Bota y Rebota La Suegra
—Yerno, puedes ser más brusco...
Era de madrugada. La mujer madura, desnuda, puesta en cuatro sobre la cama, volteó a verme mientras empujaba sin parar ese trasero redondo hacia atrás. Sus labios carnosos se entreabrían, y esa mirada perdida de deseo era capaz de derretir a cualquiera.
Un día antes, ni en sueños habría imaginado que tendría a mi voluptuosa suegra sometida debajo de mí...