La muñeca de Bratva
—inquiero señalando con mi barbilla al hombre que acompaña a Yasha—, no me digas que no escuchaste ni viste nada, porque no te creo, sé que estabas espiando.
Sasha se aclara la garganta, un poco avergonzado y después de un breve silencio habla con prisa, como si lo estuviese correteando el mismísimo diablo.
—Se llama Pietro Berlusconi, es un mafioso de la zona, no tan importante como lo fue Lombardi, pero tiene negocios con otros capos influyentes de la zona.
—¿Incluida esa mujer?
—Sí, incluida Yelizaveta Belucci y su esposo.