Recuerdo con cariño una entrevista en la que Kristen Dunst habló sobre cómo se preparó para «
maría antonieta» y me quedé fascinado por su enfoque práctico y emocional. Ella comentó que, más que convertirse en una enciclopedia ambulante sobre la historia, quiso encontrar la verdad interior del personaje: la juventud, la
soledad y la desconexión del mundo real. Mencionó que trabajó muy de cerca con la directora para fijar el tono, y que muchas decisiones vinieron de esa colaboración íntima, no de manuales históricos.
Además, Dunst habló claro sobre el impacto físico de vestirse para el papel: los trajes, las pelucas y los zapatos no eran sólo vestuario, también moldeaban su postura y movimientos. Contó cómo el corsé y los vestidos la obligaron a moverse de otra forma, lo que le ayudó a encarnar a una princesa rodeada de protocolo. También comentó que la música y el ritmo de las escenas influyeron en su interpretación; al ser una película con aire contemporáneo, muchas veces se intentó transmitir sensaciones más que reproducir hechos al pie de la letra.
En lo personal, me gusta que su preparación mezclara investigación con intuición: no se trató de recitar datos, sino de sentir la soledad de una joven en un palacio. Esa mezcla de método y corazón es lo que, creo, le dio a «María Antonieta» su aire tan particular y por eso su interpretación se siente tan cercana y humana.