Cruzando Destinos
Entró por la puerta y caminó hasta donde estaba la recepcionista.
—Disculpe —le dijo y la mujer la miró con fastidio.
—Si viene a la reunión de alcohólicos anónimos ya empezó hace más de una hora —le contestó limándose una uña.
—No, lo siento, venía a preguntar por el programa CERBERO tienen varias oficinas aquí —la mujer la miró de pies a cabeza mientras mascaba su chicle.
—Señorita, estas oficinas son de alquiler, cada mes cambian del arrendatario, y no, aquí no existe ninguna oficina a nombre de ese programa —Elisa se cruzó de brazos.