LA OBSESIÓN DEL EMPERADOR
En el momento en que los ojos del emperador le prometieron la felicidad, Samia decidió que todos esos malos recuerdos eran solo parte de una pesadilla provocada por el miedo al incierto futuro, y a la terrible noche pasada con un hombre ebrio.
Esa noche, por primera vez, se sintió plena entre los brazos de su marido, quien la amó con cuidado, con ternura y con mucho amor, así que lo dejó entrar, no solo en su cuerpo, también en su corazón, prometiéndole también hacer todo por hacerlo feliz.
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