior de mi vientre me hizo contener el aliento. Fue una presión pequeña, precisa, justo debajo del ombligo.—Gabriel... —llamé en un susurro, temiendo que la sensación se borrara.No se movió. El cansancio lo tenía completamente noqueado.—Gabriel, despierte... —insistí, elevando un poco más la voz a pesar de la molestia en la garganta.Él dio un brinco en el sillón, abriendo los ojos de golpe. Se puso de pie en un segundo, mirando desorientado la pantalla del monitor.—¿Qué pasó? ¿Te duele algo? ¿Llamo a la enfermera? —preguntó alterado, tropezando con el borde de la cama.—No, no llames a nadie —dije, tomándole la mano—. Ven aquí. Acerca tu mano.—Elena, estás pálida, ¿qué sientes?—Que vengas, terco
Last Updated : 2026-10-24 Read more