LAS SALVATORE
—esta vez devoró sus labios mientras toco sus glúteos y eso parece prenderla mucho más, sus gemidos han aumentado y frotó mi miembro en su centro.
—¡ahh! ¡Sí! — Adriano Vannucci es mi nombre, ¡me encargaré de que no lo olvides nunca! Con mis manos tomé fuertemente sus glúteos y la acerqué a mí para frotar nuestros sexos.
—¡Adriano! — cuando la pequeña, Salvatore, pronunció mi nombre, perdí la noción del tiempo, literalmente olvidé donde nos encontrábamos y juré amar cada Rincón de su cuerpo…