Luxuria
La música que suena es sensual y casi me caigo de bruces al ver que parece un prostíbulo.
Al centro hay una enorme plataforma de cristal, en la que bailan ocho mujeres morenas, con solo una tanga, sus movimientos son bruscos, irreales, se mueven como expertas y les restriegan el trasero a los hombres vejetes que levantan las manos mostrando fajos de dinero. Advierto en cuanto me dirigen hacia unas escaleras de cristal de las que cada escalón es iluminado por una luz azul neón chillante, que del techo cuelgan varias jaulas con chicas menores de edad, bailando como posesas, unas masturbándose, y otras berreando como animales salvajes al tiempo que sus espectadores se divierten con ellas.