Abrazo de Verano
Después del SAT, me topo con una publicación en internet, en la que alguien pregunta: «Si pudieras volver a elegir, ¿qué carrera escogerías esta vez?»
Sin perder tiempo, miro los comentarios los cuales están repletos de personas que desearían haber elegido otra carrera, cada una cargando con sus propios arrepentimientos.
Sin embargo, hay una respuesta que destaca entre todas las demás:
«Yo elegiría Literatura. Así, él y yo no nos habríamos perdido los cuatro años que debimos pasar juntos por culpa de ese lastre indeseado».
Suelto una risita y estoy a punto de seguir deslizando la pantalla cuando, de repente, me fijo en la foto de perfil y el nombre de usuario. Son idénticos a los de Winter Andersen, mi amor de la infancia.
Entro en el perfil y compruebo que todo coincide a la perfección con su cuenta actual, salvo por un detalle: la edad que aparece es diez años mayor.
Siento que el corazón se me hunde hasta el estómago, cuando comprendo que esta tiene que ser su cuenta en el futuro.
Con razón soy el único que celebra cuando nos admiten en la misma carrera. Con razón ella se queda ausente durante tanto tiempo después de ver a mi mejor amigo, Simon Brown, recibir su carta de admisión del Departamento de Literatura.
Resulta que yo soy ese lastre indeseado, el responsable de tantos de sus arrepentimientos y decepciones.
«Si es así», pienso, mientras en silencio le doy a «aceptar» en la oferta de admisión escrita por completo en un idioma extranjero.
Con esto, pretendo poner fin a este error con diez años de anticipación.