La esposa consentida del jefe De Falco
Antes que sea demasiado tarde”- pude decir a duras penas, mientras sentía como mi fuego interior, y ese deseo incontrolable por poseer a mi mujer esa noche, me ahogaba, ni siquiera podía mirarla, o todo mi autocontrol saltaría por los aires.
No podía permitirme ceder a mis deseos, no si antes no hablábamos, nos sin que Coorah supiera quien era yo realmente, tomarla, sin ser sincero, sería como burlarme de ella.
Intenté imprimir algo de cordura a las necesidades que ella había despertado en mí, no recordaba haber deseado tanto a una mujer, como deseaba, en ese momento, a la futura señora De Falco, ni sentir tanto dolor, al tratar de controlar ese deseo, hasta el punto de que me era imposible