Mohini
En la reunión de compañeros, cuando regresé de comprarle los cigarrillos a mi novio, mi mejor amiga ya había ocupado mi asiento.
Habían retirado mi copa y mi plato y los habían sustituido por otros, sin dejar rastro de que había estado allí.
Cuando me vio volver, Valentina Ríos hizo ademán de levantarse, pero Emiliano Mendoza la empujó para que volviera a sentarse y dijo:
—Total, no entiende nada de nuestros casos. Solo está aquí de relleno.
Los demás no se atrevieron a decir nada. Todos sabían que por aquel entonces, había ocurrido algo grave en mi familia y tuve que dejar los estudios a medias.
En la universidad, ellos eran los "compañeros perfectos" de la facultad de Derecho y resolvieron juntos muchísimos casos complicados.
Después de graduarse, ambos entraron en los mejores despachos, mientras que yo solo era la "secretaria" que había conseguido el puesto gracias a los contactos de mi novio.
Me quedé clavada en el sitio.
Apenas tomó los cigarrillos que le había comprado y volvió a ordenarme, como si nada:
—Valentina quiere un café, ve y tráele uno.
Lo dijo sin mirarme siquiera, y giró la cabeza para seguir charlando animadamente.
En medio de tanta charla y risas, de repente me sentí cansada.
A aquella persona que antes había querido alcanzar a toda costa, ya no quería seguirle los pasos.