CRISTINA SANTIAGOMiranda echó la cabeza hacia atrás y… empezó a carcajearse. A carcajearse de verdad, como si acabara de escuchar el chiste del siglo. Ese tipo de risa estridente que raspa los oídos y te dan ganas de ponerte algodón solo para no sufrir.— ¡Aaaah, DIOS MÍO! ¡Esa estuvo buenísima! —se inclinó un poco hacia adelante, sujetándose el vientre, como si aquello fuera lo más gracioso del universo—. ¿Tu… tu prometida?! —me señaló, casi atragantándose con su propia risa—. Ethan, de verdad eres hilarante.Puse los ojos en blanco y crucé los brazos.— Disculpa, querida, ¿puedes decirme dónde está la gracia? Me encantaría reírme también, ya que ahora mismo estoy de muy mal humor.Ni siquiera me escuchó, seguía riéndose, hasta que dio unas palmaditas.— ¡Dios mío, Ethan! —jadeó, limpiándose una lágrima falsa que corría por el rabillo del ojo—. Debes estar tan, pero tan dolido conmigo, que inventaste esta historia solo para provocarme. ¿Una prometida como esta? —me señaló de arriba
Last Updated : 2026-09-22 Read more