Lo que él diga
Es usted… es un… un.
Para su desgracia, sintió como poco a poco se le fue cerrando la garganta y como sus palabras fueron fallando hasta quedar en un torpe silencio lleno de palabras no dichas, molestas e irritadas. Con un enfado que solo pudo terminar en su oratoria con una exclamación ahogada de fastidio y cerrando ambos puños frente a su rostro, antes de dejar caer los brazos. Incluso un sollozo se hizo paso en sus labios y se detestó un poco más, por llorar frente a él. Nunca se le habían dado bien las discusiones. Era demasiado emocional y, muchas veces, las lágrimas de irritación y rabia se interponían en lo que iba a decir. Sabía que aquello no la hacía una persona débil, solo demasia