Recuerdo la primera vez que lo vi anunciado en un programa de mano y pensé que seguía la tradición familiar de grandes intérpretes; mi impresión fue la de alguien joven al que le interesa la historia del montaje teatral. Empezó como tantos: con formación académica en interpretación, donde trabajó la dicción, el texto y la presencia escénica; esa base le abrió puertas en compañías reconocidas del circuito británico.
Más adelante, desde mi punto de vista más práctico, su entrada al mundo profesional se produjo interpretando roles en obras tanto clásicas como contemporáneas. Fue escalando desde papeles pequeños hasta otros protagonistas, y esa progresión habla de constancia. Trabajar con compañías de repertorio, donde se repasa a Shakespeare y otros dramaturgos, le dio el pulso que hoy se nota en cada interpretación. Además, esa etapa teatral le ofreció la oportunidad de probar distintos registros —drama, comedia, tragedia— y de aprender a sostener personajes noche tras noche.
Para cerrar, yo lo veo como un ejemplo de carrera construida
paso a paso: formación sólida, experiencia en escena y una transición natural al cine y la tele cuando ya tenía el oficio probado. Esa trayectoria me parece
inspiradora para cualquiera que quiera aprender el arte teatral desde sus bases.