No puedo evitar pensar en la calidez que irradia Gandalf cada vez que aparece en pantalla; esa primera imagen me
pega al corazón y luego se queda en la memoria.
He visto a Ian McKellen en ambos papeles montones de veces y, sinceramente, su Gandalf me parece una mezcla perfecta de sabiduría y ternura. En «
el señor de los anillos» él usa la voz como si fuera una manta: arropa, advierte, consuela. La postura, los silencios y esa mirada que transmite años de historias convierten al
mago en alguien más grande que el propio actor, y eso es mérito de su trabajo. Además, la épica del mundo y la dirección le dieron momentos para brillar con gestos amplios y monólogos que quedaron grabados.
No obstante, también veo su Magneto con respeto: es frío, contenido, y lleno de convicciones peligrosas. Pero si tengo que elegir cuál interpretación me hace vibrar más por emoción pura y por crear un icono cultural, me quedo con Gandalf. Me hace creer en la historia y me llena de nostalgia cada vez que la banda sonora sube y él entra en escena.