El día que murió Scarlett Moretti
La noche antes de mi boda, descubrí que estaba embarazada.
Esa misma noche, descubrí que mi prometido ya había elegido a otra mujer para que le diera su primer hijo.
Adrian DeLuca, heredero de un imperio de la mafia y el hombre que una vez juró que yo era la única mujer a la que amaría, volvió a casa con el perfume de ella impregnado en la ropa y me dijo, como si fuera lo más normal del mundo, que no era más que un acuerdo médico. La viuda de su amigo fallecido necesitaba un heredero y, después de que yo no lograra darle uno tras sesenta y seis rondas de fecundación in vitro, decidió que esa era la mejor solución para todos.
No dije nada.
Lo dejé continuar con los preparativos de la boda. Dejé que creyera que caminaría hacia el altar y me convertiría en la señora DeLuca.
Pero mientras él planeaba nuestra boda, yo planeaba mi desaparición.
El día de nuestra boda, la mansión abriría sus puertas. Los invitados llegarían. La ceremonia comenzaría. Pero la novia a la que Adrian DeLuca traicionó moriría en ese lugar.
Para cuando él descubriera la verdad, que todo ese tiempo yo había estado embarazada de su hijo, yo ya me habría marchado bajo un nuevo nombre, llevándome a su heredero a un sitio donde jamás pudiera encontrarnos.