Me encanta recordar cómo internet se transformó durante los años
2000: fue una explosión de plataformas y maneras nuevas de conectar. Yo viví esa época entrando a «MySpace» para ajustar mi perfil con música y una foto, probando «Friendster» y luego quedándome en shock cuando apareció «Facebook» y cambió la forma en que compartíamos fotos y estados. También recuerdo pasar horas en blogs: «LiveJournal», «Blogger» y luego «WordPress» fueron la base de comunidades literarias, personales y nichos rarísimos que no existían antes.
Al mismo tiempo, la
cultura del contenido creado por usuarios se
volvió mainstream. Surgieron «YouTube» y los vlogs, los primeros memes virales como el «rickroll», las lolcats y los videos que pasaban de persona a persona. En lo técnico, el advenimiento de AJAX y el concepto de Web 2.0 permitió interfaces más interactivas, y servicios como «Flickr» o «Delicious» cambiaron cómo archivábamos y compartíamos cosas online.
Todo eso —las redes sociales, los blogs, los memes, el video viral y los foros tipo «4chan»— creó una sensación nueva: cualquiera podía publicar y alcanzar a miles. Me parece increíble cómo esa mezcla de cultura, tecnología y comunidad sigue marcando lo que somos hoy: usuarios que esperan ser también creadores.