LA TRAICIÓN QUE NOS UNE
No supo qué decir, no supo qué pensar, no tuvo más consciencia que esa que, entretenida, se reducía a tan solo un recuadro que las encerraba a las dos en una tétrica realidad.
Pudo haberle dicho "eso es mentira, no te creo" o cualquier otra cosa, pero los vio a ellos dos en el lecho, los olió y hasta los fotografió el mismo día que se firmó el divorcio, como si hubiese entregado a su exesposo en bandeja de plata. Comprendió perfecto que su supuesto engaño, ese que retrataron unas evidencias de hace dos años, fue la razón del destape de otras verdades como la de una amante que tarde o temprano vería la luz.