Me llaman mucho la atención los momentos en que un perito forense sube al estrado y tiene que poner palabras sencillas a ciencia que suele ser técnica. Yo he visto suficientes audiencias para saber que sí: la forense está allí para explicar los resultados forenses al juez y al jurado, pero su trabajo no es hacer juicios morales ni decidir culpabilidades. Normalmente trae un informe escrito, resume cómo se recogieron las pruebas, qué métodos se emplearon y qué limitaciones existen —por ejemplo, tasas de error, posibilidades de contaminación o incertidumbres estadísticas— y lo hace tratando de que gente sin formación pueda entenderlo.
En el estrado también responde preguntas del fiscal y de la defensa; ahí la claridad es clave porque cualquiera puede poner en duda la metodología o la cadena de custodia. Además, su testimonio suele diferenciar entre hechos observados (esto es sangre con cierto perfil genético) y opiniones expertas (esto podría implicar una coincidencia de perfil), y en muchos sistemas hay reglas sobre qué tipo de opiniones puede dar.
Al final, lo que más valoro es cuando la forense consigue ser rigurosa y honesta sobre lo que la ciencia puede y no puede decir: eso ayuda mucho a que el tribunal tome decisiones informadas sin confundir evidencia con certeza absoluta.